viernes, 25 de febrero de 2011
Inciso
Durante el último año he descubierto muchas cosas. Que se puede cambiar, que no se puede ser quien se quiere ser pero si se puede querer lo que uno es. Que las apariencias engañan, que los rolles sociales están en su mayoría equivocados, que la gente se introduce en colectivos para buscarse a si mismos. Me he dado cuenta de que al conocerme siempre me asocian una misma personalidad, y que el noventa por ciento de las veces van por mal camino. He descubierto también muy recientemente que algunos me tratan como a una niña y no tienen la más mínima empatía. He descubierto también que las relaciones con las personas cambian, que evolucionan, que los sentimientos desaparecen, se transforman. He descubierto que uno no puede escapar de su propia esencia, que el subconsciente me perseguirá a donde vaya, y que debo preferir entenderme a mi misma a que los demás me entiendan. He descubierto que se puede querer de muchas formas y hablar de tantas otras. Que ya no estoy enamorada, y que por eso se que lo estuve. Que el mundo es igual a los 15 que a los 20 que a los 30, sólo que a medida que pasa el tiempo hay mas palabras enterradas y las personas aprenden a actuar. He aprendido a respetar la intimidad ajena, y me he descubierto a mi misma inspirando confianza.
martes, 22 de febrero de 2011
Trece
Recuerdo perfectamente clavar mis ojos en los suyos, como un mar embravecido que se contrastaba con el apetecible océano del verano. Miradas eternas que con cualquier otro hubieran resultado o bien incómodas o bien obscenas. Mi mente compara ese azul tan conocido con otros colores más de tierra, más de musgo; y, más rápida que cualquier salto entre fotogramas, pasa a dibujar un momento que no sabe si existió o sólo imaginó, un cruce de miradas infinitamente más tímido y unos labios que se entreabren haciendo lo que se espera de ellos, produciendo un beso ávido y que bien podría ser en technicolor, generando un momento de falsa intimidad y deseo que se esconde tras las puertas de lo que pienso que sería la decencia o lo correcto.
Las dos escenas, cortas y no se sabe si carentes de significado o no, se contraponen, y los cuentos y las películas y los libros que sólo hablan de amor, verdadero y excepcional, sin repetición, le vienen a la mente. Intenta descifrar la verdad, el significado de ambos momentos verdaderamente intensos, más que cualquier otra cosa que hayan podido ser, clavándose las uñas, pasando noches de insomnio intentando buscar bajo las sombras de la noche, momento en que ambas ocurrieron, la razón, los sentimientos, sin darse cuenta del anhelo de amor que corre por sus venas, o eso piensa ella, y sin embargo ella no quiere querer, solo quiere que la quieran. Quiere morir sobre un pedestal construido por otro, y no sabe si le importa de donde procedan sus ojos, no sabe si quiera si le importa sentir el peso de su cuerpo sobre el suyo, si necesita acariciar en compañía las sábanas de una vida colmada de entrecruces intensos de miradas, de escenas de películas rodadas mil veces con protagonistas suicidas.
La ventana lleva abierta todo el día, y el aire sigue igual que por la mañana. No hay metáforas, no hay significados ocultos, se dice. Sólo hay instantes memorables, sólo hay personas importantes. Ella, que solía caminar enamorada, que solía emocionarse más que nadie por una sonrisa infantil, por un comentario de adolescente hormonado. Ella, que acabo por pensar que estaba loca, y lo agradecía a cualquiera que pudiera estar mirándola, daba gracias por conocer lo que su ingenuidad le hacía creer que nadie más había vivido. Ella, que se contradecía cada día que creía que nunca más volvería a sentir el éxtasis de la adoración.
Ella seguirá recordando aquel momento de mares mezclándose, de palabras repetidas, de situaciones olvidadas en las que ya sólo queda lo bueno. Y lo seguirá haciendo porque aunque ya no haya devoción ni mutua ni personal, siempre rememorará esa sensación que muchos todavía no han vivido, quizá para su fortuna, y la comparará con cada pedazo de futuro hasta que se odie tanto por hacerlo que acabe con su propio aliento.
Las dos escenas, cortas y no se sabe si carentes de significado o no, se contraponen, y los cuentos y las películas y los libros que sólo hablan de amor, verdadero y excepcional, sin repetición, le vienen a la mente. Intenta descifrar la verdad, el significado de ambos momentos verdaderamente intensos, más que cualquier otra cosa que hayan podido ser, clavándose las uñas, pasando noches de insomnio intentando buscar bajo las sombras de la noche, momento en que ambas ocurrieron, la razón, los sentimientos, sin darse cuenta del anhelo de amor que corre por sus venas, o eso piensa ella, y sin embargo ella no quiere querer, solo quiere que la quieran. Quiere morir sobre un pedestal construido por otro, y no sabe si le importa de donde procedan sus ojos, no sabe si quiera si le importa sentir el peso de su cuerpo sobre el suyo, si necesita acariciar en compañía las sábanas de una vida colmada de entrecruces intensos de miradas, de escenas de películas rodadas mil veces con protagonistas suicidas.
La ventana lleva abierta todo el día, y el aire sigue igual que por la mañana. No hay metáforas, no hay significados ocultos, se dice. Sólo hay instantes memorables, sólo hay personas importantes. Ella, que solía caminar enamorada, que solía emocionarse más que nadie por una sonrisa infantil, por un comentario de adolescente hormonado. Ella, que acabo por pensar que estaba loca, y lo agradecía a cualquiera que pudiera estar mirándola, daba gracias por conocer lo que su ingenuidad le hacía creer que nadie más había vivido. Ella, que se contradecía cada día que creía que nunca más volvería a sentir el éxtasis de la adoración.
Ella seguirá recordando aquel momento de mares mezclándose, de palabras repetidas, de situaciones olvidadas en las que ya sólo queda lo bueno. Y lo seguirá haciendo porque aunque ya no haya devoción ni mutua ni personal, siempre rememorará esa sensación que muchos todavía no han vivido, quizá para su fortuna, y la comparará con cada pedazo de futuro hasta que se odie tanto por hacerlo que acabe con su propio aliento.
viernes, 18 de febrero de 2011
Azul
Y allí estaba yo, pensando en la ironía de la situación, y en como cuantos nos torcíamos y retorcíamos entre nosotros; nos pisoteábamos y enfadábamos, reprochándonos sandeces. Pero aunque fuese verdad, no me importó. No me importó nada. Me di cuenta, por primera vez creo, de lo divertida que podía ser la vida. Siempre y cuando yo quisiera que lo fuera. Y seguí bailando.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Transmisión
El septiembre pasado, cuando llegué a la residencia donde vivo por segundo año consecutivo, traje, entre maletas gigantes, bolsas a rebosar y cajas colmadas de cosas inútiles, una serie de fotografías para colocar en la pared, por eso de no salirme de los tópicos de las habitaciones universitarias. No obstante, nunca llegué a ponerlas; no por nada en especial, simplemente lo fui dejando para otro día, como se suele hacer muchas veces. Hoy me he acordado de ellas, y en un impulso nostálgico me he puesto a mirarlas. Cronológicamente, las primeras son pequeñas y viejas, y aparece una pareja que, mirándolos con detalle, se parecen bastante a mi. Sonríen algo tímidos pero cómplices a la vez, aunque lo más curioso es la naturalidad que presentan. Avanzando supongo que unos veinte años adelante, aparece una niña rubia también sonriente, pero ya de un modo más forzado, aún así todavía es una sonrisa real de felicidad de dientes de leche, junto a otros rostros más adolescentes en los que ya me veo claramente. Por último, la otra fase de fotografías son mucho mas recientes, tendrán dos o tres años, algunas están empapadas de alcohol, otras reflejan algunos supuestos eventos importantes, y la minoría buenas amistades, donde salen quienes ya no puedo ver tanto como me gustaría.
Describo todo esto, porque hay un factor que me sorprende. Hace unas cuantas décadas, la mayoría de las fotos, exceptuando a un limitado grupo de artistas de la fotografía en los que no pienso entrar ahora -tampoco tengo unos grandes conocimientos al respecto francamente- se hacían mirando directamente al objetivo, con una pose clara y evidente de foto de familia. Y, sin embargo, mis padres en esas olvidadas fotos, a pesar de salir haciendo exactamente eso, parece que me están mirando a mi en vez de a la cámara. Hay mucha mas expresividad en ellos, de la que hay en las últimas fotos mías hechas espontáneamente, donde sale muchas veces gente que supuestamente no repara en que la están fotografiando. Y en mi yo de niña, quizás porque era justamente eso, parece que le digo a alguien lo contenta que estoy de que este en frente de mi en vez de mirar simplemente a la cámara.
Describo todo esto, porque hay un factor que me sorprende. Hace unas cuantas décadas, la mayoría de las fotos, exceptuando a un limitado grupo de artistas de la fotografía en los que no pienso entrar ahora -tampoco tengo unos grandes conocimientos al respecto francamente- se hacían mirando directamente al objetivo, con una pose clara y evidente de foto de familia. Y, sin embargo, mis padres en esas olvidadas fotos, a pesar de salir haciendo exactamente eso, parece que me están mirando a mi en vez de a la cámara. Hay mucha mas expresividad en ellos, de la que hay en las últimas fotos mías hechas espontáneamente, donde sale muchas veces gente que supuestamente no repara en que la están fotografiando. Y en mi yo de niña, quizás porque era justamente eso, parece que le digo a alguien lo contenta que estoy de que este en frente de mi en vez de mirar simplemente a la cámara.
lunes, 14 de febrero de 2011
Clac
He eliminado mi anterior entrada. No debería haberlo hecho, pero quería hacerlo. No, no se porque.
miércoles, 9 de febrero de 2011
No puedo decir que fuese de repente, no es como si me levantase un buen día y me diera cuenta, como si la luz hubiese llegado a mi sobrenaturalmente iluminándome en la clara y evidente verdad. Ya sé que solíamos irnos a la vez, abrir la puerta y salir siempre a la misma hora, pero nunca supe si era pura casualidad o a propósito, que mas da, era realmente una tontería.
Dentro de años quizá no tengamos nada de que hablar, no sé, recapacitaremos un poco que si va a llover y eso, o que al final cuantas te quedan para acabar la carrera, o que bien que estés saliendo con no se quien. ¿Y con quién vives ahora? Ah, estás trabajando, pues que bien, que bien, porque tal y como está la cosa... La verdad no lo imagino así porque es un poco deprimente, pero es lo que suele ocurrir, ¿no? No lo sé.
Hoy me dijeron que el futuro era mio, bueno, no mio individualmente, yo estaba en clase, dentro de un colectivo. El futuro, mio. Creo que no lo quiero, no quiero algo que no voy a conseguir nunca. El futuro como concepto está lleno de esas cosas (mira para arriba, para el párrafo de antes), a ver, el futuro... el futuro implica un pasado; y ahora después de decir eso pondría un emoticono chungo, de estos que se escriben con dos puntos y una ese.
A ver, ¿qué pasó? Si esto fuera cronológico, si estuviera escrito en su momento, o también, sino tuviera tanto terror a equivocarme, preguntaría, ¿qué está pasando? Y la respuesta te la digo yo antes de que contestes, nada. Y es verdad y yo estoy de acuerdo. No, miento, nada es lo que va a pasar, era evidente que la locura se extiende hasta ciertos límites, que yo por aquel entonces no conocía del todo bien. Hacer aquello, ¿esto?, estaba bien, pero la respuesta no es ninguna tontería. Las frasecillas pseudoelocuentes tenían su gracia, admitámoslo, y lo de ponesrse caras, ¡bueno! eso siempre lo he hecho yo, así que tampoco pasa nada. Hey, no pasa nada, no pasará nada, está bien.
Ah, y con eso el futuro y tal, no me preocupo mucho. El día que me pongan el futuro ahí delante, cuando me lo dejen en la puerta, me enfrentaré a él. Pero ya puedo esperar mucho mucho tiempo.
(la cancioncilla de denver es cosa del ya olvidado por su creadora ombligoscaleidoscopicos.blogspot.com)
(la cancioncilla de denver es cosa del ya olvidado por su creadora ombligoscaleidoscopicos.blogspot.com)
lunes, 7 de febrero de 2011
Igual no son tantos
Miles, miles, miles, miles, miles, miles de millones, millones, millones, millones, millones, millones, muchos millones, muchísimos, muchísimos, muchísimos, muchísimos, muchísimos, muchísimos incontables, incontables, incontables, incontables, incontables, incontables, incontables infinitos, infinitos, infinitos, infinitos, infinitos.
Miles de millones, muchos millones incontables infinitos impulsos espontáneos sin pensar en las consecuencias. Que geniales esos que si que las piensan.
Miles de millones, muchos millones incontables infinitos impulsos espontáneos sin pensar en las consecuencias. Que geniales esos que si que las piensan.
viernes, 4 de febrero de 2011
No tiene etiquetas
Es ese momento de despertarse y estar en un limbo, rodeado de plumas y cojines. Y como hace el mar en invierno, se rompe la gigantesca ola. Y naces otra vez, pero con recuerdos; lo que ocurrió, lo que ocurre. Es justo ese momento. El deseo irrefrenable de que vuelva a caer la noche, y te nuble de nuevo la visión y mezcle sutilmente el olvido, la ignorancia, con las sábanas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las
estrellas del sur?
Ah déjame recordarte como eras entonces, cuando aún
no existías.
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces somríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.
Gracias, Neruda.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las
estrellas del sur?
Ah déjame recordarte como eras entonces, cuando aún
no existías.
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces somríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.
Gracias, Neruda.
martes, 1 de febrero de 2011
Abstración
Piensa en el medio, término medio. Podría mencionar a Aristóteles y su justo medio (sin pretenciosidad, lo poco que recuerdo de hace un par de años), pero no es de eso de lo que se trata. No quiero hablar de extremos, sino de mitades, como hablar de la etapa media de un siglo, o de la vida mismamente- no he llegado todavía a esa época y no voy a pecar de hablar de lo que no conozco-. Pero lo que si sé, es que los días, los diálogos, las ciudades, el movimiento está lleno de medios, como de incisos recurrentes en los que sigue corriendo el tiempo. Y así pasa, ¿cuánto recuerdas de ayer? ¿Del año pasado? Me angustia todo lo que he perdido en esos momentos, y paso al lado de ellos sin darme cuenta de que se escapan, como se aleja la gente cuando la dejas irse. No entiendo la prisa, y sin embargo, hace crecer mi angustia, porque es inevitable. Es inevitable que haya momentos rápidos y episodios que no recuerdo, ¿y si dentro de ochenta años, con mucha suerte, caigo en la cuenta de que la mitad de mis días, incluso dos tercios de ellos los he pasado mirando al vacío?
Me he quedado completamente en blanco pensándolo. Tenía la intención de escribir algo, sí, de dar una explicación de todo esto con la que salir airosamente, pero ahora ya no recuerdo nada de lo que iba a escribir. Cuando antes he dicho que todo está lleno de medios, sólo me he dado cuenta de que no puedo hacer nada al respecto. Y ahora han timbrado a mi puerta y he perdido totalmente el hilo de esta entrada. Y tengo que dejarlo así, lo siento.
Me he quedado completamente en blanco pensándolo. Tenía la intención de escribir algo, sí, de dar una explicación de todo esto con la que salir airosamente, pero ahora ya no recuerdo nada de lo que iba a escribir. Cuando antes he dicho que todo está lleno de medios, sólo me he dado cuenta de que no puedo hacer nada al respecto. Y ahora han timbrado a mi puerta y he perdido totalmente el hilo de esta entrada. Y tengo que dejarlo así, lo siento.
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