No soy un puñetero ideal, ni estoy por encima del bien y del mal, no soy un eterno consuelo, y no siempre te sorprendo. No tengo un pasado enrevesado, ni una lista de batallas jugadas, ni siquiera perdidas. No se me concedió el don de la telepatía, no oigo mas que el sonido del mar desde mi cama, y no advierto si gritas. Nadie se gira por la calle al verme pasar, no me he topado con la perfección jamás, y bajo ninguna pena lograrás hacerme buscarla. No he encontrado menos lógica en mi vida, y a ti te veo esperando que encaje algo irregular, pretendiendo que aguarde con el motor encendido, como si este fuese nuestro destino, como si querer fuese suficiente para querer. No creo en el futuro, y sin embargo mírame, ya sólo pienso en él, en lo que vendrá, cuando todo lo que debía ocurrir ya no ha sucedido. No entiendes lo que te digo, porque no tiene sentido ninguno, porque carece de base, porque no se levantan cimientos. Estoy cansada de guardar borradores, de las palabras sin alma, del tiempo que se acaba y de autoconstruir la distancia.
Parece que ahora ya todo es una cuestión de orgullo.
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