miércoles, 8 de junio de 2011

Dieciséis.

Nunca he aprendido bien de nada, sino no me vería en el mismo escenario una y otra vez. He buscado sustitutos creyendo que las cosas se enlazaban, sin creer en la independencia. Já. Escuchaba a Iván Ferreiro a los quince años y quizá si no lo hubiera hecho no fumaría ahora mismo; aunque bien es cierto que tengo poco autocontrol. 
Había poca luz y la noche evocaba ciertas sensaciones del pasado, ciertas caras conocidas, míticas, cierto regusto a cosa prohibida, cierto remordimiento en el aire. El sonido del debate político bajo luces tenues de linterna se mezclaba con el ruido de los pasos con zapatos caros contra las losas de piedra. No recuerda si la luna estaba o no, hacía un poco de frío y la ciudad le infundía un respeto antiguo, infantil. El resto es historia.
No pienso hacerlo.
Y afortunadamente no lo hizo.
Después los personajes se mezclaron con envidia, como una jauría contra otra, los enfrentamientos se volvieron internos, todo formo un revoltijo animal y dantesco, como una metamorfosis múltiple a pequeña escala. Y no tenía que ver con lo anterior. Acontecimientos inconexos que diferían en alma y belleza, y sin embargo, se obligaba, se imponía sin rigor encontrar una relación intrínseca entre todos los cordeles del ovillo, enredándolos y desenrándolos una y otra vez. ¿Por qué no separaría los colores? De tanto apretar la mezcla la había comprimido y no era quien de entender que todo había sido autónomo en su momento.
Nada sustituye a nada fuera de su campo, cada cosa tiene su lugar. Puedes conservarlas, si quieres. No tienes que olvidarlas, y forman parte, hasta si quieres puedes mirar atrás. Pero no necesitan sustituirse, no pueden reemplazarse. Quizá sí relevarse, sí, eso está bien (sustituir y relevar son sinónimos de diccionario). 
Y así cada uno tenía su sitio, pero a veces los lugares ceden, y se tornan arenosos. Y otras muchas veces las personas se volvían insoportables, la confianza se deshacía en retales y a lo predilecto se le caía el manto de película de Coppola. Pero eso sólo ocurría a veces, cuando la masa de todo tan junto y rejunto y ligado y cohesionado pesaba demasiado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario