miércoles, 25 de julio de 2012

Banderitas de colores

Alguien me quitó la cualidad de escribir sin más, sin propósito concreto, sin necesidad incluso de lectores. A lo mejor ya no tengo nada que decir, y eso sea todo. Que voy a escribir cuando no ocurre nada.
Bueno, puedo contar algo: es verano, hace calor, estoy en un lugar con playas, y detesto profundamente vivir en un mundo donde todo parece salido (de modo muy cutre) de un anuncio malo de cerveza aún peor.
¿ Veis lo que quiero decir? No soy capaz más que de redactar un par de líneas con trasfondo de adolescente mimada y foto en sepia. Si yo sólo quería tomarme un café contigo, o una caña, y que me contases tus dramas para que pudiera compadecerme de ti,  y dejar de actuar porque es agotador. Me paso la vida hablando en subjuntivo. Y como soy tan simple y estoy tan inquieta, me guardo mis tres frases preparadas para soltártelas cuando te vea, y luego nunca me da tiempo. Llevo años alardeando de una sinceridad de la que al parecer carezco, y de una tolerancia y una compresión que deben estar en el fondo del mar, porque nadie me las ha visto desde el siglo pasado. Y la próxima vez que escriba algo, cualquier cosa, un párrafo de proporciones microscópicas o un verso de líneas separadas cada cinco milímetros, voy a enterrar con todo aquello el egocentrismo, tráguense ustedes el orgullo a cambio.

Encuéntrala, y dile que vuelva a buscarle.

miércoles, 4 de julio de 2012