El sol de septiembre ya casi no calienta, pero aún así, sobre las siete de la tarde, hace de mi habitación un horno, porque da al oeste, y tengo que bajar los estores sino quiero ver la dependencia reflejada en la pantalla, y sino quiero también acabar asada. El calor torna un poco el panorama hacia la ansiedad de tarde de domingo, porque por muchas chaquetas que uno se quite parece que no hace mas que amontonarlas encima de la silla, hasta crear una montaña que el lunes, día por antonomasia de limpieza general, haya que ordenar.
Este bochorno incandescente, valga la redundancia, provoca un nerviosismo enervante que acaba derritiendo el tiempo, como si de la cera de una vela se tratase, en forma de preocupaciones de teleserie americana de hora de la siesta castellana. Curiosamente, lo comparo con el préstamo de un botón, porque, ¿quién pide un botón? Y, sobretodo, ¿quién se niega a prestarlo? Roza el absurdo esta cavilación, lo sé. Pero también son un despropósito otros muchos comportamientos habituales, y suceden, uno tras otro, año tras año.
Roza el absurdo negar lo que uno es evidente que es, o negar lo que uno evidentemente piensa, o actuar en contra de ello. Conozco a quien se aferra a algo o mas bien a alguien creyendo que la compañía da valía a sí mismo, para controlar sus emociones en una inversión segura, sin agitación, ni derroche, ni atropellamiento, ni nada. Y, todavía peor, a quien se encierra en una cáscara de maldad, indiferencia y despreocupación, subarrendando al orgullo toda su existencia, falseándose a sí mismo y arrastrando al resto a sus tópicas y rutinarias mentiras. Y, espera, porque existe el otro extremo, quien se tira por el precipicio, sin protección, ni reflexión, ni autocontrol, ni amor propio, mientras deja desquebrajarse a su propio cuerpo, mientras deja que lo inunde la demencia y la paranoia.
Acabo de hacer tres juicios tajantes e inamovibles, pero sin traición, porque de tanto calor ya no soy capaz de esconderlos. Porque de tanto encubrimiento me han dado ganas de pronunciarme. Es un texto autobiográfico.
(También sé que a mi aún me falta pedir perdón.)
No hay comentarios:
Publicar un comentario