sábado, 18 de junio de 2011
Escena
Estamos en un bar y yo me fumo un cigarro, y no sé porque empiezo a hablar de esto. Te cuento como fue y que por primera vez la gente se alegraba por mi, de verdad, y por él también, y por los dos en general. Pongo cara de hablar de un tema trascendental, como de activista implicada. Tú miras con cara de poner toda tu atención, y yo te sigo diciendo que me sorprendió tanta aceptación y tanta alegría. Me parece curioso y me encantó que ellos se interesaran, que lo supieran incluso antes que yo, que todo fuera tan rápido pero lógico a la vez. Que estas cosas siempre van a toda hostia, pienso yo, porque sino directamente no pasan y ya está. En medio de la conversación pierdes interés, porque te importa un pepino, y ese es el punto. Que era lo que yo esperaba, que a nadie le importase una mierda, pero resulto que sí, que se preocupaban, que lo veían bien, y que su aprobación no parecía importante, pero que lo es, y que me gusta que este ahí. Y me acabo el pitillo y entonces pierdo inspiración, y cambiamos de tema y no te pregunto por lo tuyo porque tampoco me acuerdo, ni te apetece contármelo ni me apetece que me lo cuentes. Y es que yo hablo mucho y cuento demasiadas cosas.
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Intoxicada Irisarri? fumate los pitillos que haga falta si te devuelven la inspiracion y sobretodo,las ganas.
ResponderEliminarEs ficción, o por lo menos eso intento, jajaja.
ResponderEliminar¡Y últimamente fumo demasiado!