martes, 30 de noviembre de 2010
Diez.
Escondida detrás de la cama; el té, rojo y caliente, está preparado, el cigarrillo echa humo, y fuera los campos se congelan y todo se vuelve un poco gris bonito. Piensa en lo cómodo del día cuando se acaba, y recurre a la música un rato largo, bebe un sorbo de té. Aspira el aire, que es una mezcla de adicción y poemas, que le hacen recordar que todos los años pasa lo mismo, pero que a ella siempre se le olvida. Se recoge un poco, de ese modo en que algunos se recuestan cuando están a gusto, como volviendo a lo que cada día se vuelve más lejano. Deja la mezcla de sonidos, tinta y vicios habituales, para cerrar los ojos y hacer balance; cae en la cuenta de que al final el tema es la espiral de siempre. Maravillada y atónita por la conclusión, sonríe y se alegra, porque después a todos nos pasa igual con eso de las cosas cuando se vuelven sencillas. Aparece algún fantasma que sugiere que la simpleza no justifica nada de nada, pero escondidas detrás de la cama hay una taza vacía y una colilla más, y la jornada se acaba en demasiados sentidos. Fuera el aire es cada vez más frío y la tierra sucumbe a la lluvia.
lunes, 29 de noviembre de 2010
sábado, 27 de noviembre de 2010
Nueve.
Estaba allí, desde la esquina, observándolo todo, como si fuese la clase de persona que observando juzgara y juzgara observando, como quienes se visten de colores o van con el pelo rizado, para demostrar vete tu a saber el que. Pensando en perspectivas, odiando ver desde fuera lo que se siente desde dentro. Rodea los amores nocturnos, como si fuera lícito llamarlos así, tomando conciencia de lo primitivo de la situación.
Y de repente, ¡hecatombe! anda que ella era no así, que no, que el tiempo le pasa distinto y la gente la mira de otro modo. Mira que, vayas mentiras más burdas y que comportamiento más anodino, fíjate que todos nacimos de lo mismo, y a todos se nos aplica de la misma manera.
Todos los coches rojos, los vestidos blancos, las canciones alternativas, las películas intimistas, los clavos ardiendo, todos los pubs retro de la esquina y los de los sofás raídos, los que cantan, los que pintan, dibujan escriben y saltan; todos lo mismo. Reflejo tras reflejo de lo que quieren ser y no son, de lo que son y quieren ser, de lo que siempre fueron y ahora ya no quieren ser. Ocultando los viejos hábitos para que en un descuido caiga cada cambio imperativo.
Y nada, que desde la esquina se ve cada mota de polvo, y la luz no engaña, ni siquiera la distancia. Y el pánico de saber demasiado o quizás entonces ya no saber nada, porque que haces cuando la falsedad no está escondida y conocer lleva a lugares inhóspitos y tétricos.
Cuando escribes lo que te da la real gana, y los demás con miramientos lo rechazan porque se rizan el pelo y se visten de colores, cuando miras, actúas, ríes y mientes como aprendiste desde ahí, desde la esquina al ver que todo es como es y que las apariencias en realidad no engañan, porque el engaño es cosa de locos con complejos de loco encerrado.
Y de repente, ¡hecatombe! anda que ella era no así, que no, que el tiempo le pasa distinto y la gente la mira de otro modo. Mira que, vayas mentiras más burdas y que comportamiento más anodino, fíjate que todos nacimos de lo mismo, y a todos se nos aplica de la misma manera.
Todos los coches rojos, los vestidos blancos, las canciones alternativas, las películas intimistas, los clavos ardiendo, todos los pubs retro de la esquina y los de los sofás raídos, los que cantan, los que pintan, dibujan escriben y saltan; todos lo mismo. Reflejo tras reflejo de lo que quieren ser y no son, de lo que son y quieren ser, de lo que siempre fueron y ahora ya no quieren ser. Ocultando los viejos hábitos para que en un descuido caiga cada cambio imperativo.
Y nada, que desde la esquina se ve cada mota de polvo, y la luz no engaña, ni siquiera la distancia. Y el pánico de saber demasiado o quizás entonces ya no saber nada, porque que haces cuando la falsedad no está escondida y conocer lleva a lugares inhóspitos y tétricos.
Cuando escribes lo que te da la real gana, y los demás con miramientos lo rechazan porque se rizan el pelo y se visten de colores, cuando miras, actúas, ríes y mientes como aprendiste desde ahí, desde la esquina al ver que todo es como es y que las apariencias en realidad no engañan, porque el engaño es cosa de locos con complejos de loco encerrado.
martes, 23 de noviembre de 2010
Repetición
El mismo desequilibrio, las mismas palabras, las mismas conclusiones. Cambia el escenario.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Inserte aquí un título
No lo entiendo. De verdad que no lo entiendo. De donde salen los impulsos, a la vez que sentirse confuso, y el remolino de emociones se dispara y todo se vuelve tan... tan como de plan maquiavélico, pero como bueno, y a la vez tan extraño, y sólo me siento cursi otra vez, porque de verdad, de verdad que no puedo evitarlo. Y no quiero decir y ya está porque lo digo siempre y... y otra vez la confusión esa porque no se me ocurre otra cosa. Y es que ni siquiera es concreto ni real ni absurdo ni espiritual ni melodioso ni armónico y no, ni puedo verlo como un tópico, lo siento. Es demasiado humano, incluso llega a ser específico, es extravagante, joder. Insultante, incluso. No hay conclusiones, ni divagaciones, ni nada. Es como ver bailar cabras y decir, pues vale. Carece totalmente de sentido.
Es genial.
Es genial.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Ocho.
- Confieso que no me gustan las verdades, y mucho menos las que vienen de repente. Imagínate, es como un gran agujero negro que de pronto se cargue todo; Todo, ¿sabes lo que sería eso? Desaparecer, así sin más, en dos segundos, literalmente.
- ¿Para ti las verdades es cómo si todo desapareciese de golpe?
- Algo así. Es difícil de explicar.
- Lo entiendo pero, creí que no eras una persona constante.
- Y no lo soy, pero eso no significa que me gusten los cambios repentinos.
- No suelen ser repentinos.
- También lo sé, pero siempre me lo parecen. Es como si no viese la realidad hasta el último minuto, ¿sabes? Es siempre todo mucho más simple de como me lo imagino, y tiene la facultad de sorprenderme.
- ¿El qué? Creo que me he perdido.
- Yo también, siempre me pierdo, igual ese es el problema.
- Ahora sí que ya no entiendo nada.
- Yo tampoco.
- ¿Para ti las verdades es cómo si todo desapareciese de golpe?
- Algo así. Es difícil de explicar.
- Lo entiendo pero, creí que no eras una persona constante.
- Y no lo soy, pero eso no significa que me gusten los cambios repentinos.
- No suelen ser repentinos.
- También lo sé, pero siempre me lo parecen. Es como si no viese la realidad hasta el último minuto, ¿sabes? Es siempre todo mucho más simple de como me lo imagino, y tiene la facultad de sorprenderme.
- ¿El qué? Creo que me he perdido.
- Yo también, siempre me pierdo, igual ese es el problema.
- Ahora sí que ya no entiendo nada.
- Yo tampoco.
martes, 9 de noviembre de 2010
Notoriedad
Me gustaría llegar a las trascendencia total, absoluta y notable. Despojarme de mi educación varia, de mis prejuicios, de mis añoranzas, de mi tiempo vivido y mis etapas, de mis gustos y sentimientos, de las relaciones pasadas, de la banalidad recurrente y la poca filosofía que conozco y la pobre que intento construir. Me gustaría llegar, y que de verdad existiera -que ojalá exista- a la espiritualidad objetiva, a la crítica, o más bien, la reflexión real, alejada del mundo como lo conocemos o como soñamos que sea o como pretendemos vivirlo, y dedicarme de verdad a ello, tener los conocimientos neutros y la inteligencia necesaria para llegar a ese punto imposible.
Cada vez que leo, que veo, que observo y que entiendo algo relativamente profundo, por escoger una palabra, porque realmente no tengo ni idea de como describirlo, lo pienso. Quizá me haya vuelto completamente loca, o sea demasiado rara, o intente alcanzar algo más de lo que me han impuesto o me han pedido o se espera de mi, pero empieza a convertirse en necesidad. Algo más, algo de verdad, algo que no sea un vano intento de comunicarme con el mundo del que dentro de años me arrepienta de haber escrito, me arrepienta y me avergüence, para colmo. No una canción desesperada, ni un barullo dramático, sino algo consciente y atrevido, hecho con la mayor objetividad, sincero y selectivo, sin vocabulario complicado, sin realidad tal y como la concebimos y ausente de preguntas retóricas.
Ellos, aquí, se han acercado:
Cada vez que leo, que veo, que observo y que entiendo algo relativamente profundo, por escoger una palabra, porque realmente no tengo ni idea de como describirlo, lo pienso. Quizá me haya vuelto completamente loca, o sea demasiado rara, o intente alcanzar algo más de lo que me han impuesto o me han pedido o se espera de mi, pero empieza a convertirse en necesidad. Algo más, algo de verdad, algo que no sea un vano intento de comunicarme con el mundo del que dentro de años me arrepienta de haber escrito, me arrepienta y me avergüence, para colmo. No una canción desesperada, ni un barullo dramático, sino algo consciente y atrevido, hecho con la mayor objetividad, sincero y selectivo, sin vocabulario complicado, sin realidad tal y como la concebimos y ausente de preguntas retóricas.
Ellos, aquí, se han acercado:
lunes, 8 de noviembre de 2010
Morriña, que se suele decir
Me pregunto por eso de las ideologías, hasta que punto pueden convivir varias personas con distintos objetivos, viviendo en mundos paralelos. Y mirando hacia atrás como si fuese de verdad vieja, me doi cuenta de que se puede llegar muy lejos. Que bien.
lunes, 1 de noviembre de 2010
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