miércoles, 16 de febrero de 2011

Transmisión

El septiembre pasado, cuando llegué a la residencia donde vivo por segundo año consecutivo, traje, entre maletas gigantes, bolsas a rebosar y cajas colmadas de cosas inútiles, una serie de fotografías para colocar en la pared, por eso de no salirme de los tópicos de las habitaciones universitarias. No obstante, nunca llegué a ponerlas; no por nada en especial, simplemente lo fui dejando para otro día, como se suele hacer muchas veces. Hoy me he acordado de ellas, y en un impulso nostálgico me he puesto a mirarlas. Cronológicamente, las primeras son pequeñas y viejas, y aparece una pareja que, mirándolos con detalle, se parecen bastante a mi. Sonríen algo tímidos pero cómplices a la vez, aunque lo más curioso es la naturalidad que presentan. Avanzando supongo que unos veinte años adelante, aparece una niña rubia también sonriente, pero ya de un modo más forzado, aún así todavía es una sonrisa real de felicidad de dientes de leche, junto a otros rostros más adolescentes en los que ya me veo claramente. Por último, la otra fase de fotografías son mucho mas recientes, tendrán dos o tres años, algunas están empapadas de alcohol, otras reflejan algunos supuestos eventos importantes, y la minoría buenas amistades, donde salen quienes ya no puedo ver tanto como me gustaría.
Describo todo esto, porque hay un factor que me sorprende. Hace unas cuantas décadas, la mayoría de las fotos,  exceptuando a un limitado grupo de artistas de la fotografía en los que no pienso entrar ahora -tampoco tengo unos grandes conocimientos al respecto francamente- se hacían mirando directamente al objetivo, con una pose clara y evidente de foto de familia. Y, sin embargo, mis padres en esas olvidadas fotos, a pesar de salir haciendo exactamente eso, parece que me están mirando a mi en vez de a la cámara. Hay mucha mas expresividad en ellos, de la que hay en las últimas fotos mías hechas espontáneamente, donde sale muchas veces gente que supuestamente no repara en que la están fotografiando. Y en mi yo de niña, quizás porque era justamente eso, parece que le digo a alguien lo contenta que estoy de que este en frente de mi en vez de mirar simplemente a la cámara.

No hay comentarios:

Publicar un comentario