jueves, 30 de diciembre de 2010
Érase una vez...
A veces recuerdo historias. Buenos amigos que he tenido, a quienes me he cargado (una vez mas, no se si esa es la palabra correcta), no literalmente, sino a quienes he malinterpretado, supongo. Y me entristece, y los echo de menos. Quizás confundo unas cosas con otras, a la mierda, no quiero ser sutil, igual confundo sentimientos con otros, o relaciones, tipos de relaciones. Es curioso como soy capaz de construir muros de la nada y de repente, como me obceco en echar a gente de mi vida porque no son, porque no quieren ser lo que yo he imaginado que serían. Ojalá fuéramos sinceros hasta la saciedad, pero me duele decir que entonces no habría sobreactuaciones y esas amistades posiblemente jamás habrían existido. Tengo la teoría de que la cuestión es bien simple, y que a veces uno tiene que levantarse un poquito la autoestima con alguien, y eso es todo. Pero en algunas ocasiones no merece la pena. Maldita sea, que banal, tópica y cursi me siento escribiendo esto, pero es que sino... ¿qué hago? ¿Me callo? No estoy acostumbrada. Es un poco como el verano, nadie sabe muy bien para que existe, ni que hacer con él, nada de lo que se construye en ese tiempo ni sirve para nada ni llega a nada, y sin embargo, cuéntame, ¿no lo espera todo el mundo? Empiezo a pensar que el invierno perpetuo no es tan mala idea. Lamento constante y raíces sólidas; entonces no desaparecería todo lo que, de antemano, se sabe que va a desaparecer.
domingo, 19 de diciembre de 2010
Once.
Se levantó con lágrimas en los ojos, y no sabía si era por aquel sueño o es que hacia mucho que no lloraba. Después recordó entre que pensamientos se durmió, y volvió a hacerlo, porque no merecía la pena el dolor "físico" consecuencia de la noche anterior y tenía demasiado miedo de levantarse. Un vez más, dejaba bailar a su cabeza a diestro y siniestro y se le llenaba el alma de oscuridad poco a poco, sin que ella lo notara hasta el final, cuando solo quedaba obsesión y tristeza. ¡Maldito sentimiento de culpabilidad! Encendía cosas que expulsaban luz y sonido, y sin embargo, por mucho que subiera el volumen no escuchaba nada, y era una mierda porque necesitaba escuchar algo. Encontraba consuelo en ser tajante y pragmática, como si todo fuera matemático y hubiera una puta incógnita que tarde o temprano se resolvería. Pero ahí no había nada que despejar, en realidad la que se estaba ocultando era ella; como si el resto no pudieran verla solo porque ella no quisiera. Y se le había agotado la paciencia.
viernes, 17 de diciembre de 2010
Teoría del pavimento blanco
Línea a línea intento transmitir los barullos inconscientes (seguro que tu también los tienes). Y me pongo frente al teclado, y nada, la espiral sigue latente hasta en las palabras todavía no escritas. Quizá no haya que ordenarlo todo, y esto no sea un puzzle y tenga lógica que haya piezas que no encajen. Me consuela un poco esa idea.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Disculpen, pero...
¿Qué pasa con las relaciones? Es decir... ¿cómo mueren? ¿Lo hacen solas o hay un detonante? No me refiero sólo a las amorosas, sino a las relaciones de cualquier tipo, ¿qué es lo que acaba con ellas? ¿Hay algo concreto? A veces desaparecen paulatinamente, poco a poco, sin que uno se de cuenta, y de pronto, se acabó; y a otras les ponemos fin. ¿De dónde sale la diferencia?
Estos días he estado pensando porque generalmente sólo se permite romper con las relaciones amorosas. Que ocurre cuando una amistad no da mas de sí, cuando las personas cambian, o muestran una cara desconocida, porque parece como si tuviéramos que aceptarlo, o adaptarnos. Si se tratase de un emparejamiento es posible que no lo permitiéramos, que decidiéramos dejar a un lado a ese individuo, y sin embargo, tratándose de una relación amistosa o fraternal, sentimos la necesidad, no, perdón, la obligación de entender esa nueva situación. ¿Porque ese tópico de darse un tiempo no puede aplicarse a cualquier clase de vínculo emocional? Quizá haya algún tipo de prejuicio establecido por el que sólo podamos controlar nuestra vida amorosa pero no nuestra compañía habitual.
La sociedad, y ya no hablando en general, sino la sociedad particular de cada uno, la gente más cercana, comprende los conflictos y enfados amorosos de un modo directo, sin embargo, cuando se encuentra ante una decepción distinta a esta, parece que no hay lugar a un corte radical. No se si me explico bien, parece que siempre puede haber un motivo para un final con una pareja, estable o no, pero no para una amistad. No así tan de repente.
Es extraño porque, el amor es algo la mayor parte de las veces efímero, y en cambio, el sentimiento de la amistad comparte y conoce más. Y, por lo tanto, tiene el poder de generar mucho más daño. E increíblemente, es mucho mas esperable el sufrimiento por una relación sentimental. Y mucho mejor visto el dolor por ella.
Somos capaces de apartar de nuestra vida de un día para otro a alguien a quien supuestamente amamos por encima de todo, pero no consideramos que con quien compartimos rutina y confidencias pueda dar una razón para dejar de hacerlo. ¿No son ambas personas capaces de fallar del mismo modo aunque la relación sea distinta?
Estos días he estado pensando porque generalmente sólo se permite romper con las relaciones amorosas. Que ocurre cuando una amistad no da mas de sí, cuando las personas cambian, o muestran una cara desconocida, porque parece como si tuviéramos que aceptarlo, o adaptarnos. Si se tratase de un emparejamiento es posible que no lo permitiéramos, que decidiéramos dejar a un lado a ese individuo, y sin embargo, tratándose de una relación amistosa o fraternal, sentimos la necesidad, no, perdón, la obligación de entender esa nueva situación. ¿Porque ese tópico de darse un tiempo no puede aplicarse a cualquier clase de vínculo emocional? Quizá haya algún tipo de prejuicio establecido por el que sólo podamos controlar nuestra vida amorosa pero no nuestra compañía habitual.
La sociedad, y ya no hablando en general, sino la sociedad particular de cada uno, la gente más cercana, comprende los conflictos y enfados amorosos de un modo directo, sin embargo, cuando se encuentra ante una decepción distinta a esta, parece que no hay lugar a un corte radical. No se si me explico bien, parece que siempre puede haber un motivo para un final con una pareja, estable o no, pero no para una amistad. No así tan de repente.
Es extraño porque, el amor es algo la mayor parte de las veces efímero, y en cambio, el sentimiento de la amistad comparte y conoce más. Y, por lo tanto, tiene el poder de generar mucho más daño. E increíblemente, es mucho mas esperable el sufrimiento por una relación sentimental. Y mucho mejor visto el dolor por ella.
Somos capaces de apartar de nuestra vida de un día para otro a alguien a quien supuestamente amamos por encima de todo, pero no consideramos que con quien compartimos rutina y confidencias pueda dar una razón para dejar de hacerlo. ¿No son ambas personas capaces de fallar del mismo modo aunque la relación sea distinta?
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