viernes, 30 de diciembre de 2011
Particular
Aquí, en mi casa, ahora en vacaciones tenemos la costumbre de sentarnos todos juntos, toda la larga y aburrida tarde. En un rinconcito del salón, en unos sofás de mimbre reposamos unas cinco personas y de vez en cuando comentamos algo y llenamos los ceniceros. El resto del tiempo cada uno mira a su pantalla personal. Y eso es la Navidad.
martes, 29 de noviembre de 2011
Inutilidad
Yo no quiero ser así, ¿sabes lo que te quiero decir? No quiero ser esa clase de personas que se comportan como deberían, no en el sentido de la responsabilidad y eso, tampoco en el de ¡oh, cariño! Casémonos y tengamos bebés (aunque de eso también quiero escapar). Sino simplemente no quiero eso, eso, lo que te rodea, lo que ves a las parejas hacer en las cafeterías, lo que ves hacer a las madres al volver a sus casas, a cualquiera al entrar en el puto ayuntamiento en su puesto cutre de funcionario de la administración. No, no quiero nada de eso, ni reunirme con mis amigos todos los sábados a las once para tomar un gin tonic de ocho euros, ni arrastrar un carrito por la acera, ni llevar fotos en la cartera. Quiero coger una botella de alcohol en el supermercado para el martes por la noche, y que lo que dibuje pueda hacerse real, y servirle de algo a alguien, y que mis palabras sirvan de algo. Y que entiendas que las utilizo para intentar ayudar, porque tampoco tengo mucho mas, porque maldita sea echo muchas cosas de menos y quiero otras tantas, y tampoco es que sirvan de mucho los vestigios, y, y... y hay piedrecitas por el camino, y migas de pan que dejó el otro, y yo las recojo pero no llevan a ninguna parte y...
lunes, 21 de noviembre de 2011
Absoluto
Tú no puedes saber lo que pienso yo. Yo no puedo saber lo que piensas tú.
Y en eso, más o menos, consiste casi todo.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Veinte.
Ella tenía aquella manera de querer extraña e inaudible. Esa forma de mezclar el ímpetu y la amabilidad poco a poco, con fuerza, creando una masa espesa, como la de un bizcocho, que solo era perceptible en el gris de los ojos. Amaba y sabía amar de muchas maneras, pero, más allá de eso, también tenía el don del engaño, de la simulación, podía hacer creer que se le desgarraba el corazón con alguien que le era indiferente, sin necesitar gestos ni palabras para interpretar, con el tono de la voz o utilizando simplemente la rutina. No le importaba que no la quisiesen para querer. Sí, tenía un pánico abismal al rechazo, temía fervientemente al abandono, pero no a la soledad: la disfrutaba, la defendía, la buscaba; y era por eso por lo que ella amaba, porque no trataba de demostrarlo, porque lo hacía bajo las leyes del silencio, por eso no importaba si dejaba de ser idolatrada, sabía interpretar, sabía callar sus pozos mas negros.
Se había enamorado de una manera arrolladora, con un sentimiento que jamás había logrado vencer, sin ningún tipo de lógica, sin entender bien de que o quien se había enamorado, si del propio amor, si de la persona, si de lo que ella misma sentía o si tal vez de como la veían sentirse. Se había desenamorado después, de ese modo en que se desenamoran los que no olvidan, tejiendo una red de recuerdos marcados por besos, sonrisas y luces, que envolvían todo aquel amor puro, primerizo y primitivo, al que se había obligado a renunciar.
Para ella querer era aquello, sin embargo, quería a todas horas, adoraba aquella adrenalina resultante del bullicio del amor, de cualquier tipo, la necesitaba para divertirse, para darle sentido a la vida, la necesitaba tanto como quien es adicto a cualquier droga. Huía de los tópicos con la misma intensidad, cuando ella resultaba ser uno, cuando en realidad esa dependencia suya al amor era de lo más vulgar, cuando los temas de los que hablaba estaban manidos y remanidos de tanto verlos, de tanto oírlos. Pero seguía sin plantearse renunciar.
Se había enamorado de una manera arrolladora, con un sentimiento que jamás había logrado vencer, sin ningún tipo de lógica, sin entender bien de que o quien se había enamorado, si del propio amor, si de la persona, si de lo que ella misma sentía o si tal vez de como la veían sentirse. Se había desenamorado después, de ese modo en que se desenamoran los que no olvidan, tejiendo una red de recuerdos marcados por besos, sonrisas y luces, que envolvían todo aquel amor puro, primerizo y primitivo, al que se había obligado a renunciar.
Para ella querer era aquello, sin embargo, quería a todas horas, adoraba aquella adrenalina resultante del bullicio del amor, de cualquier tipo, la necesitaba para divertirse, para darle sentido a la vida, la necesitaba tanto como quien es adicto a cualquier droga. Huía de los tópicos con la misma intensidad, cuando ella resultaba ser uno, cuando en realidad esa dependencia suya al amor era de lo más vulgar, cuando los temas de los que hablaba estaban manidos y remanidos de tanto verlos, de tanto oírlos. Pero seguía sin plantearse renunciar.
domingo, 6 de noviembre de 2011
Enfermedad
Un desierto de palabras, un lugar que da vueltas, un espejo que no cambia,
un reflejo que se adiestra.
un reflejo que se adiestra.
lunes, 31 de octubre de 2011
Convencionalismos
Todo el mundo ha querido alguna vez quedarse parado en un momento, o en una situación. Pero no en un momento feliz, porque con la felicidad extrema no podría nadie. Es decir, ¿quién podría aguantar el subidón de adrenalina, la sonrisa en la cara, el bullicio de la sangre durante toda la vida? Es demasiado intenso. Así que es mejor quedarse en un lugar agradable, sin necesidad de que todo sea perfecto, ni siquiera de que vaya todo bien. Sino algo más simple, una mezcla entre la sensación de un reencuentro mezclado con... con comer pizza y escuchar una canción que te guste de fondo. Sin euforia, sin alteración. No, eso sería demasiado.
sábado, 22 de octubre de 2011
Planteamientos varios
¿Sabes esas bolas que son brillantes? Como las pelotas de gimnasia rítmica, que son esferas perfectas de colores vivos y centellean perfectamente pulidas. Me encantan, siempre quise tener una de esas y lanzarla hacia arriba y cogerla una y otra vez. Supongo que son tan atrayentes como las luces de neón, somos todos un poco insectos. Las cápsulas de las cafeteras pijas también tienen esa perfección, son relucientes, hasta que te pones a hacer un café y se arrugan y empiezan a tener surcos por toda su anatomía y en cierto modo mueren.
A veces me imagino situaciones que me gustaría que ocurrieran, casi siempre porque implican una solución. Y de repente me doy cuenta de que se me ha escapado mucho tiempo esperando un suceso ilusorio, y me he perdido lo que de verdad pasaba a mi alrededor. Aunque últimamente no pasa nada, pero esa es otra cuestión.
Figúrate que tienes una pareja a la que un buen día dejas de querer, bueno, no de un día para otro, en un momento dado te das cuenta de que ya no la quieres. Pues a mi me está pasando algo parecido, no a nivel de enamoramiento porque no es el caso, sino en un contexto de amistad y de forma de vida. Es difícil de explicar. No quiero dar detalles, sólo que es mas duro dejar de querer a alguien que que dejen de quererte, y me ha sorprendido.
A veces me imagino situaciones que me gustaría que ocurrieran, casi siempre porque implican una solución. Y de repente me doy cuenta de que se me ha escapado mucho tiempo esperando un suceso ilusorio, y me he perdido lo que de verdad pasaba a mi alrededor. Aunque últimamente no pasa nada, pero esa es otra cuestión.
Figúrate que tienes una pareja a la que un buen día dejas de querer, bueno, no de un día para otro, en un momento dado te das cuenta de que ya no la quieres. Pues a mi me está pasando algo parecido, no a nivel de enamoramiento porque no es el caso, sino en un contexto de amistad y de forma de vida. Es difícil de explicar. No quiero dar detalles, sólo que es mas duro dejar de querer a alguien que que dejen de quererte, y me ha sorprendido.
sábado, 8 de octubre de 2011
Llamas en octubre.
Vale, a ver, no sé por donde empezar. En primer lugar quiero explicar que quiero escribir, me apetece mucho y no me atrevo. Quiero escribir porque hay muy pocas personas en el mundo con las que pueda hablar con sinceridad, no, me retracto, hay muy pocas personas en el mundo que quieran y puedan escucharme, y dentro de esas no sé si hay alguna que entienda lo que quiero decir. Entonces, el problema de este momento (sábado casi domingo) es que ninguna de ellas está disponible. Quiero decir, en este preciso instante mi cabeza es un bullicio de imágenes y palabras sin una superficie donde apoyarse para que yo pueda ordenarlas. Acabo de escribir un párrafo que es una grandísima mierda, lo dejé en una entrada anterior que he borrado, lo he borrado y digo que es una absoluta bazofia porque no expresa con claridad lo que pienso últimamente, esto era lo que decía:
Había un montón de gente que significaba algo para mí. Antes, muchas personas por las que sentía mucho. El tiempo ha pasado, yo me he cargado de cinismo, y ahora hay vacío. Nada importante, nada serio. Sólo... realidad. Antes me quedaba con lo bueno, ahora he crecido quizás, o el mundo ha demostrado demasiado. Yo he demostrado demasiado. Yo mostré demasiado. Ya no pasa nada, o lo que pasa ha dejado de importarme. He dejado de creérmelo, de creerlos. La gente es complicada. Sí que hay dobles sentidos, sí que hay fondo en lo que la gente dice y hace, sí que disimulan. Parece que estoy paranoica, pero no es así, simplemente ahora que sé que todo ese trasfondo existe, ya no me interesa.
Estoy enfadada, porque tengo muchas cosas que decir y había personas con las que podía hablar y ya no están. Y... me he vuelto a quedar en blanco. Joder, porque hay tanto que quiero expresar y explicar y no tengo lo que hay que tener para gritarlo. Porque, en fin, parece que toda mi vida es cíclica y todo vuelve una y otra vez, y... lo único que quiero es que mis palabras sean escuchadas. Lo que de verdad me gustaría poder hacer es reírme del mundo, reírme tanto, tanto... sentarme en la playa y poder reírme a carcajadas de que las olas se rompan una y otra vez, de todas las lágrimas que ha habido en mi vida, de todo el dinero que se va por el sumidero dejándonos en la mierda a todos, de toda la gente que hace que está enamorada, de todos los sucesos inesperados y de las copas derramadas por los borrachos.
Mi enfado es el último vestigio que queda de cuando sentía algo, está justo antes de la indiferencia. Estoy enfadada porque hay gente que está lejos, porque otros se fueron y a otros lo eché, porque algunos simulan estar cerca y noto su mirada egoísta mirándome. No sé si quedará ya alguien que lea esto, y sé que habrá incluso quien piense que va dirigido a sí mismo. Bien, es posible. Hay tanto odio general en las palabras de la gente... Y tantas ganas de llamar, tanto ánimo por dar una señal de vida... Y nunca se hace.
Había un montón de gente que significaba algo para mí. Antes, muchas personas por las que sentía mucho. El tiempo ha pasado, yo me he cargado de cinismo, y ahora hay vacío. Nada importante, nada serio. Sólo... realidad. Antes me quedaba con lo bueno, ahora he crecido quizás, o el mundo ha demostrado demasiado. Yo he demostrado demasiado. Yo mostré demasiado. Ya no pasa nada, o lo que pasa ha dejado de importarme. He dejado de creérmelo, de creerlos. La gente es complicada. Sí que hay dobles sentidos, sí que hay fondo en lo que la gente dice y hace, sí que disimulan. Parece que estoy paranoica, pero no es así, simplemente ahora que sé que todo ese trasfondo existe, ya no me interesa.
Estoy enfadada, porque tengo muchas cosas que decir y había personas con las que podía hablar y ya no están. Y... me he vuelto a quedar en blanco. Joder, porque hay tanto que quiero expresar y explicar y no tengo lo que hay que tener para gritarlo. Porque, en fin, parece que toda mi vida es cíclica y todo vuelve una y otra vez, y... lo único que quiero es que mis palabras sean escuchadas. Lo que de verdad me gustaría poder hacer es reírme del mundo, reírme tanto, tanto... sentarme en la playa y poder reírme a carcajadas de que las olas se rompan una y otra vez, de todas las lágrimas que ha habido en mi vida, de todo el dinero que se va por el sumidero dejándonos en la mierda a todos, de toda la gente que hace que está enamorada, de todos los sucesos inesperados y de las copas derramadas por los borrachos.
Mi enfado es el último vestigio que queda de cuando sentía algo, está justo antes de la indiferencia. Estoy enfadada porque hay gente que está lejos, porque otros se fueron y a otros lo eché, porque algunos simulan estar cerca y noto su mirada egoísta mirándome. No sé si quedará ya alguien que lea esto, y sé que habrá incluso quien piense que va dirigido a sí mismo. Bien, es posible. Hay tanto odio general en las palabras de la gente... Y tantas ganas de llamar, tanto ánimo por dar una señal de vida... Y nunca se hace.
martes, 27 de septiembre de 2011
Diecinueve.
Así que se fue. Llevaba una vida ajena, que era la misma en realidad que la de antes, pero se había ido. Planeaba marcharse lejos, a donde fuese y como pudiese, pero mientras no lo lograse se había alejado igual. Nadie entendía bien porque, o como, pero se había ido, vete tu a saber a donde. Hablaba de cansancio, de repetición, de monotonía, la oían decir algo sobre tierras extranjeras, sobre lenguas desconocidas, actividades que antes rechazaba, playas, sol. Estupideces varias, palabrería barata que no la dejaba pensar, de ahí que creyera todo aquello. La vieron cambiar, a mejor, reflexionaba la mayoría; ya no estaba, pero daba igual porque la veían. Suponían que se habría renovado, la gente evoluciona al fin y al cabo, yo que se, el caso es que... bueno, eso, se fue.
viernes, 23 de septiembre de 2011
Buenos días
Es genial cuando de vez en cuando estás de buen humor, quiero decir, sin más, pasa algo y de repente ¡bum! Todo parece mejor, más sencillo, o más bien la mayor parte de las cosas se vuelven irrelevantes. A mi me acaba de pasar, hubo un detonante y he decidido cambiar, yo, mi vida, mi actitud. Me he cortado el pelo, voy a aprender a dibujar y a conducir decentemente, dejaré de buscar por la noche algo más que música. Voy a ser más tolerante, más independiente, menos impulsiva, espero que menos inconsciente. De repente quiero estar yo y el resto del mundo aparte. No sé como explicar bien todo esto, hay que tomarse las cosas en serio, cumplir lo que se promete, no hacer promesas a lo loco, sí, pero si eso al final no resulta así, lo cual sucederá porque todos cometemos errores, si nadie muere no será tan grave, seguro. No quiere decir que todo tenga solución, pero no es el fin del mundo. Así que tomémonoslo con filosofía.
martes, 20 de septiembre de 2011
Tercero
Últimamente hago algo que antes no sentía la necesidad de hacer. Antes de irme a dormir me tumbo en la cama, con la luz encendida, encima de las sábanas, sin taparme y vestida con la ropa de todo el día. Miro a la pared, y empiezo a tomar conciencia de que ese habitáculo es mi nueva habitación, mi nuevo lugar de escape diario, proque todavía no me he convencido. No pienso en nada en concreto y todo me pasa por la cabeza a la vez; sé que suena poético más que nada, pero es realmente así. Mis pensamientos, o recuerdos, o sentimientos, o la miscelánea que formen o lo que sean, se funden para crear un estado de ánimo que se va formando a lo largo de todo el día hasta ese momento. Por la mañana no me levanto así, es decir, puedo controlarlo, despertarme para hacer algún recado, para ir a la facultad y sentir que estoy encauzando mi vida hacia una meta, o simplemente para estar despierta y moverme y que parezca que sigo formando parte del mundo. Pero cuando llega la noche, cuando supuestamente debería ponerme el pijama, meterme en la cama, cerrar los ojos, darle vueltas a un par de cosas y quedarme dormida, me tumbo así, con la lámpara blanca básica de ikea iluminando la pintura color claro de las paredes, sintiendo que estoy en un ambiente extraño del que no sé como salir, preguntándome que haré al día siguiente para que la jornada no acabe así. Si me sacaré algún día la carrera, si no malgastaré el dinero invertido en la autoescuela, si déjare de analizar el pasado, si escaparé de las trifulcas, gritos y peleas, si volveré a querer a los que me rodean, si desparecerá la tristeza, la culpabilidad y la decepción.
Supongo que más que nada, en ese momento (que tengo en mi mente todo el día, como si una cámara me grabase y lo proyectase en mis ojos todo el día siguiente, visto desde fuera), tengo intención de dejar toda esa melancolía en ese instante, a la luz, encima de la cama encerrrada en la noche, para recogerla veinticuatro horas después; con la esperanza de que alguna madrugada vuelva y no la encuentre.
No sé si hay una razón, un porque de todo esto. No sé si son los acontecimientos recientes, o algo más pasados, ni siquiera sé que se considera reciente, o puede que sea la vuelta a esta ciudad, o el cambio de casa, o que ya me he acostumbrado a esta vida. Hace poco leí que accostumbrarse es como estar muerto. Quien sabe, quizás he tomado demasiado café, dicen que no es bueno, o fumado demasiados cigarrillos (eso seguro que no es bueno), o sólo sea una depresión postvacacional, o realmente le estoy dando la importancia que tiene a lo que sea que me haya pasado en las últimas semanas. Sólo sé que seguiré tumbándome en la cama hasta que deje de querer hacerlo, o hasta que venga alguien y me levante.
Supongo que más que nada, en ese momento (que tengo en mi mente todo el día, como si una cámara me grabase y lo proyectase en mis ojos todo el día siguiente, visto desde fuera), tengo intención de dejar toda esa melancolía en ese instante, a la luz, encima de la cama encerrrada en la noche, para recogerla veinticuatro horas después; con la esperanza de que alguna madrugada vuelva y no la encuentre.
No sé si hay una razón, un porque de todo esto. No sé si son los acontecimientos recientes, o algo más pasados, ni siquiera sé que se considera reciente, o puede que sea la vuelta a esta ciudad, o el cambio de casa, o que ya me he acostumbrado a esta vida. Hace poco leí que accostumbrarse es como estar muerto. Quien sabe, quizás he tomado demasiado café, dicen que no es bueno, o fumado demasiados cigarrillos (eso seguro que no es bueno), o sólo sea una depresión postvacacional, o realmente le estoy dando la importancia que tiene a lo que sea que me haya pasado en las últimas semanas. Sólo sé que seguiré tumbándome en la cama hasta que deje de querer hacerlo, o hasta que venga alguien y me levante.
viernes, 16 de septiembre de 2011
La última
Estoy escribiendo desde un lugar que no es mi casa, y es muy poco habitual en mi. Es sólo para decir que la gente encuentra formas de comunicarse, aunque no se vean, aunque no se hablen, aunque no se conozcan incluso. Porque las personas a veces sienten la necesidad de decir cosas, porque han encontrado una explicación, porque han descubierto lo que les ocurría y ocurre, porque necesitan justificarse, porque se han dado cuenta de que tienen justificación. Yo me he dado cuenta de lo contrario. No tenía justificación, pero sí tengo, y tenía, una explicación, o yo que sé, sí tengo cosas que decir, que le he contado a todo el mundo excepto a la persona a quien debería interesarle. Yo ya sabía que la lógica no siempre es la solución. Y antes creía que si cometías una locura, algo impulsivo dando un giro dramático, todo se arreglaría. Y ahora ya no sé nada y todo me atrapa. Y, durante unos días, creí que sí era posible poner etiquetas blancas o negras, que cada uno tiene un papel definido, sin matices, o bueno o malo. Pero ahora, aunque ese cierre de mente ya se me ha pasado, el problema es que, como decía, ya no sé absolutamente nada. Vivo en la ignorancia, que es como no vivir en nada.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Lo siento
El sol de septiembre ya casi no calienta, pero aún así, sobre las siete de la tarde, hace de mi habitación un horno, porque da al oeste, y tengo que bajar los estores sino quiero ver la dependencia reflejada en la pantalla, y sino quiero también acabar asada. El calor torna un poco el panorama hacia la ansiedad de tarde de domingo, porque por muchas chaquetas que uno se quite parece que no hace mas que amontonarlas encima de la silla, hasta crear una montaña que el lunes, día por antonomasia de limpieza general, haya que ordenar.
Este bochorno incandescente, valga la redundancia, provoca un nerviosismo enervante que acaba derritiendo el tiempo, como si de la cera de una vela se tratase, en forma de preocupaciones de teleserie americana de hora de la siesta castellana. Curiosamente, lo comparo con el préstamo de un botón, porque, ¿quién pide un botón? Y, sobretodo, ¿quién se niega a prestarlo? Roza el absurdo esta cavilación, lo sé. Pero también son un despropósito otros muchos comportamientos habituales, y suceden, uno tras otro, año tras año.
Roza el absurdo negar lo que uno es evidente que es, o negar lo que uno evidentemente piensa, o actuar en contra de ello. Conozco a quien se aferra a algo o mas bien a alguien creyendo que la compañía da valía a sí mismo, para controlar sus emociones en una inversión segura, sin agitación, ni derroche, ni atropellamiento, ni nada. Y, todavía peor, a quien se encierra en una cáscara de maldad, indiferencia y despreocupación, subarrendando al orgullo toda su existencia, falseándose a sí mismo y arrastrando al resto a sus tópicas y rutinarias mentiras. Y, espera, porque existe el otro extremo, quien se tira por el precipicio, sin protección, ni reflexión, ni autocontrol, ni amor propio, mientras deja desquebrajarse a su propio cuerpo, mientras deja que lo inunde la demencia y la paranoia.
Acabo de hacer tres juicios tajantes e inamovibles, pero sin traición, porque de tanto calor ya no soy capaz de esconderlos. Porque de tanto encubrimiento me han dado ganas de pronunciarme. Es un texto autobiográfico.
(También sé que a mi aún me falta pedir perdón.)
Este bochorno incandescente, valga la redundancia, provoca un nerviosismo enervante que acaba derritiendo el tiempo, como si de la cera de una vela se tratase, en forma de preocupaciones de teleserie americana de hora de la siesta castellana. Curiosamente, lo comparo con el préstamo de un botón, porque, ¿quién pide un botón? Y, sobretodo, ¿quién se niega a prestarlo? Roza el absurdo esta cavilación, lo sé. Pero también son un despropósito otros muchos comportamientos habituales, y suceden, uno tras otro, año tras año.
Roza el absurdo negar lo que uno es evidente que es, o negar lo que uno evidentemente piensa, o actuar en contra de ello. Conozco a quien se aferra a algo o mas bien a alguien creyendo que la compañía da valía a sí mismo, para controlar sus emociones en una inversión segura, sin agitación, ni derroche, ni atropellamiento, ni nada. Y, todavía peor, a quien se encierra en una cáscara de maldad, indiferencia y despreocupación, subarrendando al orgullo toda su existencia, falseándose a sí mismo y arrastrando al resto a sus tópicas y rutinarias mentiras. Y, espera, porque existe el otro extremo, quien se tira por el precipicio, sin protección, ni reflexión, ni autocontrol, ni amor propio, mientras deja desquebrajarse a su propio cuerpo, mientras deja que lo inunde la demencia y la paranoia.
Acabo de hacer tres juicios tajantes e inamovibles, pero sin traición, porque de tanto calor ya no soy capaz de esconderlos. Porque de tanto encubrimiento me han dado ganas de pronunciarme. Es un texto autobiográfico.
(También sé que a mi aún me falta pedir perdón.)
viernes, 2 de septiembre de 2011
Curiosidad
En el tren camino de A Coruña, creo que en Catoira, siempre espero levantándome ligeramente del asiento, a ver una casa. Siempre está cerrada a cal y canto, medio abandonada, y como suelo coger ese tren en invierno, pensé que esta vez, todavía agosto, quizás por fin tendría algo de actividad, pero no. La casa es bien grande, más bien un caserón, de esos que se hacía los colonos al venir o volver a Galicia; amarilla con un torreón, de ventanas selladas con contras verdes, todas bien cerradas. Siempre. En el centro del jardín del lado derecho de la casa, hay una piscina que debe de tener bien cuarenta años, de las pocas que habría en la época, con forma de riñón, lo que la hace más curiosa todavía, gres de color azul oscuro, un borde imponente de piedra ya negruzca. Este pequeño lago es lo que me llamó la atención la primera vez, es atrayente y terrorífica, y puede que lo que le de tanta valía sea el agua sucia, verde a lo largo de todo el año, un viejo trampolín de estructura metálica oxidada, con dos alturas, todo rodeado de árboles frondosos que ocultan tanto la piscina como parte de la casa. El jardín se extiende al otro lado durante muchos metros, y está seco y vacío, a excepción de unos columpios tan fuera de uso ya como el trampolín.
lunes, 29 de agosto de 2011
Dieciocho.
- Hola.
- Hola, ¿te conozco?
- Sí, solías acostarte conmigo.
- Ah ¿y después qué?
- Solías decirme que me querías.
- Entiendo.
- ¿Cómo puedes olvidarte de eso?
- Bueno, nunca me dijiste que sí.
- ¿Que sí a qué?
- A estar juntos.
- Dijiste que me querías, no que quisieras estar conmigo.
- ¿No es lo mismo?
- ¿En qué piensas cuando te metes en la cama?
- ¿Cómo?
- Pues eso, en que piensas cuando te vas a dormir y no concilias el sueño y das vueltas debajo del edredón, y miras el móvil un par de veces comprobando la hora. No sé, ¿repasas lo que harás al día siguiente? O... te acuerdas de lo que fue mal, o lo que te gustó.
- ¿A qué viene eso?
- ¿Ves? Dijiste que me querías, no que quisieras estar conmigo.
- Hola, ¿te conozco?
- Sí, solías acostarte conmigo.
- Ah ¿y después qué?
- Solías decirme que me querías.
- Entiendo.
- ¿Cómo puedes olvidarte de eso?
- Bueno, nunca me dijiste que sí.
- ¿Que sí a qué?
- A estar juntos.
- Dijiste que me querías, no que quisieras estar conmigo.
- ¿No es lo mismo?
- ¿En qué piensas cuando te metes en la cama?
- ¿Cómo?
- Pues eso, en que piensas cuando te vas a dormir y no concilias el sueño y das vueltas debajo del edredón, y miras el móvil un par de veces comprobando la hora. No sé, ¿repasas lo que harás al día siguiente? O... te acuerdas de lo que fue mal, o lo que te gustó.
- ¿A qué viene eso?
- ¿Ves? Dijiste que me querías, no que quisieras estar conmigo.
viernes, 26 de agosto de 2011
Retórica
Me pregunto si somos todos actores y actrices. ¿Es posible que interpretemos un papel? ¿Qué no nos mostremos realmente, o que mostremos lo que queremos ser, o lo que queremos que el otro crea que somos? ¿Para conseguir algo tal vez? Pero el que, para lograr el que. Y entonces, ¿qué hay de real en la historia que representamos? ¿O simplemente es una mentira que construimos para sentirnos seres racionales, sensibles y profundos? Igual lo real es el instinto y todo lo que se sale de él... sea una auténtica patraña.
Así que, si interpretamos, si en realidad somos todos tan egoístas y tan retorcidos como para fingir en la parte más importante de nuestra vida, ¿es esta un puro engaño? ¿Eso es lo que pasa cuando alguien se encubre a sí mismo adrede? ¿Qué simula una conducta que no tiene?
Así que, si interpretamos, si en realidad somos todos tan egoístas y tan retorcidos como para fingir en la parte más importante de nuestra vida, ¿es esta un puro engaño? ¿Eso es lo que pasa cuando alguien se encubre a sí mismo adrede? ¿Qué simula una conducta que no tiene?
jueves, 25 de agosto de 2011
Luces
Me fui de viaje a Burdeos, al sur de Francia, una ciudad treméndamente romántica, donde la gente se sienta en las orillas del río a cenar y beber vino, y de pronto, cuando este comienza a hacer efecto, echan la cabeza hacia atrás y ríen a carcajadas, sin miedo a derramar su copa de plástico. En ese pequeño París de sabor afrutado, tuve tiempo para pasear y dejar guiar mis pasos a su suerte, mientras pensaba en otra cosa. Pensaba en que es eso de tomar la vía fácil. Las carreras fáciles normalmente no tienen demasiadas salidas, o las tienen malas. El dinero fácil suele traer consecuencias terminales, o suele desaparecer igual de rápido de lo que ha venido. El sexo fácil no aporta absolutamente nada una hora después. La comida fácil engorda. Los amigos fáciles sólo sirven para ir a tomar copas.
No me gustan las situaciones difíciles, no las busco. Sin embargo, los caminos fáciles, las soluciones fáciles, también tienen sus consecuencias. Normalmente no tienen demasiadas, simplemente tienen una, o dos como mucho. Pero suelen ser rotundas, concluyentes, absolutas, irrevocables. Perdón por el símil fácil, pero se abre un camino sin salida, sin vuelta atrás. Esa es la solución cómoda, destruir con dinamita. En un momento está y al siguiente no, y no se puede volver a construir igual, ni se puede rehabilitar, porque ya no existe. Resuelto.
No me gustan las situaciones difíciles, no las busco. Sin embargo, los caminos fáciles, las soluciones fáciles, también tienen sus consecuencias. Normalmente no tienen demasiadas, simplemente tienen una, o dos como mucho. Pero suelen ser rotundas, concluyentes, absolutas, irrevocables. Perdón por el símil fácil, pero se abre un camino sin salida, sin vuelta atrás. Esa es la solución cómoda, destruir con dinamita. En un momento está y al siguiente no, y no se puede volver a construir igual, ni se puede rehabilitar, porque ya no existe. Resuelto.
miércoles, 17 de agosto de 2011
Felicidades
Hoy es el aniversario de mi blog, cumple un año. ¡Felicidades!
¿Ahora se supone que debería ir repasando todos los acontecimientos del año? Ha sido un buen curso; un inicio divertido e interesante, un desarrollo variopinto y un final bonito. Genial, y me he encuentro otra vez en pleno verano bajo el mismo techo, igual que el pasado agosto. Pero ahora cargada de adrenalina, eso es, y de una extraña sensación de poder que no sé de donde ha salido. Es como si me hubiera tomado unas cuantas pastillas efervescentes y ahora estuvieran bullendo por toda la sangre de mi cuerpo, y me siento bien, aunque sea pura locura concentrada, no es la consecuencia de nada, o al menos eso espero.
El escenario ha cambiado, pero esencialmente, sigue siendo el mismo.
¿Ahora se supone que debería ir repasando todos los acontecimientos del año? Ha sido un buen curso; un inicio divertido e interesante, un desarrollo variopinto y un final bonito. Genial, y me he encuentro otra vez en pleno verano bajo el mismo techo, igual que el pasado agosto. Pero ahora cargada de adrenalina, eso es, y de una extraña sensación de poder que no sé de donde ha salido. Es como si me hubiera tomado unas cuantas pastillas efervescentes y ahora estuvieran bullendo por toda la sangre de mi cuerpo, y me siento bien, aunque sea pura locura concentrada, no es la consecuencia de nada, o al menos eso espero.
El escenario ha cambiado, pero esencialmente, sigue siendo el mismo.
domingo, 14 de agosto de 2011
Nunca me atrevo
Iba a publicar una entrada en la que desnudaba mi alma, pero no quiero que la leas. Así que me la guardo para mi de verdad, quizá en un par de días la entienda mejor, además.
Así que dejo un vídeo de los Señores Planetas, porque ayer provoqué una miscelánea interesante de gente en su concierto, aunque es verdad que a nadie le afectó mucho. Y pongo esta canción, porque tenía pensado hacer algo con ella... y no me ha dado tiempo.
Siento el vídeo cutre, es lo más decente que he encontrado en youtube, pero es más simbólico que otra cosa. La canción ya la conoceis.
Así que dejo un vídeo de los Señores Planetas, porque ayer provoqué una miscelánea interesante de gente en su concierto, aunque es verdad que a nadie le afectó mucho. Y pongo esta canción, porque tenía pensado hacer algo con ella... y no me ha dado tiempo.
Siento el vídeo cutre, es lo más decente que he encontrado en youtube, pero es más simbólico que otra cosa. La canción ya la conoceis.
domingo, 7 de agosto de 2011
No soy un puñetero ideal, ni estoy por encima del bien y del mal, no soy un eterno consuelo, y no siempre te sorprendo. No tengo un pasado enrevesado, ni una lista de batallas jugadas, ni siquiera perdidas. No se me concedió el don de la telepatía, no oigo mas que el sonido del mar desde mi cama, y no advierto si gritas. Nadie se gira por la calle al verme pasar, no me he topado con la perfección jamás, y bajo ninguna pena lograrás hacerme buscarla. No he encontrado menos lógica en mi vida, y a ti te veo esperando que encaje algo irregular, pretendiendo que aguarde con el motor encendido, como si este fuese nuestro destino, como si querer fuese suficiente para querer. No creo en el futuro, y sin embargo mírame, ya sólo pienso en él, en lo que vendrá, cuando todo lo que debía ocurrir ya no ha sucedido. No entiendes lo que te digo, porque no tiene sentido ninguno, porque carece de base, porque no se levantan cimientos. Estoy cansada de guardar borradores, de las palabras sin alma, del tiempo que se acaba y de autoconstruir la distancia.
Parece que ahora ya todo es una cuestión de orgullo.
Parece que ahora ya todo es una cuestión de orgullo.
viernes, 22 de julio de 2011
Explicación
Se me da bien echar de menos a la gente, a la misma que a veces me resulta insoportable. Me doi cuenta de lo que los quiero cuando no están. No encuentro una razón concreta, es decir, no es por eso del "no te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes", es más porque soy una persona inestable. No es ni positivo ni negativo, supongo, es sólo una cuestión de complejidad. Pero lo que entiendo es que es difícil de aguantar, por eso tengo amigos que se cuentan con los dedos de las manos. Y luego está esa gente con la que acabas tomando una copa de vez en cuando y te echas unas risas, y te ven animada y divertida y ahí acaba la cosa. Que está muy bien, no lo digo en un mal sentido, no todo el mundo tiene que estar viviendo una telenovela constante. Si tuviera que elegir entre las relaciones simples y las complejas no se por cual optaría, pero la elección no es mía, mi forma de ser es algo inevitable. Igual que la tuya. Y lo normal es que haya gente que lo acepte, incluso que le guste, el hecho de que hoy este arriba y mañana abajo; que no siempre es así, pero hay personas que asumen que eso puede suceder. La verdad es que no es justo, porque creo que es educacional y tiene que ver con lo que has visto a medida que has crecido, muy freudiano todo, bastante jodido también. Intento controlarlo, pero a veces se me va de las manos, como esto de escribir textos raros. Cada uno tiene sus manías.
miércoles, 20 de julio de 2011
Frases
Si existiera el retwitteo con entradas de este blog, lo haría. Hay muchas cosas que escribí y ahora se aplican. Reaparece la deconstrucción.
Me voy, unos días en base a un momento de locura y desánimo, y voy a cantar debajo de la ducha.
He cogido mi Ipod, donde está toda la música recopilada desde hace años que perdí cuando se me estropeó el ordenador, y he vuelto a escuchar frases que había olvidado. "No te puedo prometer que en el futuro sea perfecto. Pero el futuro es lo de menos", "So if you see me acting out...understand. To be left out in the snow without a coat. Can do bad things to a man", "You're going to reap just what you sow".
He estado pensando en que la mejor frase que podrían decirte es "me alegro de que existas".
Y en la psicología inversa también, no se quien la inventó, pero es una puta mierda.
Me voy, unos días en base a un momento de locura y desánimo, y voy a cantar debajo de la ducha.
He cogido mi Ipod, donde está toda la música recopilada desde hace años que perdí cuando se me estropeó el ordenador, y he vuelto a escuchar frases que había olvidado. "No te puedo prometer que en el futuro sea perfecto. Pero el futuro es lo de menos", "So if you see me acting out...understand. To be left out in the snow without a coat. Can do bad things to a man", "You're going to reap just what you sow".
He estado pensando en que la mejor frase que podrían decirte es "me alegro de que existas".
Y en la psicología inversa también, no se quien la inventó, pero es una puta mierda.
sábado, 16 de julio de 2011
Diecisiete.
Metió la llave en la puerta, la giró suavemente y empujó. Sin resultado. La saco y volvió a encajarla, giró un par de veces a la izquierda y la puerta cedió. Tiró la maleta al suelo y salió a la terraza, grande, sobre una bahía poco urbanizada, y dejo caer los brazos sobre la barandilla de metal blanca. Respiró un par de veces e inclinó la cabeza hacia atrás. Se dio la vuelta y guió sus pasos a la pequeña habitación, donde se dejó caer sobre la cama; estaba blanda, con un colchón de calidad, caro, y un edredón mullido.
Estaba enormemente cansada, y se le mezclaba el agotamiento con un fondo de resaca, y ese revoltijo fabricaba pensamientos extraños, algo paranoicos, en el que cada gesto, y más aun cada ausencia de esos gestos, llegaba a escribir una historia durmiente. Apoyada en una pila de cojines de funda blanca, adornados con iniciales ininteligibles bordadas, su cabeza bailaba entre sueño y despertar, dormitando la tristeza que se iba acumulando sigilosamente, a traición. Como un pequeño insecto tropical, había introducido una semilla imperceptible hacía tiempo, y el aire fresco que entraba por aquellas viejas ventanas abatibles la llevaba a encogerse sobre sí misma, rindiéndose así a la simbiosis entre melancolía e inquietud, dejando los ojos nublados mirar hacia la nada.
Estaba enormemente cansada, y se le mezclaba el agotamiento con un fondo de resaca, y ese revoltijo fabricaba pensamientos extraños, algo paranoicos, en el que cada gesto, y más aun cada ausencia de esos gestos, llegaba a escribir una historia durmiente. Apoyada en una pila de cojines de funda blanca, adornados con iniciales ininteligibles bordadas, su cabeza bailaba entre sueño y despertar, dormitando la tristeza que se iba acumulando sigilosamente, a traición. Como un pequeño insecto tropical, había introducido una semilla imperceptible hacía tiempo, y el aire fresco que entraba por aquellas viejas ventanas abatibles la llevaba a encogerse sobre sí misma, rindiéndose así a la simbiosis entre melancolía e inquietud, dejando los ojos nublados mirar hacia la nada.
jueves, 14 de julio de 2011
Telón
Fundamentalmente, esperamos. Al fin de semana, a que haga calor para ir a la playa, a ver a alguien, a encontrarnos a alguien, a irnos de viaje, a que tu madre llegue de la compra con cosas ricas, a que venga un tipo que sabe mucho a arreglar algo, a que te traigan la caña, al de la pizza. Media vida esperando, ligado estrechamente a la imaginación, a fantasear un rato.
Le estaba dando vueltas, y no es tan malo. Realmente, es mas cómodo, divertido y centelleante esperar por algo. Que el propio asunto incluso, ¿no?
Le estaba dando vueltas, y no es tan malo. Realmente, es mas cómodo, divertido y centelleante esperar por algo. Que el propio asunto incluso, ¿no?
domingo, 3 de julio de 2011
Blog
Tengo un amigo. Ese amigo está triste a veces, pero nunca nos lo dice. Creo que está triste ahora, y yo no sé que decirle; porque él dice que es mi amigo, pero nunca me cuenta nada.
miércoles, 29 de junio de 2011
Escena II
Estábamos en aquella cena, de Navidad creo que era. Yo hablaba con tu madre sobre el pavo, algo sobre el relleno y las especias picantes, y el poco uso que le daba ella a la pimienta. Tú hablabas con tu hermano sobre hockey, como no; no sabías hablar de otra cosa cuando no sabías de que hablar. Que si el equipo había fichado a no se que niñato con suerte y un poco de talento, y que está temporada remontábais, ya verás, que el chaval era un crack. Tú madre seguía dándole a la lengua con que cuando pensábamos ampliar la familia, yo respondía la muletilla de siempre, la de la carrera y el montón de papeles que ojalá se acumulasen sobre mi mesa.
Y apagué una de esas odiosas velas rojas con olor a capítulo especial de Navidad con un suspiro, y ni siquiera me preguntaba todavía que coño estaba haciendo ahí, no, espera, como había acabado allí después de tanta pasión y tanto llanto, con todo lo que creía sobre lo que nunca llegamos a ser nosotros. Pero no te preocupes, cariño, lo arreglaremos. El año que viene vendré con dos orfidales de serie, y seguro que no me parece todo tan anodino, ni tu madre tan banal, ni tu tan simple, ni yo tan conformista.
Y apagué una de esas odiosas velas rojas con olor a capítulo especial de Navidad con un suspiro, y ni siquiera me preguntaba todavía que coño estaba haciendo ahí, no, espera, como había acabado allí después de tanta pasión y tanto llanto, con todo lo que creía sobre lo que nunca llegamos a ser nosotros. Pero no te preocupes, cariño, lo arreglaremos. El año que viene vendré con dos orfidales de serie, y seguro que no me parece todo tan anodino, ni tu madre tan banal, ni tu tan simple, ni yo tan conformista.
sábado, 18 de junio de 2011
Escena
Estamos en un bar y yo me fumo un cigarro, y no sé porque empiezo a hablar de esto. Te cuento como fue y que por primera vez la gente se alegraba por mi, de verdad, y por él también, y por los dos en general. Pongo cara de hablar de un tema trascendental, como de activista implicada. Tú miras con cara de poner toda tu atención, y yo te sigo diciendo que me sorprendió tanta aceptación y tanta alegría. Me parece curioso y me encantó que ellos se interesaran, que lo supieran incluso antes que yo, que todo fuera tan rápido pero lógico a la vez. Que estas cosas siempre van a toda hostia, pienso yo, porque sino directamente no pasan y ya está. En medio de la conversación pierdes interés, porque te importa un pepino, y ese es el punto. Que era lo que yo esperaba, que a nadie le importase una mierda, pero resulto que sí, que se preocupaban, que lo veían bien, y que su aprobación no parecía importante, pero que lo es, y que me gusta que este ahí. Y me acabo el pitillo y entonces pierdo inspiración, y cambiamos de tema y no te pregunto por lo tuyo porque tampoco me acuerdo, ni te apetece contármelo ni me apetece que me lo cuentes. Y es que yo hablo mucho y cuento demasiadas cosas.
miércoles, 8 de junio de 2011
Dieciséis.
Nunca he aprendido bien de nada, sino no me vería en el mismo escenario una y otra vez. He buscado sustitutos creyendo que las cosas se enlazaban, sin creer en la independencia. Já. Escuchaba a Iván Ferreiro a los quince años y quizá si no lo hubiera hecho no fumaría ahora mismo; aunque bien es cierto que tengo poco autocontrol.
Había poca luz y la noche evocaba ciertas sensaciones del pasado, ciertas caras conocidas, míticas, cierto regusto a cosa prohibida, cierto remordimiento en el aire. El sonido del debate político bajo luces tenues de linterna se mezclaba con el ruido de los pasos con zapatos caros contra las losas de piedra. No recuerda si la luna estaba o no, hacía un poco de frío y la ciudad le infundía un respeto antiguo, infantil. El resto es historia.
No pienso hacerlo.
Y afortunadamente no lo hizo.
Después los personajes se mezclaron con envidia, como una jauría contra otra, los enfrentamientos se volvieron internos, todo formo un revoltijo animal y dantesco, como una metamorfosis múltiple a pequeña escala. Y no tenía que ver con lo anterior. Acontecimientos inconexos que diferían en alma y belleza, y sin embargo, se obligaba, se imponía sin rigor encontrar una relación intrínseca entre todos los cordeles del ovillo, enredándolos y desenrándolos una y otra vez. ¿Por qué no separaría los colores? De tanto apretar la mezcla la había comprimido y no era quien de entender que todo había sido autónomo en su momento.
Nada sustituye a nada fuera de su campo, cada cosa tiene su lugar. Puedes conservarlas, si quieres. No tienes que olvidarlas, y forman parte, hasta si quieres puedes mirar atrás. Pero no necesitan sustituirse, no pueden reemplazarse. Quizá sí relevarse, sí, eso está bien (sustituir y relevar son sinónimos de diccionario).
Y así cada uno tenía su sitio, pero a veces los lugares ceden, y se tornan arenosos. Y otras muchas veces las personas se volvían insoportables, la confianza se deshacía en retales y a lo predilecto se le caía el manto de película de Coppola. Pero eso sólo ocurría a veces, cuando la masa de todo tan junto y rejunto y ligado y cohesionado pesaba demasiado.
Había poca luz y la noche evocaba ciertas sensaciones del pasado, ciertas caras conocidas, míticas, cierto regusto a cosa prohibida, cierto remordimiento en el aire. El sonido del debate político bajo luces tenues de linterna se mezclaba con el ruido de los pasos con zapatos caros contra las losas de piedra. No recuerda si la luna estaba o no, hacía un poco de frío y la ciudad le infundía un respeto antiguo, infantil. El resto es historia.
No pienso hacerlo.
Y afortunadamente no lo hizo.
Después los personajes se mezclaron con envidia, como una jauría contra otra, los enfrentamientos se volvieron internos, todo formo un revoltijo animal y dantesco, como una metamorfosis múltiple a pequeña escala. Y no tenía que ver con lo anterior. Acontecimientos inconexos que diferían en alma y belleza, y sin embargo, se obligaba, se imponía sin rigor encontrar una relación intrínseca entre todos los cordeles del ovillo, enredándolos y desenrándolos una y otra vez. ¿Por qué no separaría los colores? De tanto apretar la mezcla la había comprimido y no era quien de entender que todo había sido autónomo en su momento.
Nada sustituye a nada fuera de su campo, cada cosa tiene su lugar. Puedes conservarlas, si quieres. No tienes que olvidarlas, y forman parte, hasta si quieres puedes mirar atrás. Pero no necesitan sustituirse, no pueden reemplazarse. Quizá sí relevarse, sí, eso está bien (sustituir y relevar son sinónimos de diccionario).
Y así cada uno tenía su sitio, pero a veces los lugares ceden, y se tornan arenosos. Y otras muchas veces las personas se volvían insoportables, la confianza se deshacía en retales y a lo predilecto se le caía el manto de película de Coppola. Pero eso sólo ocurría a veces, cuando la masa de todo tan junto y rejunto y ligado y cohesionado pesaba demasiado.
sábado, 4 de junio de 2011
Mecanografía
Escribir unas pocas frases mínimamente cohesionadas, auqnue sea leyendo entre líneas, es fácil. Dos o tres oraciones misteriosas y coloquiales. Queda bien. Escribir un texto es complicado. Es jodido porque siempre te acaba saliendo de fondo una especie de ritmo personal. Allí estás, saliendo de tus palabras como quien no quiere la cosa, y mira que yo intento que no ocurra, pero nada, que no lo consigo. Y entonces luego no me gusta lo que escribo. Bueno, en el momento sí, pero pasadas unas semanas no. No sé si es que no me gusta como o lo que escribo o es que no quiero que se relacione conmigo y... bla bla bla. De todos modos lo que quería decir era eso, que escribir un par de líneas es fácil. Opinión personal.
martes, 31 de mayo de 2011
Comodidad
Hoy te diré que hay tres cosas que no debes olvidar hacer siempre que puedas: ver Los Simpsons si los pillas en la tele, ir a la revisión de un examen, y comerte un pincho de tortilla de patata (medio deshecha a poder ser).
martes, 10 de mayo de 2011
Bueno
Me sienta bien esto porque puedo recordar, y no me siento culpable, ni me duele. Es decir, me gusta recordar la pared y la conversación. Y me acuerdo de unas cosas con mucha nitidez, y de otras con menos, aunque seguro que también estaban bien. Y me gusta más la ropa de colores y no echo de menos eso que pensé que podría faltarme cuando no debería de faltar. Y todavía no tiene cabida el ya te lo dije y el no lo pienses más. Todavía no.
martes, 3 de mayo de 2011
Raro
Paro, paro uno segundo de escribir frasecillas cursilonas, escenitas de cigarrillo y nublado, comeduras de cabeza de sábado por la noche sin plan. Paro porque estrepitosamente he caído en un sinsentido que tiene mucho sentido porque lo escribo yo pero en realidad no tiene ninguno. Y me entendéis perfectamente, así que no pongáis caras raras. Me gusta lo que hago, pero de vez en cuando aclaro que lo entiendo. Es algo que está bien. Los recursos literarios, francamente, los odiaba en el colegio, y soy consciente del uso que les doi de vez en cuando, pero es que ya he entrado en la espiral esa de que ya uno no sabe si escribe natural o en pleno barroco, o si hace una mezcla ecléctica que ya no se si decirte que es mucho peor. Las palabras las vomita ese tema que dicen por ahí mueve el mundo y a la gente y a los perros y a los ecologistas, digo, en su mayoría, porque leyendo y releyendo entradas desde agosto, una cae en que mas o menos habla siempre de lo mismo, y vaya marrón. Yo ya no sé si habrá alguien original por ahí, lo que si sé es que hay quien se cree original, pero, oye, lee por ahí atrás y algo me creeré yo.
De pequeños escribíamos muchos, coge algún cuaderno viejo y algo encontrarás sino lo recuerdas; y a veces te ríes, pero luego encuentras algo hecho con un poco de cabeza y dices, joder, menuda idiota era. Y la verdad es que esa sensación me resulta un tanto desagradable. Y es por eso que escribo esta entrada a modo de inciso, o de paréntesis, chámalle x -que diría mi amiga Elena-, para que no me pase lo mismo en unos diez años, que seguramente me pasará.
De pequeños escribíamos muchos, coge algún cuaderno viejo y algo encontrarás sino lo recuerdas; y a veces te ríes, pero luego encuentras algo hecho con un poco de cabeza y dices, joder, menuda idiota era. Y la verdad es que esa sensación me resulta un tanto desagradable. Y es por eso que escribo esta entrada a modo de inciso, o de paréntesis, chámalle x -que diría mi amiga Elena-, para que no me pase lo mismo en unos diez años, que seguramente me pasará.
viernes, 29 de abril de 2011
Madera
Acabo de darme cuenta de que mi última entrada tiene dos etiquetas que a simple vista parecen incompatibles: Nuevo y Rutina. ¿Algo nuevo puede ser rutinario? (Cara de sorpresa, en plan con la boca abierta y eso) No sé la respuesta a la pregunta, la verdad, suelo hablar de lo que no sé. Es mucho mas interesante; para poder darme cuenta de lo que desconozco, digo. Volviendo al caso, yo creo que sí que es posible. A mi me ha pasado.
Y hoy en Neox ponen Los Goonies (era un dato que no podía omitir).
Y hoy en Neox ponen Los Goonies (era un dato que no podía omitir).
sábado, 23 de abril de 2011
Polen
Quizá haya cosas que no sean comparables, y otras que no tengan receta. Puede ser que a veces sólo... sólo tengas que no pensar y dejarte llevar. Puede parecer una tontería, un par de frases que podrían encontrarse en cualquier best-seller en la estantería de novedades de El Corte Inglés, o de la Fnac, igual me da. Pero creo que son ciertas; no he dicho siempre, sino a veces. Intento convertirlo todo en pura lógica cuando no tiene nada que ver. Ni siquiera matemática, ni mecánica. No es nada, es sólo... espontaneidad.
lunes, 18 de abril de 2011
Quince.
Salió de casa con la cabeza hecha un lío, llevaba así varios días, tirada en la cama sin saber bien que decirse a sí misma. Había quedado hacía diez minutos, y ella no solía llegar tarde a ninguna parte, porque la agobiaba esperar y siempre había tenido empatía. El paso era rápido y decidido, y cualquiera que la mirara desde fuera la vería fuerte y segura, con vida sólida y estable, dinero y estudios, novio y compromiso, vacaciones y sol. Bajaba por aquella calle tan mítica, el mar de fondo, franqueado por dos hileras de edificios con presencia, decimonónicos; adolescentes publicaban sus conversaciones a un par de tonos por encima de la media, jubiladas cargaban bolsas de plástico no biodegradables, amigos se encontraban. Había elegido con calma la ropa que llevaba, sus ojos se destacaban por una sutil línea negra, el pelo se movía muy lentamente con cada movimiento. De pronto se dio cuenta de que estaba haciendo exactamente lo mismo que ocurre en este texto, describía todo lo que veía, dejaba que el viento se colase por donde pudiera y le dijera lo que se podía percibir alrededor.
Luego intercambio besos y nombres, todo va bien, o mas o menos. Mas o menos. Mas o menos se le olvidó cada ramita del árbol, mas o menos se relajó, mas o menos se rió, sonrío, disfruto del paisaje predecible desde lo alto de la azotea de aquel pretencioso edificio de acero negro, que por cierto, alguien debería tirarlo. Encendió un cigarro, se evadió de los grititos de alrededor. Alguien la miraba de esa forma en que nos miran quienes nos conocen y nos quieren, asombrado, desaprobador y divertido a la vez, nunca cambiaría esa cara cuando la veían fumar, pasasen los años que pasasen. Se apoyó en la barandilla y luego llegó más gente, y apagó el cigarro casi acabado, y empezó a llover, y las gotas caían amablemente pidiendo que se marcharan. Volvió a casa y su cabeza estaba hecha un lío.
Luego intercambio besos y nombres, todo va bien, o mas o menos. Mas o menos. Mas o menos se le olvidó cada ramita del árbol, mas o menos se relajó, mas o menos se rió, sonrío, disfruto del paisaje predecible desde lo alto de la azotea de aquel pretencioso edificio de acero negro, que por cierto, alguien debería tirarlo. Encendió un cigarro, se evadió de los grititos de alrededor. Alguien la miraba de esa forma en que nos miran quienes nos conocen y nos quieren, asombrado, desaprobador y divertido a la vez, nunca cambiaría esa cara cuando la veían fumar, pasasen los años que pasasen. Se apoyó en la barandilla y luego llegó más gente, y apagó el cigarro casi acabado, y empezó a llover, y las gotas caían amablemente pidiendo que se marcharan. Volvió a casa y su cabeza estaba hecha un lío.
sábado, 16 de abril de 2011
Divagaciones
Alguien repetía las mismas palabras todo el rato, lo sé porque me las decía a mi. Frases construidas, simples y claras, bum, intolerancia, bum, indiferencia, bum, ineptitud, bum, intimidación, bum, bum bum, in-todoloqueseleocurrió. Y hasta ahí dudaba mucho, mucho mucho mucho, de mi actitud al respecto. Dudaba de verdad, de eso de pensar en si te estarás montando una película, y que si todo va fenomenal y te emperras en complicarlo por algún estúpido prejuicio inculcado en un colegio donde se paga por la ignorancia. Y me viene así a la cabeza, porque acabo de ver una película (de verdad) relacionada con eso, en si igual nos parece que el resto están locos porque no entendemos sus motivos. Puede que este pasando eso, o puede que la objetividad trate exactamente al respecto, y que la vista desde fuera engañe menos. No lo sé, no tengo ni idea. El tópico más tópico de los tópicos dice algo así como que vale la pena equivocarse, que no arriesgarse no implica nada, que si no te tiras a la piscina seguro que no te vas a mojar, ni se te va a pasar el calor; eterno miedo al fracaso. Y en esta cosa tan complicada donde yo no soy la protagonista pero al parecer me veo afectada, no se si eso tiene algo que ver, pero... necesito caminar sobre algo, da mas seguridad. Pero tengo miedo de no escuchar a quien debo porque no me apoyen, y tengo todavía más miedo que a quien no apoyo haga exactamente eso.
sábado, 9 de abril de 2011
Siempre te he querido mucho, hemos tenido una relación que pocos han entendido, nos hemos escuchado durante años, horas. Compartido comidas, libros, críticas, y desahogos de frustración descatalogada. Representando tópicos y más tópicos, a la vez atípicos, espaciales. Esa es la palabra; siempre nos hemos creído especiales, siempre lo hemos sido.
Y ha llegado un momento en que todo se borra, en que la mayor parte de la gente crece, cambia, encuentra, experimenta, dibuja y cambia el acento al hablar. Y nosotras también lo hemos hecho, quizá eso indique que no eramos tan especiales. Pero aún así, todavía me creo que haya habido algo de especialidad en nosotras, porque aunque ciertas cosas se han ido por el desagüe, o, si quieres, se han trasladado al norte o al centro de la península, en cierta media nos hemos mantenido a flote. Sabemos diariamente lo que ocurre en nuestras respectivas vidas, lo analizamos, lo compartimos. Conocemos a quien nos conoce, conocemos a quienes queremos. Hemos aceptado, bien o mal, casi todo lo que estos últimos dos años nos han supuesto a cada una, y 500 kilómetros de distancia, facultades en contraste, amigos incompatibles, lugares opuestos y todo lo que diferencia ambas vidas todavía no habían logrado acabar con esto.
Pero hace un par de semanas decidiste ponerte en peligro, y lo digo así porque es cierto, e igual estoy mucho más chapada a la antigua de lo que creía, o quizás más bien sea desconfiada o mucho más consciente de lo que hasta ahora me consideraba (y vaya decepción, por cierto). Y decidiste también no escucharme, a mi, Ana Irisarri, dueña de absolutamente todos tus secretos tus fallos tus logros tus virtudes y tus defectos, a mi, dueña también parcial de nuestra amistad (si es que podemos llamarla así), dueña de toda esta cursilada concentrada e inevitable que significa todo el cariño y la atención de estos últimos años, mutua pero descompensada. Y en el momento en el que tú, aún sabiendo que tengo el mayor porcentaje de razón que se puede tener en un caso como este, decidiste -otra vez- que yo no era quien, o quizás no tenía la suficiente importancia como para que mis palabras fueran escuchadas y sopesadas con un criterio objetivo, hundiste casi todo en lo que yo creía hasta el momento. Y de todas formas, no es eso, lo que pase ahora conmigo y contigo, lo que mas me preocupa. Sino que sigo, y seguiré, preocupándome por tu estado y tu futuro, por tu seguridad y tu salud, por lo que puedas llegar a hacer, y lo que es peor, lo que puedas llegar a permitir. No entiendes posiblemente todavía el miedo o la angustia que se siente cuando ves algo totalmente ilógico y que anuncia el desastre a punto de llegar a producirse, siendo la víctima además quien le abre las puertas a tal desenlace. Y quizás tu puedas, o quizás no lo sepas, o quizás tenga suerte y no ocurra, pero yo no puedo, y no me lo permite absolutamente nada, quedarme a verlo.
Y sería mucho mas sencillo decirle ¡Hola!, bienvenido a mi vida, pero luego no me dejaras escupirle, y yo, francamente, no me puedo perder un momento que vale tanto. Y además, siempre me gustó complicarme la vida, ¿y sabes por qué? Porque todavía no he llegado a ese mundo paralelo en que las cosas que me importan me son indiferentes. Por lo tanto, no me pidas indiferencia. Y quedarme aquí, allí, donde sea, supone indiferencia.
viernes, 1 de abril de 2011
Catorce.
Abrió el cajón, y le sobrevino un hedor realmente putrefacto; olía entre petróleo y pasta de dientes, con un fondo de goma quemada. Resulta que venía de un líquido blanco, que no tenía ni idea de que era y como había llegado allí, era como un pegamento o un adhesivo de estos de montaje que aparecen en los programas de bricolaje. Fue desagradable, sí, pero vamos, el asco le duró alrededor de un minuto, y después se olvidó, porque que mas daba.
Luego se moría de hambre, suponía que debía ser ansiedad, y se atiborraba a helado y películas pretenciosas, cocinaba a las 2 de la mañana y luego se iba a dormir. Poco a poco dejó de recordar lo que eran las mañanas, poque ya no las vivía nunca. El sol la fastidiaba porque no entendía el calor cuando no estaba predicho, y la oscuridad la de las persianas la llenaba de tal forma que era incapaz de levantar los párpados hasta las 2 de la tarde. Estaba permanentemente cansada de nada, llámalo hastío si quieres, insatisfacción, yo que se lo que le pasaba. Cambiaba de opinión cada 14 horas, entre el momento de la ducha mañanera y las vueltas que daba en la cama durante un par de horas antes de conciliar el sueño. Toda su valentía se había evaporado con el tiempo y los fracasos, y ahora era cobarde, cobarde a morir. Y para colmo, todo salía al revés, provocaba lo que no quería que sucediese bajo ningún concepto, por incómodo, imposible y porque no le gustaba, y lo que realmente quería que ocurriera de una maldita vez quedaba cada vez más lejos y sonaba cada vez mas absurdo, hasta que terminó creyendo ella misma que de verdad, físicamente, estaba en la otra punta del mundo.
Luego se moría de hambre, suponía que debía ser ansiedad, y se atiborraba a helado y películas pretenciosas, cocinaba a las 2 de la mañana y luego se iba a dormir. Poco a poco dejó de recordar lo que eran las mañanas, poque ya no las vivía nunca. El sol la fastidiaba porque no entendía el calor cuando no estaba predicho, y la oscuridad la de las persianas la llenaba de tal forma que era incapaz de levantar los párpados hasta las 2 de la tarde. Estaba permanentemente cansada de nada, llámalo hastío si quieres, insatisfacción, yo que se lo que le pasaba. Cambiaba de opinión cada 14 horas, entre el momento de la ducha mañanera y las vueltas que daba en la cama durante un par de horas antes de conciliar el sueño. Toda su valentía se había evaporado con el tiempo y los fracasos, y ahora era cobarde, cobarde a morir. Y para colmo, todo salía al revés, provocaba lo que no quería que sucediese bajo ningún concepto, por incómodo, imposible y porque no le gustaba, y lo que realmente quería que ocurriera de una maldita vez quedaba cada vez más lejos y sonaba cada vez mas absurdo, hasta que terminó creyendo ella misma que de verdad, físicamente, estaba en la otra punta del mundo.
martes, 22 de marzo de 2011
25 años.
Nunca entenderé del todo porque me llamaron tanto la atención, porque me encantaba verla una y otra vez, y porque si encuentro alguien ahora que me la recuerda, siempre es un buen momento. Los Goonies cumplen 25 años, y como están en esa lista del margen de la izquierda de este blog (que no se del todo bien como titular), me ha parecido una idea rotunda esto de felicitarles el cuarto de siglo que han cumplido. Lo mejor de todo, es que la película no se ha hecho vieja en este tiempo, sino que se mantiene joven con esa panda de crios descarados, de malos malísimos rodeados de un aura de patetismo, de trepidantes aventuras con piedras brillantes escondidas, de casas prefabricadas con orden de demolición, y con una Cindy Lauper de estrella de la música, a quien todavía escucho en algún bar de cuando en cuando.
sábado, 19 de marzo de 2011
Ayer
Y era tan desesperadamente genial caminar por ahí sabiendo que recibiría un empujón tuyo por detrás, subiéndome la adrenalina porque no es como el resto, porque no es como nada, porque es tan jodidamente físico y terminantemente químico, que lo único que sentía era euforia desmedida, y acababa saltando hasta que llegaste y decidiste que ya iba siendo hora de callarme. Porque sabía que no eramos de los que necesitaban palabras, porque tampoco nos necesitamos ya, porque no es tampoco necesario acabarlo, que tampoco lo hemos empezado. Escribo a toda velocidad y las imágenes forma una secuencia inconexa y me sigue hirviendo la sangre de pura adrenalina.
viernes, 18 de marzo de 2011
Porque sí
En mi nevera hay una lata de atún a medias de hace dos semanas, un brick de zumo vacío, media cebolla, unos cuantos huevos, leche, mantequilla, tomate frito y nata en condiciones más o menos decentes, y otro brick que tendré que tirar el lunes de crema de calabaza. En la despensa, un paquete de macarrones y de puré de patatas en polvo.
domingo, 13 de marzo de 2011
Contraposición
La cosa empezó hace muchos años. Me he acordado porque hace una semana me lo dijeron. La frase exacta fue "cuando estas con ellos, eres más como nosotros; cuando estás con nosotros, eres más como ellos", intento pensar que no es cierto, quizá en parte no lo es, porque limita de más.
Nunca me ha gustado ni he querido dejarme seguir por nada, ni siquiera pertenecer, ni ser. Tampoco quiero representar un papel, y es lo que acaba pareciendo. Me da miedo asociarme a algo, puede que después descubra que era incorrecto. No me cuesta decirlo, nunca me ha importado contarle nada a nadie, no es que no tenga intimidad, es que no me importa compartirla. Quizá debería sentarme en mi puf verde, y pararme a pensar quien soy, pero es que me da rematadamente igual.
Nunca me ha gustado ni he querido dejarme seguir por nada, ni siquiera pertenecer, ni ser. Tampoco quiero representar un papel, y es lo que acaba pareciendo. Me da miedo asociarme a algo, puede que después descubra que era incorrecto. No me cuesta decirlo, nunca me ha importado contarle nada a nadie, no es que no tenga intimidad, es que no me importa compartirla. Quizá debería sentarme en mi puf verde, y pararme a pensar quien soy, pero es que me da rematadamente igual.
miércoles, 9 de marzo de 2011
De fondo
Últimamente tengo en la cabeza personas dispares, formas de hablar, clásicos de música, música rarísima, películas de guays de adolescentes, películas mas o menos decentes, ordenadores nuevos, movimientos artístico-culturales-arquitectónicos-existencialistas, discotecas pastilleras, pubes cutres, familia, amigos de antes y de ahora, buses de bajada, trenes de media distancia, sombreados de autocad a líneas y de masa, ropa que no me he comprado; y toda una parafernalia que me forma un barullo tal que así, tal que no me deja escribir nada demasiado coherente.
jueves, 3 de marzo de 2011
Biblioteca
So high
And a come down (with a cough drop?)
And do you know why we were spinning?
I scream
And my nose bleeds
Pasaron cosas, muchas cosas, que se cargaron conceptos de esos que tenia yo antes de venir aquí. De esos sobre los que pensaba yo en el coche cuando iba al colegio.
Party crashin'
In the evening
Y quizá tienen razón y nos hemos vuelto todos un poco locos. De tanto repetir las frases.
To die on your way to the soiree
It's the only way I'll get around!
The lightning bolt of pain, it stays. I feel it all the time
No, no pensamos mucho en lo que hacemos, yo que se.
And heaven was a work in vain
Before you were born... Did it hurt?
Feeling so broken sam.
When I'm drinking...
Leaking problems
I think
That the music's to fast
'Cause my severed legs Passed out on the living room couch
¿Te acuerdas de bajar las cuestas? Por supuesto, era mucho mejor que subir la Gran Vía.
Cuando llegabas al Corte Inglés sabías que estabas a medio camino.
So no that you're dead, and it's not what you expected... it's a drag.
To live again with your friends and living skin, well it's a lonely dream I'll never have
Mola.
The lightning bolt of pain, it stays. I feel it all the time
And heaven was a work in vain
Before you were born... Did it hurt?
Un ratito, de aquí a 10 años.
Stay in the moment you're in.
And a come down (with a cough drop?)
And do you know why we were spinning?
I scream
And my nose bleeds
Pasaron cosas, muchas cosas, que se cargaron conceptos de esos que tenia yo antes de venir aquí. De esos sobre los que pensaba yo en el coche cuando iba al colegio.
Party crashin'
In the evening
Y quizá tienen razón y nos hemos vuelto todos un poco locos. De tanto repetir las frases.
To die on your way to the soiree
It's the only way I'll get around!
The lightning bolt of pain, it stays. I feel it all the time
No, no pensamos mucho en lo que hacemos, yo que se.
And heaven was a work in vain
Before you were born... Did it hurt?
Feeling so broken sam.
When I'm drinking...
Leaking problems
I think
That the music's to fast
'Cause my severed legs Passed out on the living room couch
¿Te acuerdas de bajar las cuestas? Por supuesto, era mucho mejor que subir la Gran Vía.
Cuando llegabas al Corte Inglés sabías que estabas a medio camino.
So no that you're dead, and it's not what you expected... it's a drag.
To live again with your friends and living skin, well it's a lonely dream I'll never have
Mola.
The lightning bolt of pain, it stays. I feel it all the time
And heaven was a work in vain
Before you were born... Did it hurt?
Un ratito, de aquí a 10 años.
Stay in the moment you're in.
viernes, 25 de febrero de 2011
Inciso
Durante el último año he descubierto muchas cosas. Que se puede cambiar, que no se puede ser quien se quiere ser pero si se puede querer lo que uno es. Que las apariencias engañan, que los rolles sociales están en su mayoría equivocados, que la gente se introduce en colectivos para buscarse a si mismos. Me he dado cuenta de que al conocerme siempre me asocian una misma personalidad, y que el noventa por ciento de las veces van por mal camino. He descubierto también muy recientemente que algunos me tratan como a una niña y no tienen la más mínima empatía. He descubierto también que las relaciones con las personas cambian, que evolucionan, que los sentimientos desaparecen, se transforman. He descubierto que uno no puede escapar de su propia esencia, que el subconsciente me perseguirá a donde vaya, y que debo preferir entenderme a mi misma a que los demás me entiendan. He descubierto que se puede querer de muchas formas y hablar de tantas otras. Que ya no estoy enamorada, y que por eso se que lo estuve. Que el mundo es igual a los 15 que a los 20 que a los 30, sólo que a medida que pasa el tiempo hay mas palabras enterradas y las personas aprenden a actuar. He aprendido a respetar la intimidad ajena, y me he descubierto a mi misma inspirando confianza.
martes, 22 de febrero de 2011
Trece
Recuerdo perfectamente clavar mis ojos en los suyos, como un mar embravecido que se contrastaba con el apetecible océano del verano. Miradas eternas que con cualquier otro hubieran resultado o bien incómodas o bien obscenas. Mi mente compara ese azul tan conocido con otros colores más de tierra, más de musgo; y, más rápida que cualquier salto entre fotogramas, pasa a dibujar un momento que no sabe si existió o sólo imaginó, un cruce de miradas infinitamente más tímido y unos labios que se entreabren haciendo lo que se espera de ellos, produciendo un beso ávido y que bien podría ser en technicolor, generando un momento de falsa intimidad y deseo que se esconde tras las puertas de lo que pienso que sería la decencia o lo correcto.
Las dos escenas, cortas y no se sabe si carentes de significado o no, se contraponen, y los cuentos y las películas y los libros que sólo hablan de amor, verdadero y excepcional, sin repetición, le vienen a la mente. Intenta descifrar la verdad, el significado de ambos momentos verdaderamente intensos, más que cualquier otra cosa que hayan podido ser, clavándose las uñas, pasando noches de insomnio intentando buscar bajo las sombras de la noche, momento en que ambas ocurrieron, la razón, los sentimientos, sin darse cuenta del anhelo de amor que corre por sus venas, o eso piensa ella, y sin embargo ella no quiere querer, solo quiere que la quieran. Quiere morir sobre un pedestal construido por otro, y no sabe si le importa de donde procedan sus ojos, no sabe si quiera si le importa sentir el peso de su cuerpo sobre el suyo, si necesita acariciar en compañía las sábanas de una vida colmada de entrecruces intensos de miradas, de escenas de películas rodadas mil veces con protagonistas suicidas.
La ventana lleva abierta todo el día, y el aire sigue igual que por la mañana. No hay metáforas, no hay significados ocultos, se dice. Sólo hay instantes memorables, sólo hay personas importantes. Ella, que solía caminar enamorada, que solía emocionarse más que nadie por una sonrisa infantil, por un comentario de adolescente hormonado. Ella, que acabo por pensar que estaba loca, y lo agradecía a cualquiera que pudiera estar mirándola, daba gracias por conocer lo que su ingenuidad le hacía creer que nadie más había vivido. Ella, que se contradecía cada día que creía que nunca más volvería a sentir el éxtasis de la adoración.
Ella seguirá recordando aquel momento de mares mezclándose, de palabras repetidas, de situaciones olvidadas en las que ya sólo queda lo bueno. Y lo seguirá haciendo porque aunque ya no haya devoción ni mutua ni personal, siempre rememorará esa sensación que muchos todavía no han vivido, quizá para su fortuna, y la comparará con cada pedazo de futuro hasta que se odie tanto por hacerlo que acabe con su propio aliento.
Las dos escenas, cortas y no se sabe si carentes de significado o no, se contraponen, y los cuentos y las películas y los libros que sólo hablan de amor, verdadero y excepcional, sin repetición, le vienen a la mente. Intenta descifrar la verdad, el significado de ambos momentos verdaderamente intensos, más que cualquier otra cosa que hayan podido ser, clavándose las uñas, pasando noches de insomnio intentando buscar bajo las sombras de la noche, momento en que ambas ocurrieron, la razón, los sentimientos, sin darse cuenta del anhelo de amor que corre por sus venas, o eso piensa ella, y sin embargo ella no quiere querer, solo quiere que la quieran. Quiere morir sobre un pedestal construido por otro, y no sabe si le importa de donde procedan sus ojos, no sabe si quiera si le importa sentir el peso de su cuerpo sobre el suyo, si necesita acariciar en compañía las sábanas de una vida colmada de entrecruces intensos de miradas, de escenas de películas rodadas mil veces con protagonistas suicidas.
La ventana lleva abierta todo el día, y el aire sigue igual que por la mañana. No hay metáforas, no hay significados ocultos, se dice. Sólo hay instantes memorables, sólo hay personas importantes. Ella, que solía caminar enamorada, que solía emocionarse más que nadie por una sonrisa infantil, por un comentario de adolescente hormonado. Ella, que acabo por pensar que estaba loca, y lo agradecía a cualquiera que pudiera estar mirándola, daba gracias por conocer lo que su ingenuidad le hacía creer que nadie más había vivido. Ella, que se contradecía cada día que creía que nunca más volvería a sentir el éxtasis de la adoración.
Ella seguirá recordando aquel momento de mares mezclándose, de palabras repetidas, de situaciones olvidadas en las que ya sólo queda lo bueno. Y lo seguirá haciendo porque aunque ya no haya devoción ni mutua ni personal, siempre rememorará esa sensación que muchos todavía no han vivido, quizá para su fortuna, y la comparará con cada pedazo de futuro hasta que se odie tanto por hacerlo que acabe con su propio aliento.
viernes, 18 de febrero de 2011
Azul
Y allí estaba yo, pensando en la ironía de la situación, y en como cuantos nos torcíamos y retorcíamos entre nosotros; nos pisoteábamos y enfadábamos, reprochándonos sandeces. Pero aunque fuese verdad, no me importó. No me importó nada. Me di cuenta, por primera vez creo, de lo divertida que podía ser la vida. Siempre y cuando yo quisiera que lo fuera. Y seguí bailando.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Transmisión
El septiembre pasado, cuando llegué a la residencia donde vivo por segundo año consecutivo, traje, entre maletas gigantes, bolsas a rebosar y cajas colmadas de cosas inútiles, una serie de fotografías para colocar en la pared, por eso de no salirme de los tópicos de las habitaciones universitarias. No obstante, nunca llegué a ponerlas; no por nada en especial, simplemente lo fui dejando para otro día, como se suele hacer muchas veces. Hoy me he acordado de ellas, y en un impulso nostálgico me he puesto a mirarlas. Cronológicamente, las primeras son pequeñas y viejas, y aparece una pareja que, mirándolos con detalle, se parecen bastante a mi. Sonríen algo tímidos pero cómplices a la vez, aunque lo más curioso es la naturalidad que presentan. Avanzando supongo que unos veinte años adelante, aparece una niña rubia también sonriente, pero ya de un modo más forzado, aún así todavía es una sonrisa real de felicidad de dientes de leche, junto a otros rostros más adolescentes en los que ya me veo claramente. Por último, la otra fase de fotografías son mucho mas recientes, tendrán dos o tres años, algunas están empapadas de alcohol, otras reflejan algunos supuestos eventos importantes, y la minoría buenas amistades, donde salen quienes ya no puedo ver tanto como me gustaría.
Describo todo esto, porque hay un factor que me sorprende. Hace unas cuantas décadas, la mayoría de las fotos, exceptuando a un limitado grupo de artistas de la fotografía en los que no pienso entrar ahora -tampoco tengo unos grandes conocimientos al respecto francamente- se hacían mirando directamente al objetivo, con una pose clara y evidente de foto de familia. Y, sin embargo, mis padres en esas olvidadas fotos, a pesar de salir haciendo exactamente eso, parece que me están mirando a mi en vez de a la cámara. Hay mucha mas expresividad en ellos, de la que hay en las últimas fotos mías hechas espontáneamente, donde sale muchas veces gente que supuestamente no repara en que la están fotografiando. Y en mi yo de niña, quizás porque era justamente eso, parece que le digo a alguien lo contenta que estoy de que este en frente de mi en vez de mirar simplemente a la cámara.
Describo todo esto, porque hay un factor que me sorprende. Hace unas cuantas décadas, la mayoría de las fotos, exceptuando a un limitado grupo de artistas de la fotografía en los que no pienso entrar ahora -tampoco tengo unos grandes conocimientos al respecto francamente- se hacían mirando directamente al objetivo, con una pose clara y evidente de foto de familia. Y, sin embargo, mis padres en esas olvidadas fotos, a pesar de salir haciendo exactamente eso, parece que me están mirando a mi en vez de a la cámara. Hay mucha mas expresividad en ellos, de la que hay en las últimas fotos mías hechas espontáneamente, donde sale muchas veces gente que supuestamente no repara en que la están fotografiando. Y en mi yo de niña, quizás porque era justamente eso, parece que le digo a alguien lo contenta que estoy de que este en frente de mi en vez de mirar simplemente a la cámara.
lunes, 14 de febrero de 2011
Clac
He eliminado mi anterior entrada. No debería haberlo hecho, pero quería hacerlo. No, no se porque.
miércoles, 9 de febrero de 2011
No puedo decir que fuese de repente, no es como si me levantase un buen día y me diera cuenta, como si la luz hubiese llegado a mi sobrenaturalmente iluminándome en la clara y evidente verdad. Ya sé que solíamos irnos a la vez, abrir la puerta y salir siempre a la misma hora, pero nunca supe si era pura casualidad o a propósito, que mas da, era realmente una tontería.
Dentro de años quizá no tengamos nada de que hablar, no sé, recapacitaremos un poco que si va a llover y eso, o que al final cuantas te quedan para acabar la carrera, o que bien que estés saliendo con no se quien. ¿Y con quién vives ahora? Ah, estás trabajando, pues que bien, que bien, porque tal y como está la cosa... La verdad no lo imagino así porque es un poco deprimente, pero es lo que suele ocurrir, ¿no? No lo sé.
Hoy me dijeron que el futuro era mio, bueno, no mio individualmente, yo estaba en clase, dentro de un colectivo. El futuro, mio. Creo que no lo quiero, no quiero algo que no voy a conseguir nunca. El futuro como concepto está lleno de esas cosas (mira para arriba, para el párrafo de antes), a ver, el futuro... el futuro implica un pasado; y ahora después de decir eso pondría un emoticono chungo, de estos que se escriben con dos puntos y una ese.
A ver, ¿qué pasó? Si esto fuera cronológico, si estuviera escrito en su momento, o también, sino tuviera tanto terror a equivocarme, preguntaría, ¿qué está pasando? Y la respuesta te la digo yo antes de que contestes, nada. Y es verdad y yo estoy de acuerdo. No, miento, nada es lo que va a pasar, era evidente que la locura se extiende hasta ciertos límites, que yo por aquel entonces no conocía del todo bien. Hacer aquello, ¿esto?, estaba bien, pero la respuesta no es ninguna tontería. Las frasecillas pseudoelocuentes tenían su gracia, admitámoslo, y lo de ponesrse caras, ¡bueno! eso siempre lo he hecho yo, así que tampoco pasa nada. Hey, no pasa nada, no pasará nada, está bien.
Ah, y con eso el futuro y tal, no me preocupo mucho. El día que me pongan el futuro ahí delante, cuando me lo dejen en la puerta, me enfrentaré a él. Pero ya puedo esperar mucho mucho tiempo.
(la cancioncilla de denver es cosa del ya olvidado por su creadora ombligoscaleidoscopicos.blogspot.com)
(la cancioncilla de denver es cosa del ya olvidado por su creadora ombligoscaleidoscopicos.blogspot.com)
lunes, 7 de febrero de 2011
Igual no son tantos
Miles, miles, miles, miles, miles, miles de millones, millones, millones, millones, millones, millones, muchos millones, muchísimos, muchísimos, muchísimos, muchísimos, muchísimos, muchísimos incontables, incontables, incontables, incontables, incontables, incontables, incontables infinitos, infinitos, infinitos, infinitos, infinitos.
Miles de millones, muchos millones incontables infinitos impulsos espontáneos sin pensar en las consecuencias. Que geniales esos que si que las piensan.
Miles de millones, muchos millones incontables infinitos impulsos espontáneos sin pensar en las consecuencias. Que geniales esos que si que las piensan.
viernes, 4 de febrero de 2011
No tiene etiquetas
Es ese momento de despertarse y estar en un limbo, rodeado de plumas y cojines. Y como hace el mar en invierno, se rompe la gigantesca ola. Y naces otra vez, pero con recuerdos; lo que ocurrió, lo que ocurre. Es justo ese momento. El deseo irrefrenable de que vuelva a caer la noche, y te nuble de nuevo la visión y mezcle sutilmente el olvido, la ignorancia, con las sábanas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las
estrellas del sur?
Ah déjame recordarte como eras entonces, cuando aún
no existías.
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces somríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.
Gracias, Neruda.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las
estrellas del sur?
Ah déjame recordarte como eras entonces, cuando aún
no existías.
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces somríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.
Gracias, Neruda.
martes, 1 de febrero de 2011
Abstración
Piensa en el medio, término medio. Podría mencionar a Aristóteles y su justo medio (sin pretenciosidad, lo poco que recuerdo de hace un par de años), pero no es de eso de lo que se trata. No quiero hablar de extremos, sino de mitades, como hablar de la etapa media de un siglo, o de la vida mismamente- no he llegado todavía a esa época y no voy a pecar de hablar de lo que no conozco-. Pero lo que si sé, es que los días, los diálogos, las ciudades, el movimiento está lleno de medios, como de incisos recurrentes en los que sigue corriendo el tiempo. Y así pasa, ¿cuánto recuerdas de ayer? ¿Del año pasado? Me angustia todo lo que he perdido en esos momentos, y paso al lado de ellos sin darme cuenta de que se escapan, como se aleja la gente cuando la dejas irse. No entiendo la prisa, y sin embargo, hace crecer mi angustia, porque es inevitable. Es inevitable que haya momentos rápidos y episodios que no recuerdo, ¿y si dentro de ochenta años, con mucha suerte, caigo en la cuenta de que la mitad de mis días, incluso dos tercios de ellos los he pasado mirando al vacío?
Me he quedado completamente en blanco pensándolo. Tenía la intención de escribir algo, sí, de dar una explicación de todo esto con la que salir airosamente, pero ahora ya no recuerdo nada de lo que iba a escribir. Cuando antes he dicho que todo está lleno de medios, sólo me he dado cuenta de que no puedo hacer nada al respecto. Y ahora han timbrado a mi puerta y he perdido totalmente el hilo de esta entrada. Y tengo que dejarlo así, lo siento.
Me he quedado completamente en blanco pensándolo. Tenía la intención de escribir algo, sí, de dar una explicación de todo esto con la que salir airosamente, pero ahora ya no recuerdo nada de lo que iba a escribir. Cuando antes he dicho que todo está lleno de medios, sólo me he dado cuenta de que no puedo hacer nada al respecto. Y ahora han timbrado a mi puerta y he perdido totalmente el hilo de esta entrada. Y tengo que dejarlo así, lo siento.
martes, 25 de enero de 2011
Ya empezamos
Dijeron que algún día ocurriría, y ahora no puedo con ello con un minuto más.
Y me gustaba mi demasiado particular, y ahora todo se acerca a otro demasiado, y no me gustan las cosas a ciegas y circulares.
lunes, 17 de enero de 2011
No se si tiene explicación
Es como esa sensación... ¿sabes? Ese rollo de querer y no querer... como pensar en lo que no vas a hacer ni de coña pero pensar que vas a hacerlo. Y dar vueltas en la cama.
martes, 11 de enero de 2011
Doce.
Le dijeron que tenía que estudiar para poder hablar de aquella esfera sopesando sus palabras antes de pronunciar una sola, que debían caer lentamente como en un otoño temprano después de largos años rodeada de color beige. Le dijeron también que un día amaría hasta que doliese y entonces su vida carecería de sentido, tendría entonces la sabiduría suficiente para valorarla y después rechazarla, o entregarla por los cimientos de un arduo futuro con un cincuenta por ciento de posibilidades de fracaso, por estadística y experiencia matemática, calculada y carente de errores. Le dijeron que llegaría un momento en que pisaría el producto de su esfuerzo, sin connotaciones negativas, sino literalmente; y se sentiría orgullosa del fruto de sus elecciones. Le dijeron que resolvería dos misterios cruciales que la harían morir con el sentimiento del trabajo bien hecho y la vida cumplida. Le dijeron que, de mayor ya viajaría hasta los confines del mundo si quería, que se maravillaría de palacios de cristal y mares infinitos y que podría apreciarlos y entenderlos con sus conocimientos alcanzados. Le dijeron que lo que consideraba buena música desaparecería para dar paso a sonidos chirriantes y bombillas de bajo consumo. Le dijeron que las noches serían siesta, los amigos ropa de ciclista, las madres hijas, los sacrificios pura rutina.
Y partió el mundo en dos, como pocos antes, como muchos ahora, como quizá la mayoría algún día.
Y partió el mundo en dos, como pocos antes, como muchos ahora, como quizá la mayoría algún día.
lunes, 3 de enero de 2011
Juventud (la sigo teniendo)
Solía ser tan fácil cruzar la acera y llamar por teléfono. Me acuerdo de lo bonita que resultaba la oscuridad, más bien divertida...
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