jueves, 30 de diciembre de 2010
Érase una vez...
A veces recuerdo historias. Buenos amigos que he tenido, a quienes me he cargado (una vez mas, no se si esa es la palabra correcta), no literalmente, sino a quienes he malinterpretado, supongo. Y me entristece, y los echo de menos. Quizás confundo unas cosas con otras, a la mierda, no quiero ser sutil, igual confundo sentimientos con otros, o relaciones, tipos de relaciones. Es curioso como soy capaz de construir muros de la nada y de repente, como me obceco en echar a gente de mi vida porque no son, porque no quieren ser lo que yo he imaginado que serían. Ojalá fuéramos sinceros hasta la saciedad, pero me duele decir que entonces no habría sobreactuaciones y esas amistades posiblemente jamás habrían existido. Tengo la teoría de que la cuestión es bien simple, y que a veces uno tiene que levantarse un poquito la autoestima con alguien, y eso es todo. Pero en algunas ocasiones no merece la pena. Maldita sea, que banal, tópica y cursi me siento escribiendo esto, pero es que sino... ¿qué hago? ¿Me callo? No estoy acostumbrada. Es un poco como el verano, nadie sabe muy bien para que existe, ni que hacer con él, nada de lo que se construye en ese tiempo ni sirve para nada ni llega a nada, y sin embargo, cuéntame, ¿no lo espera todo el mundo? Empiezo a pensar que el invierno perpetuo no es tan mala idea. Lamento constante y raíces sólidas; entonces no desaparecería todo lo que, de antemano, se sabe que va a desaparecer.
domingo, 19 de diciembre de 2010
Once.
Se levantó con lágrimas en los ojos, y no sabía si era por aquel sueño o es que hacia mucho que no lloraba. Después recordó entre que pensamientos se durmió, y volvió a hacerlo, porque no merecía la pena el dolor "físico" consecuencia de la noche anterior y tenía demasiado miedo de levantarse. Un vez más, dejaba bailar a su cabeza a diestro y siniestro y se le llenaba el alma de oscuridad poco a poco, sin que ella lo notara hasta el final, cuando solo quedaba obsesión y tristeza. ¡Maldito sentimiento de culpabilidad! Encendía cosas que expulsaban luz y sonido, y sin embargo, por mucho que subiera el volumen no escuchaba nada, y era una mierda porque necesitaba escuchar algo. Encontraba consuelo en ser tajante y pragmática, como si todo fuera matemático y hubiera una puta incógnita que tarde o temprano se resolvería. Pero ahí no había nada que despejar, en realidad la que se estaba ocultando era ella; como si el resto no pudieran verla solo porque ella no quisiera. Y se le había agotado la paciencia.
viernes, 17 de diciembre de 2010
Teoría del pavimento blanco
Línea a línea intento transmitir los barullos inconscientes (seguro que tu también los tienes). Y me pongo frente al teclado, y nada, la espiral sigue latente hasta en las palabras todavía no escritas. Quizá no haya que ordenarlo todo, y esto no sea un puzzle y tenga lógica que haya piezas que no encajen. Me consuela un poco esa idea.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Disculpen, pero...
¿Qué pasa con las relaciones? Es decir... ¿cómo mueren? ¿Lo hacen solas o hay un detonante? No me refiero sólo a las amorosas, sino a las relaciones de cualquier tipo, ¿qué es lo que acaba con ellas? ¿Hay algo concreto? A veces desaparecen paulatinamente, poco a poco, sin que uno se de cuenta, y de pronto, se acabó; y a otras les ponemos fin. ¿De dónde sale la diferencia?
Estos días he estado pensando porque generalmente sólo se permite romper con las relaciones amorosas. Que ocurre cuando una amistad no da mas de sí, cuando las personas cambian, o muestran una cara desconocida, porque parece como si tuviéramos que aceptarlo, o adaptarnos. Si se tratase de un emparejamiento es posible que no lo permitiéramos, que decidiéramos dejar a un lado a ese individuo, y sin embargo, tratándose de una relación amistosa o fraternal, sentimos la necesidad, no, perdón, la obligación de entender esa nueva situación. ¿Porque ese tópico de darse un tiempo no puede aplicarse a cualquier clase de vínculo emocional? Quizá haya algún tipo de prejuicio establecido por el que sólo podamos controlar nuestra vida amorosa pero no nuestra compañía habitual.
La sociedad, y ya no hablando en general, sino la sociedad particular de cada uno, la gente más cercana, comprende los conflictos y enfados amorosos de un modo directo, sin embargo, cuando se encuentra ante una decepción distinta a esta, parece que no hay lugar a un corte radical. No se si me explico bien, parece que siempre puede haber un motivo para un final con una pareja, estable o no, pero no para una amistad. No así tan de repente.
Es extraño porque, el amor es algo la mayor parte de las veces efímero, y en cambio, el sentimiento de la amistad comparte y conoce más. Y, por lo tanto, tiene el poder de generar mucho más daño. E increíblemente, es mucho mas esperable el sufrimiento por una relación sentimental. Y mucho mejor visto el dolor por ella.
Somos capaces de apartar de nuestra vida de un día para otro a alguien a quien supuestamente amamos por encima de todo, pero no consideramos que con quien compartimos rutina y confidencias pueda dar una razón para dejar de hacerlo. ¿No son ambas personas capaces de fallar del mismo modo aunque la relación sea distinta?
Estos días he estado pensando porque generalmente sólo se permite romper con las relaciones amorosas. Que ocurre cuando una amistad no da mas de sí, cuando las personas cambian, o muestran una cara desconocida, porque parece como si tuviéramos que aceptarlo, o adaptarnos. Si se tratase de un emparejamiento es posible que no lo permitiéramos, que decidiéramos dejar a un lado a ese individuo, y sin embargo, tratándose de una relación amistosa o fraternal, sentimos la necesidad, no, perdón, la obligación de entender esa nueva situación. ¿Porque ese tópico de darse un tiempo no puede aplicarse a cualquier clase de vínculo emocional? Quizá haya algún tipo de prejuicio establecido por el que sólo podamos controlar nuestra vida amorosa pero no nuestra compañía habitual.
La sociedad, y ya no hablando en general, sino la sociedad particular de cada uno, la gente más cercana, comprende los conflictos y enfados amorosos de un modo directo, sin embargo, cuando se encuentra ante una decepción distinta a esta, parece que no hay lugar a un corte radical. No se si me explico bien, parece que siempre puede haber un motivo para un final con una pareja, estable o no, pero no para una amistad. No así tan de repente.
Es extraño porque, el amor es algo la mayor parte de las veces efímero, y en cambio, el sentimiento de la amistad comparte y conoce más. Y, por lo tanto, tiene el poder de generar mucho más daño. E increíblemente, es mucho mas esperable el sufrimiento por una relación sentimental. Y mucho mejor visto el dolor por ella.
Somos capaces de apartar de nuestra vida de un día para otro a alguien a quien supuestamente amamos por encima de todo, pero no consideramos que con quien compartimos rutina y confidencias pueda dar una razón para dejar de hacerlo. ¿No son ambas personas capaces de fallar del mismo modo aunque la relación sea distinta?
martes, 30 de noviembre de 2010
Diez.
Escondida detrás de la cama; el té, rojo y caliente, está preparado, el cigarrillo echa humo, y fuera los campos se congelan y todo se vuelve un poco gris bonito. Piensa en lo cómodo del día cuando se acaba, y recurre a la música un rato largo, bebe un sorbo de té. Aspira el aire, que es una mezcla de adicción y poemas, que le hacen recordar que todos los años pasa lo mismo, pero que a ella siempre se le olvida. Se recoge un poco, de ese modo en que algunos se recuestan cuando están a gusto, como volviendo a lo que cada día se vuelve más lejano. Deja la mezcla de sonidos, tinta y vicios habituales, para cerrar los ojos y hacer balance; cae en la cuenta de que al final el tema es la espiral de siempre. Maravillada y atónita por la conclusión, sonríe y se alegra, porque después a todos nos pasa igual con eso de las cosas cuando se vuelven sencillas. Aparece algún fantasma que sugiere que la simpleza no justifica nada de nada, pero escondidas detrás de la cama hay una taza vacía y una colilla más, y la jornada se acaba en demasiados sentidos. Fuera el aire es cada vez más frío y la tierra sucumbe a la lluvia.
lunes, 29 de noviembre de 2010
sábado, 27 de noviembre de 2010
Nueve.
Estaba allí, desde la esquina, observándolo todo, como si fuese la clase de persona que observando juzgara y juzgara observando, como quienes se visten de colores o van con el pelo rizado, para demostrar vete tu a saber el que. Pensando en perspectivas, odiando ver desde fuera lo que se siente desde dentro. Rodea los amores nocturnos, como si fuera lícito llamarlos así, tomando conciencia de lo primitivo de la situación.
Y de repente, ¡hecatombe! anda que ella era no así, que no, que el tiempo le pasa distinto y la gente la mira de otro modo. Mira que, vayas mentiras más burdas y que comportamiento más anodino, fíjate que todos nacimos de lo mismo, y a todos se nos aplica de la misma manera.
Todos los coches rojos, los vestidos blancos, las canciones alternativas, las películas intimistas, los clavos ardiendo, todos los pubs retro de la esquina y los de los sofás raídos, los que cantan, los que pintan, dibujan escriben y saltan; todos lo mismo. Reflejo tras reflejo de lo que quieren ser y no son, de lo que son y quieren ser, de lo que siempre fueron y ahora ya no quieren ser. Ocultando los viejos hábitos para que en un descuido caiga cada cambio imperativo.
Y nada, que desde la esquina se ve cada mota de polvo, y la luz no engaña, ni siquiera la distancia. Y el pánico de saber demasiado o quizás entonces ya no saber nada, porque que haces cuando la falsedad no está escondida y conocer lleva a lugares inhóspitos y tétricos.
Cuando escribes lo que te da la real gana, y los demás con miramientos lo rechazan porque se rizan el pelo y se visten de colores, cuando miras, actúas, ríes y mientes como aprendiste desde ahí, desde la esquina al ver que todo es como es y que las apariencias en realidad no engañan, porque el engaño es cosa de locos con complejos de loco encerrado.
Y de repente, ¡hecatombe! anda que ella era no así, que no, que el tiempo le pasa distinto y la gente la mira de otro modo. Mira que, vayas mentiras más burdas y que comportamiento más anodino, fíjate que todos nacimos de lo mismo, y a todos se nos aplica de la misma manera.
Todos los coches rojos, los vestidos blancos, las canciones alternativas, las películas intimistas, los clavos ardiendo, todos los pubs retro de la esquina y los de los sofás raídos, los que cantan, los que pintan, dibujan escriben y saltan; todos lo mismo. Reflejo tras reflejo de lo que quieren ser y no son, de lo que son y quieren ser, de lo que siempre fueron y ahora ya no quieren ser. Ocultando los viejos hábitos para que en un descuido caiga cada cambio imperativo.
Y nada, que desde la esquina se ve cada mota de polvo, y la luz no engaña, ni siquiera la distancia. Y el pánico de saber demasiado o quizás entonces ya no saber nada, porque que haces cuando la falsedad no está escondida y conocer lleva a lugares inhóspitos y tétricos.
Cuando escribes lo que te da la real gana, y los demás con miramientos lo rechazan porque se rizan el pelo y se visten de colores, cuando miras, actúas, ríes y mientes como aprendiste desde ahí, desde la esquina al ver que todo es como es y que las apariencias en realidad no engañan, porque el engaño es cosa de locos con complejos de loco encerrado.
martes, 23 de noviembre de 2010
Repetición
El mismo desequilibrio, las mismas palabras, las mismas conclusiones. Cambia el escenario.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Inserte aquí un título
No lo entiendo. De verdad que no lo entiendo. De donde salen los impulsos, a la vez que sentirse confuso, y el remolino de emociones se dispara y todo se vuelve tan... tan como de plan maquiavélico, pero como bueno, y a la vez tan extraño, y sólo me siento cursi otra vez, porque de verdad, de verdad que no puedo evitarlo. Y no quiero decir y ya está porque lo digo siempre y... y otra vez la confusión esa porque no se me ocurre otra cosa. Y es que ni siquiera es concreto ni real ni absurdo ni espiritual ni melodioso ni armónico y no, ni puedo verlo como un tópico, lo siento. Es demasiado humano, incluso llega a ser específico, es extravagante, joder. Insultante, incluso. No hay conclusiones, ni divagaciones, ni nada. Es como ver bailar cabras y decir, pues vale. Carece totalmente de sentido.
Es genial.
Es genial.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Ocho.
- Confieso que no me gustan las verdades, y mucho menos las que vienen de repente. Imagínate, es como un gran agujero negro que de pronto se cargue todo; Todo, ¿sabes lo que sería eso? Desaparecer, así sin más, en dos segundos, literalmente.
- ¿Para ti las verdades es cómo si todo desapareciese de golpe?
- Algo así. Es difícil de explicar.
- Lo entiendo pero, creí que no eras una persona constante.
- Y no lo soy, pero eso no significa que me gusten los cambios repentinos.
- No suelen ser repentinos.
- También lo sé, pero siempre me lo parecen. Es como si no viese la realidad hasta el último minuto, ¿sabes? Es siempre todo mucho más simple de como me lo imagino, y tiene la facultad de sorprenderme.
- ¿El qué? Creo que me he perdido.
- Yo también, siempre me pierdo, igual ese es el problema.
- Ahora sí que ya no entiendo nada.
- Yo tampoco.
- ¿Para ti las verdades es cómo si todo desapareciese de golpe?
- Algo así. Es difícil de explicar.
- Lo entiendo pero, creí que no eras una persona constante.
- Y no lo soy, pero eso no significa que me gusten los cambios repentinos.
- No suelen ser repentinos.
- También lo sé, pero siempre me lo parecen. Es como si no viese la realidad hasta el último minuto, ¿sabes? Es siempre todo mucho más simple de como me lo imagino, y tiene la facultad de sorprenderme.
- ¿El qué? Creo que me he perdido.
- Yo también, siempre me pierdo, igual ese es el problema.
- Ahora sí que ya no entiendo nada.
- Yo tampoco.
martes, 9 de noviembre de 2010
Notoriedad
Me gustaría llegar a las trascendencia total, absoluta y notable. Despojarme de mi educación varia, de mis prejuicios, de mis añoranzas, de mi tiempo vivido y mis etapas, de mis gustos y sentimientos, de las relaciones pasadas, de la banalidad recurrente y la poca filosofía que conozco y la pobre que intento construir. Me gustaría llegar, y que de verdad existiera -que ojalá exista- a la espiritualidad objetiva, a la crítica, o más bien, la reflexión real, alejada del mundo como lo conocemos o como soñamos que sea o como pretendemos vivirlo, y dedicarme de verdad a ello, tener los conocimientos neutros y la inteligencia necesaria para llegar a ese punto imposible.
Cada vez que leo, que veo, que observo y que entiendo algo relativamente profundo, por escoger una palabra, porque realmente no tengo ni idea de como describirlo, lo pienso. Quizá me haya vuelto completamente loca, o sea demasiado rara, o intente alcanzar algo más de lo que me han impuesto o me han pedido o se espera de mi, pero empieza a convertirse en necesidad. Algo más, algo de verdad, algo que no sea un vano intento de comunicarme con el mundo del que dentro de años me arrepienta de haber escrito, me arrepienta y me avergüence, para colmo. No una canción desesperada, ni un barullo dramático, sino algo consciente y atrevido, hecho con la mayor objetividad, sincero y selectivo, sin vocabulario complicado, sin realidad tal y como la concebimos y ausente de preguntas retóricas.
Ellos, aquí, se han acercado:
Cada vez que leo, que veo, que observo y que entiendo algo relativamente profundo, por escoger una palabra, porque realmente no tengo ni idea de como describirlo, lo pienso. Quizá me haya vuelto completamente loca, o sea demasiado rara, o intente alcanzar algo más de lo que me han impuesto o me han pedido o se espera de mi, pero empieza a convertirse en necesidad. Algo más, algo de verdad, algo que no sea un vano intento de comunicarme con el mundo del que dentro de años me arrepienta de haber escrito, me arrepienta y me avergüence, para colmo. No una canción desesperada, ni un barullo dramático, sino algo consciente y atrevido, hecho con la mayor objetividad, sincero y selectivo, sin vocabulario complicado, sin realidad tal y como la concebimos y ausente de preguntas retóricas.
Ellos, aquí, se han acercado:
lunes, 8 de noviembre de 2010
Morriña, que se suele decir
Me pregunto por eso de las ideologías, hasta que punto pueden convivir varias personas con distintos objetivos, viviendo en mundos paralelos. Y mirando hacia atrás como si fuese de verdad vieja, me doi cuenta de que se puede llegar muy lejos. Que bien.
lunes, 1 de noviembre de 2010
sábado, 30 de octubre de 2010
Realidad paradójica
Me gustaría establecer, ya que estudio Arquitectura, una analogía, bueno, más que eso yo creo que es un símil, entre los tipos de perspectivas en el dibujo y en la realidad. Los que sepan un poquito aunque sea de dibujo técnico, podrán diferenciar entre dos tipos de vistas y representación: la axonometría y la perspectiva lineal. En la primera el dibujo se hace a partir de tres ejes, las tres direcciones del espacio, y tomando paralelas de ellos construimos la figura en cuestión. En la perspectiva lineal, nos encontramos en cambio con uno, dos o tres puntos de fuga, es decir, lugares geométricos a donde se dirigen las líneas del dibujo, por explicarlo muy coloquialmente.
Lo importante de esto es que la figura real, con sus medidas reales, sus proporciones y su forma, solo se ve en la axonometría; si queremos extraer información de la figura lo más útil sería esta clase de vista. Pero curiosamente, a pesar de ser la axonometría la mas real, la perspectiva lineal es la que nos muestra como ve el ser humano la figura, como según nuestra posición cambiará nuestra forma de observarla y apreciarla.
Por lo tanto, y llegando ya a lo que quería comentar, la cuestión es, ¿cuál es entonces la verdadera, la real? ¿Es más correcto, y por lo tanto en este caso más auténtico, mostrar la realidad como lo que el ser humano aprecia, o como lo que realmente es? ¿Realidad para nosotros es verdad total o visión humana?
Comparando con nuestra percepción del mundo, de lo que nos sucede, de lo que observamos, ¿desde dónde deberíamos de verlo? Si la figura real y perfecta, esa que creamos con la axonometría, no se da en la realidad, ¿es entonces real? Quizá cuando intentamos estudiar cada situación desde fuera, racionalmente, estamos cometiendo el error de intentar ser tan perfectos hasta el límite de querer alcanzar algo inexistente. Y si nos decantamos por ver la vida desde una perspectiva humana, como la lineal, tendremos siempre una visión "real", entre comillas, porque bien sabemos que está influenciada por la visión del hombre, que formalmente no es así.
Así pues, ¿qué elegimos? Que es mejor, ¿la realidad, realidad; o nuestra falsa realidad, pero nuestra al fin y al cabo?
domingo, 24 de octubre de 2010
Siete.
Entornó un instante los ojos, que habían recuperado algo de esa luz plateada. Caminó lentamente por el puerto, con pasos inseguros, con miedo por esa extraña sensación de no sentir que se caía. Paraba de vez en cuando a recuperar el aliento, a pesar de que no sentía ningún cansancio. Pero todo era culpa de ese terror con el que se escondía. En aquellas horas nocturnas podía sonreir sin que la vieran, sin que la culparan por brillar un instante. Parecía que había encontrado el modo de comportarse de un modo racional, y le dolía. Echaba de menos los impulsos y la melancolía. Estaba llena de sensaciones conocidas, y lamentablemente no demasiado intensas, lo justo para acariciar la normalidad, ese maldito enemigo suyo. No había perdido su personalidad, solo tenía que buscarla si quería, pero suponía demasiado esfuerzo. Y, joder, le venía bien un poco de estabilidad. Sólo por esta vez, se dijo. Y siguió caminando.
domingo, 17 de octubre de 2010
Casi una entrada
Llevo un par de días dándole vueltas a la palabra casi. Oficialmente significa algo así como por poco o con corta diferencia, pero yo no le encuentro mucho sentido. Es decir, ¿cuánto significa casi? Entiendo la necesidad de hablar de aproximación pero... la encuentro una palabra desesperada. Me transmite intento, fracaso. Casi aprobé, casi llegué, casi pude; y, si con suerte es al contrario, me transmite miedo, miedo por no haberlo casi logrado. Es una paranoya mental bastante tonta, pero en realidad si lo piensas es electrizante. Porque entras en un bucle, como cuando te pones a pensar y pensar y llegas al origen del universo, y te asustas, porque no tienes respuestas; más que nada, porque sabes que nunca llegarás a tenerlas. Somos casi perfectos dicen, pues en el casi es donde fallamos. Por poco y con corta diferencia.
sábado, 9 de octubre de 2010
Redireccionando
Releyendo el blog me he dado cuenta de la repetición de mis palabras, de la facilidad con la que se puede usar el prefijo -re refiriéndose a mis entradas. A modo de defensa personal me excusaré diciendo que de antemano conocía el dramatismo y el fondo de empalagosidad mezclada con estupidez adolescente antes de utilizarlas. Y como opino que la sinceridad no debería tratarse de justificación... algo haré. Y lo dejo así tan sin acabar, porque esto es más un comienzo que un final.
lunes, 4 de octubre de 2010
Asterisco
Que fácil parece a veces...
... mirar el reflejo del espejo.
En mi búsqueda de la felicidad
me vi interrumpido por la metafísica.
Escribo sobre ti desde hace mucho
incluso antes de conocerte.
martes, 28 de septiembre de 2010
"Me fui, claro que me fui. Me fui por una sencilla razón, tú nunca serás feliz. Creo que vives mejor en tu mundo imaginario, creo que cuando consigues algo real nunca estás satisfecha. No podía pasar el resto de mi vida con alguien que nunca será feliz conmigo. Creo que no hay nadie menos desesperada que tú, eres la persona con más esperanza que conozco. Vives de esperanza, conmigo ya no la necesitabas, por eso no eras de verdad feliz. No basta con quererte ni con que me quieras. Contigo, nunca basta."
domingo, 26 de septiembre de 2010
Seis.
Y murió presa de lo torcido de sus caminatas por el puente derruido, al tiempo que suplicaba por no huir, al tiempo que se cercioraba de que no lo estaba haciendo. Había esperado con la mirada vacía y el alma enganchada a una droga hipotética y banal, produciendo alientos cosechados con vidas ajenas llenas de potencial absurdo y que a ella nada le transmitían. Sentada en una vieja tabla que se pudría más por dentro a cada pensamiento caído y adictivo. Nada podía paliar su obsesión y sumergiéndose en lo dramático de su situación, en el líquido más negro y más manido y más visto y más amargo y más retorcido y más abstracto y más ausente, se ahogó.
martes, 21 de septiembre de 2010
Señalización esquizofrénica
Me fascina el pensamiento y la intuición humana. Me fascina la percepción del tiempo y la distancia, como discierne de unas situaciones a otras, como se deja arrastrar por sentimientos catastróficos y humeantes. La magnitud de cualquier palabra puede ser tan brutal que me hace desear estar lejos de mis sentimientos. Ya no puedo ni confiar en mi racionalidad y sin embargo no creeré un solo consejo ni de los que más quiero, y no aceptaré la realidad, y es porque no la conozco. Y cuando llega ese momento, ese momento de decidir si me encuentro cara a cara con la verdad del pasado y del presente, con la claridad de los hechos y las miradas de los que parece que caen, del que parece que cae, de él, me pregunto si tengo todavía la capacidad de interpretar las señales, si existen, si es cierto que quien ama se vuelve retorcido y miserable hasta el punto de hacer daño a lo que más quiere. Y me pregunto también si quizá me alimento de esperanza en vez de de realidad, si vivo en ese mar de recuerdos y es lo que me sostiene y si, como diría Sabina, tal vez no seas tú... el hombre de mi vida.
Y puesto que jamás podré recibir como un dogma la verdad total y absoluta y creer en ella hasta el límite de recorrer el camino cuyo final hace tiempo que debería haber dejado atrás, me conformo con seguir de nuevo esa intuición con la que empece esta entrada. Y a los hechos me remito y me remitiré, ya que es quizá mi intención y mi intuición, aprovechando que las palabras se parecen, el que ya solo quede yo como testigo de esta historia.
Y puesto que jamás podré recibir como un dogma la verdad total y absoluta y creer en ella hasta el límite de recorrer el camino cuyo final hace tiempo que debería haber dejado atrás, me conformo con seguir de nuevo esa intuición con la que empece esta entrada. Y a los hechos me remito y me remitiré, ya que es quizá mi intención y mi intuición, aprovechando que las palabras se parecen, el que ya solo quede yo como testigo de esta historia.
domingo, 19 de septiembre de 2010
1010.
Una vez más, duele un poquito que no estés. Pero menos cada vez. Siempre menos. Dicen que ese es el lado positivo. A mi que me registren.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Cinco.
Siempre se pregunta como es posible su bipolaridad, ese cambio de parecer tan absurdo y decisivo que se produce cada trimestre a manos de un figurante que cree suyo el saber del mundo. ¿Es todo falso e imaginación suya o es que nada en equívocos? Quizá tanto amor propio sea la causa de sus pequeñas e insulsas desgracias y quede rezagada creyendo ser representada por ese espectro que cree ser y ya no es y nunca será.
Pobre, es una princesa apaleada y delirante encerrada en una parodia triste de película de Disney. Endulza su vida obsesionada con tener empatía cuando en realidad siente lástima. Y conoce de sobra la envidia que toma como un castigo de sus altas expectativas. Reduciendo a cada paso su espíritu, maldiciendo el tiempo y la edad, aspirando cada ínfima cantidad de esperanza en el amor que tienen los que aún no la han conocido, o quienes han rehusado su compañía.
Ah, la especialidad maldita.
Pobre, es una princesa apaleada y delirante encerrada en una parodia triste de película de Disney. Endulza su vida obsesionada con tener empatía cuando en realidad siente lástima. Y conoce de sobra la envidia que toma como un castigo de sus altas expectativas. Reduciendo a cada paso su espíritu, maldiciendo el tiempo y la edad, aspirando cada ínfima cantidad de esperanza en el amor que tienen los que aún no la han conocido, o quienes han rehusado su compañía.
Ah, la especialidad maldita.
martes, 14 de septiembre de 2010
Cuatro.
Es un alma egoísta dirigida por el odio a la felicidad ajena y la rabia producida por la misma. No le gusta, pero no se aleja. Tampoco tiene distancia para hacerlo.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Relatividad versionada
Hoy vas a equivocarte. Vas a mandar a la mierda el equilibrio y la estabilidad mental, vas a relegar en otro el control, y lo harás sonriendo. Porque quieres, y porque puedes. Mirarás al frente y andarás como si no hubiese futuro, o como si todo lo que hay a partir de ahora lo es, ambas cosas significan lo mismo. Decidirás llevar a cabo cada locura, te meterás en sinsentidos y dejarás de pensar, solo actúa. Y continua, hazlo, y vuélvelo hacer... Imagínate en un videoclip, caminando por la calle con lluvia y cantando, haciendo caso omiso a esos hombres grises que entristecían las historias de Michael Ende. Métete de lleno en ese puto tópico, regodéate en la autocompasión, espera a que las cosas se solucionen por sí solas. No busques, solo camina, solo muéstrate, un poco, lo justo para ser superfiical. Vuélvete a equivocar. Llora, siente que tu desgracia es inimaginable, considérala nueva, piensa que esta vez es de verdad, que está vez tienes motivos para sentirte lleno de mierda. Deja que te vean, que te oigan, que se encanten, que se mueran por conocerte mejor, para que luego puedas decirles adiós, sea o no por voluntad propia. Fuma, cigarro tras cigarro, absurdo tras absurdo, pensando que de verdad te está calmando. Pierde completamente la visión real del mundo, cierra los ojos y deja que fluya. Sumérgete en las luces de neón y siente el final del mundo. Y despierta a la mañana siguiente preguntándote porque coño sigues soportándolo, porque parece que buscas una solución pero nada se soluciona. Ponte de buen humor y ríe, ríete de ti mismo, ríete contando a alguien la historia que te hacia llorar esa misma mañana, siente la mentira corriendo por tu cuerpo. Escucha un poco de buena música, aprende algo de cine y estudia una carrera, y ahí lo tienes. Son tuyas, todas esas sensaciones.
sábado, 11 de septiembre de 2010
De la arrogancia y otras costumbres
No hay a quien le gusten los arrogantes. No están bien vistos, no se puede mantener una conversación con ellos y generalmente nunca se dan cuenta de que lo son. Pero es cierto que tampoco los inseguros son demasiado llevaderos; no saben decir que no, y suelen intentar engañar con apariencias. Pues bien, ¿dónde está el límite? Donde está la normalidad, donde se cruza la línea, y, sobretodo, cual es la mejor opción para sobrevivir. Y el derecho. ¿Quién tiene derecho a empaparse de soberbia y caminar como si volara por encima del resto de viandantes? ¿Es el físico, la inteligencia, las cualidades, el encanto? En ausencia de cualquier facultad de ese tipo, ¿no hay opción al orgullo?
No me voy a mojar y no voy a responder, y sí tengo una opinión, en realidad no son preguntas retóricas. Pero sí voy a decir que hay un pequeño placer en la vanidad. Que la arrogancia ayuda a salir de situaciones airosamente, aunque sea solo en la mente del afectado en cuestión. Ser orgulloso tranquiliza. Proporciona un escudo, una protección contra cada cristalito que cae, cada pequeña decepción se puede pintar un poco por encima y crear esa sensación de falta de achaque. O no, incluso puede llevar al resto a creer que la alteración es en el momento en que se produce comprensible y correcta; al resto o a ti mismo, que es mas importante.
Iba a decir que no estoy defendiendo el engreimiento, pero sería una hipocresía dado lo que acabo de escribir, y como he visto mucha de esa mierda últimamente, no pienso repetir el comportamiento. Puedo decir que lo estoy justificando, ese comportamiento, digo. La seguridad es necesaria, por supuesto sin altanería, pero necesaria. Su exceso lleva a eso que llamamos arrogancia y que resulta tan irritante, pero a veces es inevitable, a veces hay que cruzar la línea y punto. Igual que a veces hay que comerse toda la tableta de chocolate, o irse de fiesta el fin de semana antes del examen.
martes, 7 de septiembre de 2010
Yo le llamaría más bien melancolía
Tú, hombrecillo vestido de gris que camina por la sombra; tranquilo, en aquel lugar todavía te recuerdan. Aún se acuerdan de tu sonrisa y tu especialidad rocambolesca. Así que vuelve, con eso que arrastras si quieres, pero vuelve, que sabes que puedes. Anda, levántate y deja de dejarte llevar por los espectros de lo fácil. No seas ingenuo, que eso no lo arreglará todo, pero igual hasta ayuda. Bueno, que eso, que continúes un rato, que hay quien te sigue y sufre. Venga, a ver si eres otra vez un poco extravagante y algo excéntrico, y si tienes suerte, te mirarán raro por la calle de nuevo y caerás mal a los idiotas.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Otra vez
Estoy en uno de esos momentos en que me siento capaz de profundizar sobre cualquier cosa. Me siento como si estuviera lejos, más alla del mundo y de cualquier universo, como si mi cabeza estuviera de un modo constante dentro de un lugar, o un áura, o un ámbito, o un espacio, o un aire, místico. En cualquier caso, me siento tan etérea en este momento que no soy ni capaz de construir ninguna frase lo suficientemente coherente como para que pueda expresar lo que me pasa. Se que esto que estoy escribiendo resulta de lo más extraño, y que no dice nada, pero es que si no me desahogo no llegaré a saber nunca que es lo que estoy buscando y el porque de mi decepción por no encontrarlo. Observo una escena romántica en la tele en estos momentos, y a pesar de quedarme mirando a ella durante un rato, no siento nada. No es que el problema sea que no me emocione, sino que tampoco ocurre lo contrario, ni me parece una horterada, ni un tópico, ni una frivolidad. Y ya está. Y me pasa eso con la película, y me pasa eso con las conversaciones, y me pasa eso con los colores; y me pasa eso con cualquier cosa que me pasa. Entonces imagino una nube, y contiene una pregunta, una de esas tan sencillas y que normalmente no tienen una respuesta concreta: ¿y ahora qué? Pues nada, ahora nada. Como siempre a esperar a que me canse del drama.
sábado, 4 de septiembre de 2010
Tres.
En su recuerdo vió las paredes decoloradas, que habían llegado a ese indefinido tono gris, que mas bien parecía sucio. Las molduras del techo, antiguas y clásicas, pero de un modo agradable, inspirándote una rara confianza, como de casa de abuela. La lámpara sesentera, redonda y blanca; apagada, siempre apagada. Su mirada descendió hasta el suelo, la moqueta color arena... Periódicos viejos apilados en una esquina, junto a una columna de valiosos vinilos olvidados, que ella misma rescataría tiempo después. Le vino a la mente el olor del amor, de la humildad de la juventud y las historias arrolladoras. La cama con su colcha desgastada, las sábanas no demasiado ásperas, y su silueta en la penumbra, tendida sobre ellas. Buf, que fácil era recordar. La estantería de pino, cargada de volúmenes clásicos, de esos que antaño se leian, y, en menor medida, de objetos típicos pero curiosos, provenientes de los escasos viajes que se hacían en aquella época. El escritorio, siempre vacío, siempre eterno...
Visualizó el reflejo de ambos en el espejo.
- Somos idiotas.
- ¿Confías en mi?
- Confío en el amor que sientes.
Pero ya no rememoraba con precisión aquellos detalles, solo recordaba el aliento del que había quedado impregnado el aire.
Visualizó el reflejo de ambos en el espejo.
- Somos idiotas.
- ¿Confías en mi?
- Confío en el amor que sientes.
Pero ya no rememoraba con precisión aquellos detalles, solo recordaba el aliento del que había quedado impregnado el aire.
jueves, 2 de septiembre de 2010
Si yo fuera...
Manejaría mi suerte. Sobrevolaría los abismos de la soledad y dejaría de repetir siempre las mismas palabras lluviosas. Vaciaría más cada vacío y recorrería cada camino. Validaría las esperanzas y vencería al tiempo. Dejaría de escuchar al viento y creería en el destino. Pero en el bueno. Dormiría menos y estudiaría mi fotuna. Sería la dueña de las palabras amables nunca escritas y sonreiría al mundo cuando me diese cuenta del añil de cada hueco sombrío. No elegiría tanto rosa y encaje para balancear y luego compensar mi rutina. Nunca más creería en las frases que vomito y despreciaría en su justa medida la lujuria. Comprendería la existencia de los límites. Controlaría mis golpes egoístas en un intento de extroversión considerada. Daría vueltas a mis noches y dejaría de ver brillar todo lo gris. Respiraría como si supiese hacerlo, y posiblemente no estaría aquí, allí, haciendo esto.
Pero no soy esa persona.
Pero no soy esa persona.
martes, 31 de agosto de 2010
Quebraderos
Ayer me puse a reflexionar sobre la fidelidad. Acto seguido, me dispuse a escribir sobre ella. Me pregunté hasta que punto era posible, y si depende de uno mismo, o es mas bien una consecuencia de lo que uno siente, o de la situación en la que se encuentra. Hasta ahí llegué, después me estanqué. No supe seguir, quizá porque no soy la más experta en el tema. Así que pregunté. Pedí opiniones, y la verdad es que me encontré cosas muy típicas pero seguras, como que la fidelidad es importante, posible, aunque sin embargo la confianza es más importante, que es lo que se espera en una relación; entre otras cosas. Pero más allá de ahí, nadie supo definirla. Yo tampoco sé. Es decir, todos tenemos bastante claro lo que supone la fidelidad, pero, ¿de qué estamos hablando? ¿De un sentimiento? Creo que no. ¿De una... disposición? Vaya lío. Así que nada, como no soy muy de poner etiquetas, lo dejo en el aire.
Hubo una respuesta que me sorprendió, y es que al parecer en algún caso la fidelidad transmitía directamente a su contrario. El tener que ser fiel induce a ser infiel. Por lo que supongo que la fidelidad lleva a una sensación de pánico, y sobretodo, de atadura, de falta de libertad. Es una sensación poco agrdable esa, y estoy segura de que cuando se comienza una relación uno no busca precisamente sensaciones desagradabales. Eso me lleva a otra frase sentenciosa que encontre en otra respuesta: felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace. Y, a pesar de que suena un poco a estado de Tuenti/Facebook si su hablante me permite la crítica, coincide exactamente con lo que yo pienso sobre el tema. Y es que uno es fiel cuando quiere serlo (cosa que también me dijeron), y es ahí cuando debe de empezar la relación. También me aludieron a la infidelidad, diciendo que podía perdonarse cuando no era algo grave, algo que no implicaba más que un desliz de una noche, y no sugería algo mas profundo como el comienzo de una relación paralela.
Así pues, y agradeciendo la colaboración, llegué a un par de conlusiones. Por una parte, confirmé algo que ya pensaba, que no somos fieles por naturaleza, sino que lo que nos lleva a serlo es lo que sentimos, sea amor, amistad, etc. Es que no traicionamos porque no queremos traicionar, nos basta con lo que tenemos y no necesitamos salir en busca de más. Es posible que la fidelidad sea incluso mas egoísta que lo desintersada o altruísta que normalmente se considera. Y, por otro lado, quizá sea la causa de las relaciones y las ataduras, no la que las suponga. Pues uno comienza una relación monógama cuando de verdad quiere dedicar sus atenciones a una sola persona. Cuando el resto deja de tener interés.
No me quedo convencida, para nada. Seguiré dándole vueltas al tema, aunque ya he dicho que no soy la más experta en estabilidad, sino todo lo contrario.
Hubo una respuesta que me sorprendió, y es que al parecer en algún caso la fidelidad transmitía directamente a su contrario. El tener que ser fiel induce a ser infiel. Por lo que supongo que la fidelidad lleva a una sensación de pánico, y sobretodo, de atadura, de falta de libertad. Es una sensación poco agrdable esa, y estoy segura de que cuando se comienza una relación uno no busca precisamente sensaciones desagradabales. Eso me lleva a otra frase sentenciosa que encontre en otra respuesta: felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace. Y, a pesar de que suena un poco a estado de Tuenti/Facebook si su hablante me permite la crítica, coincide exactamente con lo que yo pienso sobre el tema. Y es que uno es fiel cuando quiere serlo (cosa que también me dijeron), y es ahí cuando debe de empezar la relación. También me aludieron a la infidelidad, diciendo que podía perdonarse cuando no era algo grave, algo que no implicaba más que un desliz de una noche, y no sugería algo mas profundo como el comienzo de una relación paralela.
Así pues, y agradeciendo la colaboración, llegué a un par de conlusiones. Por una parte, confirmé algo que ya pensaba, que no somos fieles por naturaleza, sino que lo que nos lleva a serlo es lo que sentimos, sea amor, amistad, etc. Es que no traicionamos porque no queremos traicionar, nos basta con lo que tenemos y no necesitamos salir en busca de más. Es posible que la fidelidad sea incluso mas egoísta que lo desintersada o altruísta que normalmente se considera. Y, por otro lado, quizá sea la causa de las relaciones y las ataduras, no la que las suponga. Pues uno comienza una relación monógama cuando de verdad quiere dedicar sus atenciones a una sola persona. Cuando el resto deja de tener interés.
No me quedo convencida, para nada. Seguiré dándole vueltas al tema, aunque ya he dicho que no soy la más experta en estabilidad, sino todo lo contrario.
domingo, 29 de agosto de 2010
No lo pienses más
Destesto esa frase. No lo pienses más. O no le des más vueltas, en su defecto. ¿En qué maldito momento piensas en decirle eso a alguien? ¿De verdad piensas que si esa persona pudiera dejar de pensar en el asunto, de comerse la cabeza repasando los hechos y las palabras, seguiría haciéndolo? Pues claro que no. Es evidente que necesita analizar lo sucedido hasta llegar a sus conclusiones, al final. Sé que lo haces por su bien, se que resulta patético. Pero no se lo digas, coño. Tarde o temprano los pensamientos se irán solos, con suerte por donde vinieron. Y, además, de repente. Pero eso ocurrirá cuando esté preparado, no ahora, no cuando tú crees que debería. Entonces, déjalo sufrir. Suele ser la única manera de curarse.
sábado, 28 de agosto de 2010
Dos.
En esta concepción del mundo, en el que ella cierra los ojos y descubre mucho más que si los mantuviera abiertos, si que hay un poco de egoentrismo y cierto toque de sobervia. Por supuesto que se cree mas profunda e inteligente que el resto. Pero es inevitable. Ella sabe que es humana, que se equivoca tanto o más, bueno más quizás no, como el resto, que tiene que ganarse el pan y cortarse el pelo, exactamente igual que los demás. Sin embargo, sabe que hoy en día todos tienen una cierta intención cultural con respecto a si mismos, lo cual no es mas que otro corolario de la posición social, que en este caso tiene su trocito de positividad dada su naturaleza, y ahí es donde entra su diferencia, que ella no lo hace ni por gusto ni por rechazo, sino por naturalidad, por necesidad, por instinto. Se alimenta de pensamientos, de ideas y de impulsos. Se come los libros, las palabras, las letras: vistas, oídas y escritas.
Y se siente fatal, pero no sabe hacer otra cosa. Quiere salir de ahí, pero... a veces no todo es salir o entrar, o quedarse. ¿Quién sabe? ¿Y si no hay nada mas ahí fuera? Si pasan los años y todo sigue siendo igual, enloquecerá. Y sino... bueno, no cree que haya alternativa. No le pueden asegurar nada, y tiene miedo, y necesita libertad, y quien puede dársela es quien se la quita. Cada día vive un sinsentido, y se irá quedando ciega. Total, para lo que hay que ver no le importa demasiado. Demasiado no quiere decir que no importe nada. Y es que tiene la moqueta de color verde, algo significará. Querer escapar no suele ser un buen indicio. La situación ya no se desborda en absoluto, solo merma, cada vez mas, y eso tampoco le importa demasiado. Todo es una contradicción constante, como una enfermedad crónica que la va carcomiendo por dentro. Por mucho que grite todos se han acostumbrado y ya no hay ayuda posible. No es un drama pero tampoco es agradable, ni mucho menos. Y cada vez que ve a otro igual que ella le da lástima. Cierra los ojos y observa, que el tiempo tiene la rabia.
Y se siente fatal, pero no sabe hacer otra cosa. Quiere salir de ahí, pero... a veces no todo es salir o entrar, o quedarse. ¿Quién sabe? ¿Y si no hay nada mas ahí fuera? Si pasan los años y todo sigue siendo igual, enloquecerá. Y sino... bueno, no cree que haya alternativa. No le pueden asegurar nada, y tiene miedo, y necesita libertad, y quien puede dársela es quien se la quita. Cada día vive un sinsentido, y se irá quedando ciega. Total, para lo que hay que ver no le importa demasiado. Demasiado no quiere decir que no importe nada. Y es que tiene la moqueta de color verde, algo significará. Querer escapar no suele ser un buen indicio. La situación ya no se desborda en absoluto, solo merma, cada vez mas, y eso tampoco le importa demasiado. Todo es una contradicción constante, como una enfermedad crónica que la va carcomiendo por dentro. Por mucho que grite todos se han acostumbrado y ya no hay ayuda posible. No es un drama pero tampoco es agradable, ni mucho menos. Y cada vez que ve a otro igual que ella le da lástima. Cierra los ojos y observa, que el tiempo tiene la rabia.
viernes, 27 de agosto de 2010
Salado
Bueno, pues nada, aquí estamos. Cerrando el verano con un agosto con aires de septiembre. Debe ser el tiempo este tan gris y brumoso que hace, que todo el mundo se ha puesto escribir. Que curioso, ¿verdad? Es como esa sensación de que cuando descubres algo, o conoces a alguien, que de repente lo ves en todas partes. ¿Será porqué en realidad nunca te has fijado o realmente ahora ese algo aparece porque tú lo has descubierto? Siempre me lo he preguntado... y siempre pasa, bueno, a mi por lo menos.
Y hablando de descubrimientos, ha aparecido el cine retro. Ha salido una película imitando a las pelis de treceañeros de los 80, estas de aventuras y amores primerizos. ¿Porqué nos gustará tanto volver a atrás? Igual deberíamos plantearnos si nos gusta vivir en nuestra época, y, sino es así, ya podemos empezar a buscar una solución, porque la verdad la situación es algo triste así planteada. Todos buscando la felicidad en nuestro día a día, comprando muebles de diseño y pantalones de colores, y resulta que el problema es el año en que vivimos. En fin, no le doy más vueltas. Hoy no me siento ni dramática ni filosófica, asi que me permito un descanso con esta tonta entrada, que aparentemente no dice nada. Espero que solo sea eso, aparentemente.
Y hablando de descubrimientos, ha aparecido el cine retro. Ha salido una película imitando a las pelis de treceañeros de los 80, estas de aventuras y amores primerizos. ¿Porqué nos gustará tanto volver a atrás? Igual deberíamos plantearnos si nos gusta vivir en nuestra época, y, sino es así, ya podemos empezar a buscar una solución, porque la verdad la situación es algo triste así planteada. Todos buscando la felicidad en nuestro día a día, comprando muebles de diseño y pantalones de colores, y resulta que el problema es el año en que vivimos. En fin, no le doy más vueltas. Hoy no me siento ni dramática ni filosófica, asi que me permito un descanso con esta tonta entrada, que aparentemente no dice nada. Espero que solo sea eso, aparentemente.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Habían pasado muchos años desde entonces, pero nunca olvidaría aquellos ojos, claro que no. Recordó las tardes de caricias, las palabras tontas, los besos, las llamadas, las miradas... Lo amenas que se hacían aquellas clases de colegio a su lado, las bromas al respecto de sus compañeros, los pasillos que se terminaban demasiado pronto. Aquella vieja habitación, el nuevo sentido que habían adquirido tantos huecos y calles de la ciudad ¿Cómo iba a olvidar todo aquello? Volver repetidamente a él, creyéndolo la solución a cualquier cosa, a cualquier pequeña desgracia que se arreglaba con una sonrisa nueva. Durante años formó parte de su existencia, de hecho, era quien era gracias a él, en parte, pues había sido el centro de sus experiencias.
Lo que no le vino a la cabeza era todo el dolor, la exasperación y la desesperación causadas por una discusión de lo mas tonta, cuyo origen a estas alturas ya le era completamente desocnocido, y que había acabado con todo aquello. Y después vovler a empezar, y otra vez lo mismo, y recordarlo, y buscarlo, una y otra y otra y otra vez. Pero ese era el lado malo, y se había ido borrando, para dejar todo se párrafo de recuerdos cargados de una empalagosidad casi propia de "Crepúsculo".
Así que lo había conseguido, aquel sencillo sueño suyo de juventud se había cumplido, se alegraba por él. Claro que sí. Durante los últimos años apenas había pensado en él, ni vulto a recordar su simpleza. Pero ahí estaba, con la misma postura entre indiferencia e incredulidad, con aquella sonisa suya que nunca se sabía que quería expresar. Ambos, en el mismo escenario en el que se habían cruzado las primeras palabras, entre los muros de aquel colegio que solía ser el suyo, y que ahora ocupaban sus hijos. En manos de él estaba ahora parte de su educación, era increíble. Ciertamente increible, no casual, de hecho tenía sentido, pero era increíble igualmente. Para ella sí.
Y, ¿qué habría sido de él? Evidentemente al final había podido cursar una carrera, y la que quería además. ¿Habría encontrado a otra? ¿Se había enamorado de verdad? ¿Tendría hijos? ¿Había celebrado una boda hortera y pomposa? O quizás vivía acompañado, o solo. Lo tenía ahí delante, con un montón de niños mirando que sucedía entre aquellos dos adultos que se miraban enfrentados, sin haberse movido un ápice. Lo tenía ahí delante, para responder a todas aquellas preguntas si quería, para preocuparse de como estaba, de como le había ido la vida.
Pero, en cambio, no quería hacer eso. Quería huir, salir corriendo como en aquellas noches, cuando aparecía de repente y acababa con todo su buen juicio, y no tener que enfrentarse a su cariño, al deseo y al tiempo que se había escapado. Porque si se quedaba ahí enfrente, mirándolo, hablando, sonriéndose como dos gilipoyas, no querría irse nunca. Y se había construído una vida, joder. Mucho mas allá de él, mas seria, mas estable, mas fiable. Todo aquello había quedado enterrado en los cimientos de aquellos edificios. Esa historia había acabado, eran mayores, repsonsables, al menos ella. Solo se le ocurrían esas razones tan simples y tan superficiales, ojalá fueran suficientes para sonreir una vez más y desear los buenos días.
Pero no lo fue, él avanzó, ella hizo lo mismo. Otro paso más, un poco tembloroso pero decidido. Y otro, y otro. Los niños comenzaron a jugar. Otro paso. Ni sus hijos les prestaban ya atención. Un paso mas y estarían demasiado cerca. Tarde. Allí estaba. Enfrente.
Y entonces todo se volvió azul, como los ojos de ambos. Y las palabras volaban, y se observaban mutuamente, y se contaban cosas que no les importaban. Y sonreían, y se ruborizaban. Y se alegraban de verse, dijeron. Y en la mirada de él había un te quiero, y en la de ella un no te he olvidado.
Y perdieron la cabeza. Ella olvidó aquellos 20 años de separación y los tres anteriores de sufrimiento, y se centró en el reencuentro. Él olvidó su orgullo y su trabajo, y se centró en aquello que no entendía. Ese mismo día, de nuevo en los pasillos del colegio, escondieron otra historia. Se volvieron locos, el uno por el otro, minuto a minuto, buscando huecos entre los servicios de aquel viejo edificio, de nuevo escenario de su amor, si es que era eso lo que sentían. Destruyeron lo que habían cosntruído, conscientes de ello. Se sintieron rejuvenecer en los brazos del otro.
Cada uno admitió su error horas después. Ella, por unos momentos mantuvo la esperanza de retroceder, de volver a aquella época de instintos, pero había aprendido a no tropezar dos veces con la misma piedra, y casi había fallado. Él, bueno, se mantuvo fiel a su cabezonería y volvió a casa, dejándolo todo como un pequeño altercado y sin permitir asomar a sus sentimientos.
Se vieron día a día. Ella iba a buscar a los niños al colegio, se cruzaban de vez en cuando. Se miraban. A veces él sonreia con aquella enigmática sonrisa cuyo signficado jamás entendería. Otras cruzaban más que palabras. Hubo algún que otro reencuentro. Y, de pronto, hubo un septiembre en el que ella no volvió a aparecer.
Todo había sido una vez más un puñetero error. El puñetero error que les mantendría vivos otros veinte años, hasta que volvieran a encontrarse.
Lo que no le vino a la cabeza era todo el dolor, la exasperación y la desesperación causadas por una discusión de lo mas tonta, cuyo origen a estas alturas ya le era completamente desocnocido, y que había acabado con todo aquello. Y después vovler a empezar, y otra vez lo mismo, y recordarlo, y buscarlo, una y otra y otra y otra vez. Pero ese era el lado malo, y se había ido borrando, para dejar todo se párrafo de recuerdos cargados de una empalagosidad casi propia de "Crepúsculo".
Así que lo había conseguido, aquel sencillo sueño suyo de juventud se había cumplido, se alegraba por él. Claro que sí. Durante los últimos años apenas había pensado en él, ni vulto a recordar su simpleza. Pero ahí estaba, con la misma postura entre indiferencia e incredulidad, con aquella sonisa suya que nunca se sabía que quería expresar. Ambos, en el mismo escenario en el que se habían cruzado las primeras palabras, entre los muros de aquel colegio que solía ser el suyo, y que ahora ocupaban sus hijos. En manos de él estaba ahora parte de su educación, era increíble. Ciertamente increible, no casual, de hecho tenía sentido, pero era increíble igualmente. Para ella sí.
Y, ¿qué habría sido de él? Evidentemente al final había podido cursar una carrera, y la que quería además. ¿Habría encontrado a otra? ¿Se había enamorado de verdad? ¿Tendría hijos? ¿Había celebrado una boda hortera y pomposa? O quizás vivía acompañado, o solo. Lo tenía ahí delante, con un montón de niños mirando que sucedía entre aquellos dos adultos que se miraban enfrentados, sin haberse movido un ápice. Lo tenía ahí delante, para responder a todas aquellas preguntas si quería, para preocuparse de como estaba, de como le había ido la vida.
Pero, en cambio, no quería hacer eso. Quería huir, salir corriendo como en aquellas noches, cuando aparecía de repente y acababa con todo su buen juicio, y no tener que enfrentarse a su cariño, al deseo y al tiempo que se había escapado. Porque si se quedaba ahí enfrente, mirándolo, hablando, sonriéndose como dos gilipoyas, no querría irse nunca. Y se había construído una vida, joder. Mucho mas allá de él, mas seria, mas estable, mas fiable. Todo aquello había quedado enterrado en los cimientos de aquellos edificios. Esa historia había acabado, eran mayores, repsonsables, al menos ella. Solo se le ocurrían esas razones tan simples y tan superficiales, ojalá fueran suficientes para sonreir una vez más y desear los buenos días.
Pero no lo fue, él avanzó, ella hizo lo mismo. Otro paso más, un poco tembloroso pero decidido. Y otro, y otro. Los niños comenzaron a jugar. Otro paso. Ni sus hijos les prestaban ya atención. Un paso mas y estarían demasiado cerca. Tarde. Allí estaba. Enfrente.
Y entonces todo se volvió azul, como los ojos de ambos. Y las palabras volaban, y se observaban mutuamente, y se contaban cosas que no les importaban. Y sonreían, y se ruborizaban. Y se alegraban de verse, dijeron. Y en la mirada de él había un te quiero, y en la de ella un no te he olvidado.
Y perdieron la cabeza. Ella olvidó aquellos 20 años de separación y los tres anteriores de sufrimiento, y se centró en el reencuentro. Él olvidó su orgullo y su trabajo, y se centró en aquello que no entendía. Ese mismo día, de nuevo en los pasillos del colegio, escondieron otra historia. Se volvieron locos, el uno por el otro, minuto a minuto, buscando huecos entre los servicios de aquel viejo edificio, de nuevo escenario de su amor, si es que era eso lo que sentían. Destruyeron lo que habían cosntruído, conscientes de ello. Se sintieron rejuvenecer en los brazos del otro.
Cada uno admitió su error horas después. Ella, por unos momentos mantuvo la esperanza de retroceder, de volver a aquella época de instintos, pero había aprendido a no tropezar dos veces con la misma piedra, y casi había fallado. Él, bueno, se mantuvo fiel a su cabezonería y volvió a casa, dejándolo todo como un pequeño altercado y sin permitir asomar a sus sentimientos.
Se vieron día a día. Ella iba a buscar a los niños al colegio, se cruzaban de vez en cuando. Se miraban. A veces él sonreia con aquella enigmática sonrisa cuyo signficado jamás entendería. Otras cruzaban más que palabras. Hubo algún que otro reencuentro. Y, de pronto, hubo un septiembre en el que ella no volvió a aparecer.
Todo había sido una vez más un puñetero error. El puñetero error que les mantendría vivos otros veinte años, hasta que volvieran a encontrarse.
martes, 24 de agosto de 2010
900 días después
¿Sabes qué me pasa? Acabo de darme cuenta de que no es en absoluto fácil enamorarse. Siempre había creido que la palabra era fuerte y detonante de alguna manera, pero no tanto; no para tanto. Pensé que como a mi me había sucedido en la situación más sencilla y tonta, a todo el mundo le ocurría, o, al menos, podía ocurrirle. Me pareció que estaba sumida en un estado de lo más común, que no banal, que pobre ingenua de mi, que cualquiera había pasado por lo que yo, que cualquiera estaba experimentando esa sensación tan luminosa. Y, no se si afortunadamente, me equivoqué. No era nada sencillo ni nada tonto eso de estar tan, perdón por la redundancia, tonta. Ahora descubro que complementarse es inmensamente improbable. Complicado. Extraño. No es racional que suceda, no es habitual. No encuentro nada de aquello que me llenaba, que me hacía despertarme pronto, salir por las noches, sonreir al ver una foto, esperar una llamada. Creía de verdad que eso formaba parte de la vida, un objetivo. Que yo había elegido, que había decidido lo que sentía, que me había conformado. Y no es verdad. Yo no escogí nada, algo o alguien me escogió a mi. Y yo, engañada, me dejé arrastrar. Como creí que hacían todos. Y de repente algo me frenó. Ahora ya no recuerdo como se andaba.
lunes, 23 de agosto de 2010
Treinta y tres
Ayer me pasó algo curioso volviendo de sufrir el clima ourensano. Compré el billete de autobús, indicaba como suele suceder, un número de asiento asginado. Y, como es normal, al subir al vehículo en cuestión, busqué la dichosa plaza, pero los números no aparecían por ningún lado. Pensé que no sería entonces tan importante, y al no ver a nadie pendiente de lo mismo, me senté donde me dio la gana. Minutos después vi unas pequeñas placas con diminutas cifras debajo del portaequipajes, si es que se llama así. Fijándome bien, me di cuenta de que cada viajero se cercioraba de estar en su sitio. Hice lo mismo y, por casualidades de la vida, me di cuenta de que el número treinta y tres que indicaba mi billete era el mismo que el del asiento donde estaba sentada. Por alguna tonta coincidencia, había elegido exactamente el lugar correcto. Supongo que no significa nada, y la verdad es que no es la primera vez que me pasa algo así. Pero me hizo pensar, y en el momento me sacó una sonrisa.
¿A dónde quiero llegar con esto? La verdad es que a nada en concreto, pero ya que tenía hora y media de trayecto por delante la historieta fue causa de reflexión. Me pregunté cuantas cosas en esta vida eran cuestión de pura suerte, cuantas cosas sucedían por casualidad. Si unos vamos a ser mas desgraciados que otros porque sí; si unos caerán fácilmente en el lugar que ha sido elegido para ellos y otros tendrán que buscarlo, y equivocarse y levantarse un par de veces, e incluso caerse. O quizás no haya asiento para todos. Puede que unos vayan a ser mas felices, o mas afortunados, o mas ingenuos, o mas espabilados, o, que se yo, mas autodidactas, por decir algo. En realidad no se bien que saque de esa anécdota, si es que llegué a algo. Lo que si se, es que me gustó aquel momento. Fue interesante.
¿A dónde quiero llegar con esto? La verdad es que a nada en concreto, pero ya que tenía hora y media de trayecto por delante la historieta fue causa de reflexión. Me pregunté cuantas cosas en esta vida eran cuestión de pura suerte, cuantas cosas sucedían por casualidad. Si unos vamos a ser mas desgraciados que otros porque sí; si unos caerán fácilmente en el lugar que ha sido elegido para ellos y otros tendrán que buscarlo, y equivocarse y levantarse un par de veces, e incluso caerse. O quizás no haya asiento para todos. Puede que unos vayan a ser mas felices, o mas afortunados, o mas ingenuos, o mas espabilados, o, que se yo, mas autodidactas, por decir algo. En realidad no se bien que saque de esa anécdota, si es que llegué a algo. Lo que si se, es que me gustó aquel momento. Fue interesante.
sábado, 21 de agosto de 2010
Y eso
Me preguntó como había ocurrido. Cosas que pasan, le dije.
Me pregunte como había ocurrido. Cosas que pasan.
Me pregunte como había ocurrido. Cosas que pasan.
jueves, 19 de agosto de 2010
Reinterpretando
Hoy volviendo a casa he intentado recordar en que momento comencé a perder el control de lo que hago, de lo que pienso y de lo que digo, en resumen, en que circunstancias perdí el control de mi comportamiento y de mi misma. Cuando dejé de pensar racionalmente, como permití que mil imágenes aparecieran por mi cabeza como un remolino augurando el futuro idílico de turno que jamás se haría realidad. Cuando, en que puñetero momento me volví tan crédula y conformista como para confiar de verdad en que el destino había dejado de torturarme. Supongo que es algo progresivo, un cúmulo de sucesos que uno tras otro me han hecho llegar hasta hoy, hasta el día en que me doi cuenta de que hace mucho tiempo que no pienso de verdad y en absoluto cada decisión que tomo. Creo que ya ni tomo decisiones, me dejo de llevar, como si normalmente la corriente llevase a buen puerto. Y eso que me afectan directamente. Y es que ya no se si me falla alguna clase de instinto... Quizá es que pienso que ya no confío en lo que en realidad más confio. Menuda paradoja. Todos estos argumentos se suelen caer tarde o temprano, y supongo que siempre mantendré la esperanza de que se mantengan firmes y me sujeten. Pero se que habrá una vez más en la que caiga con ellos. Siempre hay una vez más.
miércoles, 18 de agosto de 2010
El comienzo.
Se levanta cada mañana y escruta el mundo, a través de la ventana, con sus ojos color plata. No piensa que ese lugar que la rodea este hecho para ella, sin embargo, tampoco considera abandonarlo porque todavía espera, tonta de ella, poder cambiarlo, amenizarlo todo de tal manera que encaje y se armonice con su cuerpo y su mente. No se da cuenta de que si eso ocurriera por algun capricho absurdo e improbable del destino, la única persona que quedaría acorde al planeta sería ella misma. No se siente sola, porque no es compañía ni amor lo que le falta, pero siente que aun no está completa, que necesita saber y encontrar y mirar más alla y que no tiene a nadie con quien pueda realizar todas esas tareas, que para ella son eso, deberes que se debe a si misma y que, al contrario de lo que ocurre con todos los deberes de la vida, se muere de ganas de llevar a cabo. Su problema es de rápido diagnóstico: no cree que sobre ese suelo que divisa cada amanecer tras lo cristales de su habitación exista quien de ser el acompañante de su existencia, de sus andares y sobretodo, de sus excéntricos, tímidos y enrevesados pensamientos.
Sus actividades cotidianas son eso mismo, no es una bella joven encerrada en el seno de una familia aristócrata y conservadora, ni una hija de un escritor ilustre: tras ella no hay una historia telenovelesca ni de cuento; solo es una simple mujer con complejo de adolescente incomprendida. Y es que es eso lo que parece, una jovencita en contra de la sociedad, cuya filosofía de la vida y la mente solo la llevan a adentrarse cada vez mas en un abismo de trsiteza y confusión alimentando por su propia autocompasión. Puede que quizá se equivoque y no sea tan especial, ni tan inteligente, ni tan espiritual. Pero también puede que no. Es posible, aunque sea una posibilidad muy remota, que su cabeza no funcione como la del resto, que le hayan enseñado conceptos y colores que conciba de modo distinto desde siempre, y que ahora caiga en la cuenta de que el resto de la raza humana no respira si quiera el mismo aire que ella.
Y cuando por fin entiende que en realidad no comprende ni el mas sencillo de los gestos de comprotamiento social, ni la necesidad de un esfuerzo diario y constante para el triunfo vital, ni la implicación de disfrutar de las caricias del sol que supone un día de verano, se asusta. Pero tampoco ha creido jamás, al contrario que todos esos vagabundos que pueblan las oficinas, que el miedo sea motivo de preocupacion ni humillación, y mucho menos, siente la necesidad de enterrarlo. Porque el temor es algo totalmente suyo, no pertenece a nadie mas, por mucho que algunos piensen que lo puedan controlar por el simple hehco de que lo generen, ella decide que hacer con el, si usarlo como herramienta de proteccion, o dejarlo a un lado si lo cree prescindible.
Pero todo eso no viene al caso. Ella solo continua, día tras día, en su mundo, que aparentemente es el tuyo también, aunque sepa que no, auqnue cualquiera pueda darse cuenta con solo mirarla una vez. ¿Y qué hacer entonces? ¿Qué camino tomar? Se siente absolutamente etérea ante cada objeto mundano que roza sus manos, si tiene un buen día, y sino, absolutamente indiferente ante la más maravillosa de las maravillas. Ya no se considera parte de la sociedad, porque ha acabado por no creer en ella. Y no uso la palabra creer con sentido de falta de fe en las personas, si no que, pura y simplemente, le parece un falso invento, algo que no existe ni nunca se hará realidad.
Sus actividades cotidianas son eso mismo, no es una bella joven encerrada en el seno de una familia aristócrata y conservadora, ni una hija de un escritor ilustre: tras ella no hay una historia telenovelesca ni de cuento; solo es una simple mujer con complejo de adolescente incomprendida. Y es que es eso lo que parece, una jovencita en contra de la sociedad, cuya filosofía de la vida y la mente solo la llevan a adentrarse cada vez mas en un abismo de trsiteza y confusión alimentando por su propia autocompasión. Puede que quizá se equivoque y no sea tan especial, ni tan inteligente, ni tan espiritual. Pero también puede que no. Es posible, aunque sea una posibilidad muy remota, que su cabeza no funcione como la del resto, que le hayan enseñado conceptos y colores que conciba de modo distinto desde siempre, y que ahora caiga en la cuenta de que el resto de la raza humana no respira si quiera el mismo aire que ella.
Y cuando por fin entiende que en realidad no comprende ni el mas sencillo de los gestos de comprotamiento social, ni la necesidad de un esfuerzo diario y constante para el triunfo vital, ni la implicación de disfrutar de las caricias del sol que supone un día de verano, se asusta. Pero tampoco ha creido jamás, al contrario que todos esos vagabundos que pueblan las oficinas, que el miedo sea motivo de preocupacion ni humillación, y mucho menos, siente la necesidad de enterrarlo. Porque el temor es algo totalmente suyo, no pertenece a nadie mas, por mucho que algunos piensen que lo puedan controlar por el simple hehco de que lo generen, ella decide que hacer con el, si usarlo como herramienta de proteccion, o dejarlo a un lado si lo cree prescindible.
Pero todo eso no viene al caso. Ella solo continua, día tras día, en su mundo, que aparentemente es el tuyo también, aunque sepa que no, auqnue cualquiera pueda darse cuenta con solo mirarla una vez. ¿Y qué hacer entonces? ¿Qué camino tomar? Se siente absolutamente etérea ante cada objeto mundano que roza sus manos, si tiene un buen día, y sino, absolutamente indiferente ante la más maravillosa de las maravillas. Ya no se considera parte de la sociedad, porque ha acabado por no creer en ella. Y no uso la palabra creer con sentido de falta de fe en las personas, si no que, pura y simplemente, le parece un falso invento, algo que no existe ni nunca se hará realidad.
martes, 17 de agosto de 2010
Hoy
Llevo un buen rato preguntándome como demonios empezar esto. Pero me doi cuenta de que hasta que no entienda bien que es "esto" no podré hacer nada con él. Supongo que sólo es un desértico lugar, por el momento, fruto de una vieja promesa cuyo origen ya no recuerdo, y que irá tomando forma, espero, con el tiempo. Eso creo tenerlo bastante claro. Lo que desconozco es a donde llegará, y, sobretodo, a donde me llevará. Lo mas curioso es que espero mucho de algo que voy construir yo misma, como si estuviera pendiente de que me sorprendiera en cualquier momento. Supongo que solo será el escenario de mis recuerdos, el lugar inexistente de mis delirios hechos trizas con forma de palabra escrita en un arranque de personalidad. Pero, por el momento, voy a pensar en él con un futuro mas abierto. Al fin y al cabo, cuando uno tiene mala suerte y el indeseable destino no está de su parte, tiene que comenzar a andar solo y sin empuje, y a dar los pasos que le permitan seguir caminando hacia delante.
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