domingo, 19 de diciembre de 2010
Once.
Se levantó con lágrimas en los ojos, y no sabía si era por aquel sueño o es que hacia mucho que no lloraba. Después recordó entre que pensamientos se durmió, y volvió a hacerlo, porque no merecía la pena el dolor "físico" consecuencia de la noche anterior y tenía demasiado miedo de levantarse. Un vez más, dejaba bailar a su cabeza a diestro y siniestro y se le llenaba el alma de oscuridad poco a poco, sin que ella lo notara hasta el final, cuando solo quedaba obsesión y tristeza. ¡Maldito sentimiento de culpabilidad! Encendía cosas que expulsaban luz y sonido, y sin embargo, por mucho que subiera el volumen no escuchaba nada, y era una mierda porque necesitaba escuchar algo. Encontraba consuelo en ser tajante y pragmática, como si todo fuera matemático y hubiera una puta incógnita que tarde o temprano se resolvería. Pero ahí no había nada que despejar, en realidad la que se estaba ocultando era ella; como si el resto no pudieran verla solo porque ella no quisiera. Y se le había agotado la paciencia.
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