martes, 3 de mayo de 2011

Raro

Paro, paro uno segundo de escribir frasecillas cursilonas, escenitas de cigarrillo y nublado, comeduras de cabeza de sábado por la noche sin plan. Paro porque estrepitosamente he caído en un sinsentido que tiene mucho sentido porque lo escribo yo pero en realidad no tiene ninguno. Y me entendéis perfectamente, así que no pongáis caras raras. Me gusta lo que hago, pero de vez en cuando aclaro que lo entiendo. Es algo que está bien. Los recursos literarios, francamente, los odiaba en el colegio, y soy consciente del uso que les doi de vez en cuando, pero es que ya he entrado en la espiral esa de que ya uno no sabe si escribe natural o en pleno barroco, o si hace una mezcla ecléctica que ya no se si decirte que es mucho peor. Las palabras las vomita ese tema que dicen por ahí mueve el mundo y a la gente y a los perros y a los ecologistas, digo, en su mayoría, porque leyendo y releyendo entradas desde agosto, una cae en que mas o menos habla siempre de lo mismo, y vaya marrón. Yo ya no sé si habrá alguien original por ahí, lo que si sé es que hay quien se cree original, pero, oye, lee por ahí atrás y algo me creeré yo.
De pequeños escribíamos muchos, coge algún cuaderno viejo y algo encontrarás sino lo recuerdas; y a veces te ríes, pero luego encuentras algo hecho con un poco de cabeza y dices, joder, menuda idiota era. Y la verdad es que esa sensación me resulta un tanto desagradable. Y es por eso que escribo esta entrada a modo de inciso, o de paréntesis, chámalle x -que diría mi amiga Elena-, para que no me pase lo mismo en unos diez años, que seguramente me pasará.

No hay comentarios:

Publicar un comentario