Ayer me pasó algo curioso volviendo de sufrir el clima ourensano. Compré el billete de autobús, indicaba como suele suceder, un número de asiento asginado. Y, como es normal, al subir al vehículo en cuestión, busqué la dichosa plaza, pero los números no aparecían por ningún lado. Pensé que no sería entonces tan importante, y al no ver a nadie pendiente de lo mismo, me senté donde me dio la gana. Minutos después vi unas pequeñas placas con diminutas cifras debajo del portaequipajes, si es que se llama así. Fijándome bien, me di cuenta de que cada viajero se cercioraba de estar en su sitio. Hice lo mismo y, por casualidades de la vida, me di cuenta de que el número treinta y tres que indicaba mi billete era el mismo que el del asiento donde estaba sentada. Por alguna tonta coincidencia, había elegido exactamente el lugar correcto. Supongo que no significa nada, y la verdad es que no es la primera vez que me pasa algo así. Pero me hizo pensar, y en el momento me sacó una sonrisa.
¿A dónde quiero llegar con esto? La verdad es que a nada en concreto, pero ya que tenía hora y media de trayecto por delante la historieta fue causa de reflexión. Me pregunté cuantas cosas en esta vida eran cuestión de pura suerte, cuantas cosas sucedían por casualidad. Si unos vamos a ser mas desgraciados que otros porque sí; si unos caerán fácilmente en el lugar que ha sido elegido para ellos y otros tendrán que buscarlo, y equivocarse y levantarse un par de veces, e incluso caerse. O quizás no haya asiento para todos. Puede que unos vayan a ser mas felices, o mas afortunados, o mas ingenuos, o mas espabilados, o, que se yo, mas autodidactas, por decir algo. En realidad no se bien que saque de esa anécdota, si es que llegué a algo. Lo que si se, es que me gustó aquel momento. Fue interesante.
a mi me pasó algo similar.. peor no me acuerdo en donde:S no hace falta tener suerte para ser feliz, no es feliz quien más tiene..
ResponderEliminarNo seas ikeense ("no es mas rico el qu mas tiene sino el que menos necesita")
ResponderEliminarhay que manejar tu propia suerte