viernes, 29 de abril de 2011

Madera

Acabo de darme cuenta de que mi última entrada tiene dos etiquetas que a simple vista parecen incompatibles: Nuevo y Rutina. ¿Algo nuevo puede ser rutinario? (Cara de sorpresa, en plan con la boca abierta y eso) No sé la respuesta a la pregunta, la verdad, suelo hablar de lo que no sé. Es mucho mas interesante; para poder darme cuenta de lo que desconozco, digo. Volviendo al caso, yo creo que sí que es posible. A mi me ha pasado.
Y hoy en Neox ponen Los Goonies (era un dato que no podía omitir).

sábado, 23 de abril de 2011

Polen

Quizá haya cosas que no sean comparables, y otras que no tengan receta. Puede ser que a veces sólo... sólo tengas que no pensar y dejarte llevar. Puede parecer una tontería, un par de frases que podrían encontrarse en cualquier best-seller en la estantería de novedades de El Corte Inglés, o de la Fnac, igual me da. Pero creo que son ciertas; no he dicho siempre, sino a veces. Intento convertirlo todo en pura lógica cuando no tiene nada que ver. Ni siquiera matemática, ni mecánica. No es nada, es sólo... espontaneidad.

lunes, 18 de abril de 2011

Quince.

Salió de casa con la cabeza hecha un lío, llevaba así varios días, tirada en la cama sin saber bien que decirse a sí misma. Había quedado hacía diez minutos, y ella no solía llegar tarde a ninguna parte, porque la agobiaba esperar y siempre había tenido empatía. El paso era rápido y decidido, y cualquiera que la mirara desde fuera la vería fuerte y segura, con vida sólida y estable, dinero y estudios, novio y compromiso, vacaciones y sol. Bajaba por aquella calle tan mítica, el mar de fondo, franqueado por dos hileras de edificios con presencia, decimonónicos; adolescentes publicaban sus conversaciones a un par de tonos por encima de la media, jubiladas cargaban bolsas de plástico no biodegradables, amigos se encontraban. Había elegido con calma la ropa que llevaba, sus ojos se destacaban por una sutil línea negra, el pelo se movía muy lentamente con cada movimiento. De pronto se dio cuenta de que estaba haciendo exactamente lo mismo que ocurre en este texto, describía todo lo que veía, dejaba que el viento se colase por donde pudiera y le dijera lo que se podía percibir alrededor.
Luego intercambio besos y nombres, todo va bien, o mas o menos. Mas o menos. Mas o menos se le olvidó cada ramita del árbol, mas o menos se relajó, mas o menos se rió, sonrío, disfruto del paisaje predecible desde lo alto de la azotea de aquel pretencioso edificio de acero negro, que por cierto, alguien debería tirarlo. Encendió un cigarro, se evadió de los grititos de alrededor. Alguien la miraba de esa forma en que nos miran quienes nos conocen y nos quieren, asombrado, desaprobador y divertido a la vez, nunca cambiaría esa cara cuando la veían fumar, pasasen los años que pasasen. Se apoyó en la barandilla y luego llegó más gente, y apagó el cigarro casi acabado, y empezó a llover, y las gotas caían amablemente pidiendo que se marcharan. Volvió a casa y su cabeza estaba hecha un lío.

sábado, 16 de abril de 2011

Divagaciones

Alguien repetía las mismas palabras todo el rato, lo sé porque me las decía a mi. Frases construidas, simples y claras, bum, intolerancia, bum, indiferencia, bum, ineptitud, bum, intimidación, bum, bum bum, in-todoloqueseleocurrió. Y hasta ahí dudaba mucho, mucho mucho mucho, de mi actitud al respecto. Dudaba de verdad, de eso de pensar en si te estarás montando una película, y que si todo va fenomenal y te emperras en complicarlo por algún estúpido prejuicio inculcado en un colegio donde se paga por la ignorancia. Y me viene así a la cabeza, porque acabo de ver una película (de verdad) relacionada con eso, en si igual nos parece que el resto están locos porque no entendemos sus motivos. Puede que este pasando eso, o puede que la objetividad trate exactamente al respecto, y que la vista desde fuera engañe menos. No lo sé, no tengo ni idea. El tópico más tópico de los tópicos dice algo así como que vale la pena equivocarse, que no arriesgarse no implica nada, que si no te tiras a la piscina seguro que no te vas a mojar, ni se te va a pasar el calor; eterno miedo al fracaso. Y en esta cosa tan complicada donde yo no soy la protagonista pero al parecer me veo afectada, no se si eso tiene algo que ver, pero... necesito caminar sobre algo, da mas seguridad. Pero tengo miedo de no escuchar a quien debo porque no me apoyen, y tengo todavía más miedo que a quien no apoyo haga exactamente eso.

sábado, 9 de abril de 2011

Siempre te he querido mucho, hemos tenido una relación que pocos han entendido, nos hemos escuchado durante años, horas. Compartido comidas, libros, críticas, y desahogos de frustración descatalogada. Representando tópicos y más tópicos, a la vez atípicos, espaciales. Esa es la palabra; siempre nos hemos creído especiales, siempre lo hemos sido. 
Y ha llegado un momento en que todo se borra, en que la mayor parte de la gente crece, cambia, encuentra, experimenta, dibuja y cambia el acento al hablar. Y nosotras también lo hemos hecho, quizá eso indique que no eramos tan especiales. Pero aún así, todavía me creo que haya habido algo de especialidad en nosotras, porque aunque ciertas cosas se han ido por el desagüe, o, si quieres, se han trasladado al norte o al centro de la península, en cierta media nos hemos mantenido a flote. Sabemos diariamente lo que ocurre en nuestras respectivas vidas, lo analizamos, lo compartimos. Conocemos a quien nos conoce, conocemos a quienes queremos. Hemos aceptado, bien o mal, casi todo lo que estos últimos dos años nos han supuesto a cada una, y 500 kilómetros de distancia, facultades en contraste, amigos incompatibles, lugares opuestos y todo lo que diferencia ambas vidas todavía no habían logrado acabar con esto. 
Pero hace un par de semanas decidiste ponerte en peligro, y lo digo así porque es cierto, e igual estoy mucho más chapada a la antigua de lo que creía, o quizás más bien sea desconfiada o mucho más consciente de lo que hasta ahora me consideraba (y vaya decepción, por cierto). Y decidiste también no escucharme, a mi, Ana Irisarri, dueña de absolutamente todos tus secretos tus fallos tus logros tus virtudes y tus defectos, a mi, dueña también parcial de nuestra amistad (si es que podemos llamarla así), dueña de toda esta cursilada concentrada e inevitable que significa todo el cariño y la atención de estos últimos años, mutua pero descompensada. Y en el momento en el que tú, aún sabiendo que tengo el mayor porcentaje de razón que se puede tener en un caso como este, decidiste -otra vez- que yo no era quien, o quizás no tenía la suficiente importancia como para que mis palabras fueran escuchadas y sopesadas con un criterio objetivo, hundiste casi todo en lo que yo creía hasta el momento. Y de todas formas, no es eso, lo que pase ahora conmigo y contigo, lo que mas me preocupa. Sino que sigo, y seguiré, preocupándome por tu estado y tu futuro, por tu seguridad y tu salud, por lo que puedas llegar a hacer, y lo que es peor, lo que puedas llegar a permitir. No entiendes posiblemente todavía el miedo o la angustia que se siente cuando ves algo totalmente ilógico y que anuncia el desastre a punto de llegar a producirse, siendo la víctima además quien le abre las puertas a tal desenlace. Y quizás tu puedas, o quizás no lo sepas, o quizás tenga suerte  y no ocurra, pero yo no puedo, y no me lo permite absolutamente nada, quedarme a verlo.
Y sería mucho mas sencillo decirle ¡Hola!, bienvenido a mi vida, pero luego no me dejaras escupirle, y yo, francamente, no me puedo perder un momento que vale tanto. Y además, siempre me gustó complicarme la vida, ¿y sabes por qué? Porque todavía no he llegado a ese mundo paralelo en que las cosas que me importan me son indiferentes. Por lo tanto, no me pidas indiferencia. Y quedarme aquí, allí, donde sea, supone indiferencia.

viernes, 1 de abril de 2011

Catorce.

Abrió el cajón, y le sobrevino un hedor realmente putrefacto; olía entre petróleo y pasta de dientes, con un fondo de goma quemada. Resulta que venía de un líquido blanco, que no tenía ni idea de que era y como había llegado allí, era como un pegamento o un adhesivo de estos de montaje que aparecen en los programas de bricolaje. Fue desagradable, sí, pero vamos, el asco le duró alrededor de un minuto, y después se olvidó, porque que mas daba.
Luego se moría de hambre, suponía que debía ser ansiedad, y se atiborraba a helado y películas pretenciosas, cocinaba a las 2 de la mañana y luego se iba a dormir. Poco a poco dejó de recordar lo que eran las mañanas, poque ya no las vivía nunca. El sol la fastidiaba porque no entendía el calor cuando no estaba predicho, y la oscuridad la de las persianas la llenaba de tal forma que era incapaz de levantar los párpados hasta las 2 de la tarde. Estaba permanentemente cansada de nada, llámalo hastío si quieres, insatisfacción, yo que se lo que le pasaba. Cambiaba de opinión cada 14 horas, entre el momento de la ducha mañanera y las vueltas que daba en la cama durante un par de horas antes de conciliar el sueño. Toda su valentía se había evaporado con el tiempo y los fracasos, y ahora era cobarde, cobarde a morir. Y para colmo, todo salía al revés, provocaba lo que no quería que sucediese bajo ningún concepto, por incómodo, imposible y porque no le gustaba, y lo que realmente quería que ocurriera de una maldita vez quedaba cada vez más lejos y sonaba cada vez mas absurdo, hasta que terminó creyendo ella misma que de verdad, físicamente, estaba en la otra punta del mundo.