martes, 31 de agosto de 2010

Quebraderos

Ayer me puse a reflexionar sobre la fidelidad. Acto seguido, me dispuse a escribir sobre ella. Me pregunté hasta que punto era posible, y si depende de uno mismo, o es mas bien una consecuencia de lo que uno siente, o de la situación en la que se encuentra. Hasta ahí llegué, después me estanqué. No supe seguir, quizá porque no soy la más experta en el tema. Así que pregunté. Pedí opiniones, y la verdad es que me encontré cosas muy típicas pero seguras, como que la fidelidad es importante, posible, aunque sin embargo la confianza es más importante, que es lo que se espera en una relación; entre otras cosas. Pero más allá de ahí, nadie supo definirla. Yo tampoco sé. Es decir, todos tenemos bastante claro lo que supone la fidelidad, pero, ¿de qué estamos hablando? ¿De un sentimiento? Creo que no. ¿De una... disposición? Vaya lío. Así que nada, como no soy muy de poner etiquetas, lo dejo en el aire.
Hubo una respuesta que me sorprendió, y es que al parecer en algún caso la fidelidad transmitía directamente a su contrario. El tener que ser fiel induce a ser infiel. Por lo que supongo que la fidelidad lleva a una sensación de pánico, y sobretodo, de atadura, de falta de libertad. Es una sensación poco agrdable esa, y estoy segura de que cuando se comienza una relación uno no busca precisamente sensaciones desagradabales. Eso me lleva a otra frase sentenciosa que encontre en otra respuesta: felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace. Y, a pesar de que suena un poco a estado de Tuenti/Facebook si su hablante me permite la crítica, coincide exactamente con lo que yo pienso sobre el tema. Y es que uno es fiel cuando quiere serlo (cosa que también me dijeron), y es ahí cuando debe de empezar la relación. También me aludieron a la infidelidad, diciendo que podía perdonarse cuando no era algo grave, algo que no implicaba más que un desliz de una noche, y no sugería algo mas profundo como el comienzo de una relación paralela.
Así pues, y agradeciendo la colaboración, llegué a un par de conlusiones. Por una parte, confirmé algo que ya pensaba, que no somos fieles por naturaleza, sino que lo que nos lleva a serlo es lo que sentimos, sea amor, amistad, etc. Es que no traicionamos porque no queremos traicionar, nos basta con lo que tenemos y no necesitamos salir en busca de más. Es posible que la fidelidad sea incluso mas egoísta que lo desintersada o altruísta que normalmente se considera. Y, por otro lado, quizá sea la causa de las relaciones y las ataduras, no la que las suponga. Pues uno comienza una relación monógama cuando de verdad quiere dedicar sus atenciones a una sola persona. Cuando el resto deja de tener interés.
No me quedo convencida, para nada. Seguiré dándole vueltas al tema, aunque ya he dicho que no soy la más experta en estabilidad, sino todo lo contrario.

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