miércoles, 29 de junio de 2011

Escena II

Estábamos en aquella cena, de Navidad creo que era. Yo hablaba con tu madre sobre el pavo, algo sobre el relleno y las especias picantes, y el poco uso que le daba ella a la pimienta. Tú hablabas con tu hermano sobre hockey, como no; no sabías hablar de otra cosa cuando no sabías de que hablar. Que si el equipo había fichado a no se que niñato con suerte y un poco de talento, y que está temporada remontábais, ya verás, que el chaval era un crack. Tú madre seguía dándole a la lengua con que cuando pensábamos ampliar la familia, yo respondía la muletilla de siempre, la de la carrera y el montón de papeles que ojalá se acumulasen sobre mi mesa.
Y apagué una de esas odiosas velas rojas con olor a capítulo especial de Navidad con un suspiro, y ni siquiera me preguntaba todavía que coño estaba haciendo ahí, no, espera, como había acabado allí después de tanta pasión y tanto llanto, con todo lo que creía sobre lo que nunca llegamos a ser nosotros. Pero no te preocupes, cariño, lo arreglaremos. El año que viene vendré con dos orfidales de serie, y seguro que no me parece todo tan anodino, ni tu madre tan banal, ni tu tan simple, ni yo tan conformista.

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